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Demuestran que un organismo sin sistema nervioso es capaz de aprender

Miércoles 04 de Mayo, 2016
Investigadores de la Universidad de Toulousse III-Paul Sabatier han conseguido demostrar que un organismo unicelular es capaz aprender. El descubrimiento arroja luz sobre los orígenes de la capacidad de aprendizaje durante la evolución, incluso antes de la aparición de un sistema nervioso y el cerebro.
E Physarum polycephalum es capaz de un tipo de aprendizaje llamado habituación.

El aprendizaje y la memoria son elementos clave en el mundo animal. Aprender de las experiencias y la adaptación del comportamiento en consecuencia resulta vital para un animal que vive en un entorno fluctuante y potencialmente peligroso.

Hasta ahora, esta facultad se consideraba que era una prerrogativa de los organismos dotados de un cerebro o de un sistema nervioso. Sin embargo, según informa el CNRS francés (Centro Nacional de Investigación Científica), los organismos unicelulares también tienen que adaptarse al cambio. ¿Exhiben una capacidad de aprender?

Las bacterias sin duda muestran la capacidad de adaptación, pero le lleva varias generaciones desarrollarla y es más un resultado de la evolución.

Un equipo de biólogos trató de encontrar pruebas de que un organismo unicelular puede aprender. Eligieron estudiar el moho del lodo, una célula gigante que habita áreas de sombra frescas y que ha demostrado estar dotado de unas habilidades sorprendentes, tales como la resolución de un laberinto, evitando las trampas u optimizar su nutrición. Pero hasta ahora se sabía muy poco acerca de su capacidad para aprender.

Durante un experimento de nueve días, los científicos desafiaron a diferentes grupos de este moho con sustancias amargas pero inofensivas que tenían que atravesar para llegar a una fuente de alimento. Dos grupos fueron guiados por un "puente" impregnado con quinina, o con cafeína, mientras que el grupo control sólo tenía que cruzar un puente no impregnado. Inicialmente reacio a viajar a través de las sustancias amargas, los mohos se dieron cuenta gradualmente de que eran inofensivos, y las cruzaron cada vez más rápidamente, comportándose después de seis días de la misma manera que el grupo de control.

La célula aprendió a no temer una sustancia inocua después de ser confrontada con ella en varias ocasiones, un fenómeno al que los científicos se refieren como la habituación. Después de dos días sin contacto con la sustancia amarga, el moho volvió a su comportamiento inicial de desconfianza.

Por otra parte, la célula habituada a la cafeína mostró un comportamiento desconfiado hacia la quinina, y viceversa. La habituación era, por tanto, claramente específica a una sustancia dada. Esta forma de aprendizaje rudimentaria existe en todos los animales, pero nunca había sido observado en un organismo no neuronal.

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