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La mente de los zombies

Viernes 17 de Noviembre, 2017
¿Qué es un zombie? A desentrañar los misterios que encierran estas criaturas se han consagrado algunos científicos modernos con resultados desconcertantes. Juanjo Sánchez-Oro

Los zombies están de moda, nadie puede negarlo. Han pasado de ser unas criaturas grotescas, propias de películas de terror de serie B, a protagonistas sofisticados en novelas, superproducciones y series de televisión de enorme éxito internacional. Ahora bien, en este caso, la ficción tiene un anclaje en la realidad que ha interesado a la ciencia desde hace décadas. El ecosistema natural y cultural del zombie está en Haití y hasta allí han acudido numerosos investigadores para saber cuánto había de verídico en estos seres capaces de vivir, o mejor dicho, mal vivir, después de muertos.

Entre los trabajos que trataron de encontrar con mayor tino un fundamento bioquímico a su existencia real destacan las contribuciones aportadas por el antropólogo Wade Davis. En su periplo por la isla caribeña, Davis habló con varios hechiceros que utilizaban un polvo blanco para zombificar a sus víctimas. A principios de los años ochenta del siglo pasado, recogió ocho muestras de esta sustancia en cuatro lugares diferentes del país y las llevó a analizar a la Universidad de Harvard. El resultado de estos análisis deparó que la mayoría de las muestras compartían unos ingredientes comunes  tales como toxinas segregadas por el sapo de caña y un irritante procedente de otro tipo de rana. Una de las muestras además contenía tetrodotoxina, una neurotoxina natural capaz de paralizar hasta la muerte a un individuo, pero que en dosis inferiores aletarga el metabolismo de la víctima. El su- jeto queda entonces paralizado en lo motriz, aunque conserva la conciencia dentro de un cuerpo que experimenta como una auténtica prisión bajo la que se siente cautivo.

No obstante, una investigación mucho menos conocida y más impactante fue publicada en la prestigiosa revista médica The Lancet. El profesor Roland Littlewood, del Departamento de Antropología y Psiquiatría en la University College de Londres y Chavannes Douyon, un médico de la Policlínica Médica en  la capital haitiana, Puerto Príncipe, estudiaron los casos de tres personas vivas identificadas popularmente como zombies. De hecho, cada una de ellas era considerada como un miembro  de la familia que había muerto y regresado después con sus parientes. Así, una mujer de 30 años a la que los investigadores apoda- ron FI para preservar su identidad, había muerto después de una corta enfermedad y fue enterrada junto a la vivienda. Tres años después la reconocieron sus familiares en estado zombie mientras paseaba cerca de la aldea. Otro sujeto, WD, murió a los 18 años al poco de que sus “ojos se volvieran amarillos” y su cuerpo “se hinchara”. Terminó enterrado en una tumba familiar, pero trascurridos ocho años fue identificado como un zombie durante la celebración de una pelea de gallos. Por último, MM era una joven que también murió a los 18 años tras una breve enfermedad. Pasaron 13 años, y se la vio caminar en el mercado de la ciudad de un modo vacilante y despistado.

El examen médico completo que efectuaron Littlewood y Douyon, incluyó el uso de electroencefalógrafo y tomografías computarizadas del cerebro, gracias a lo cual descubrieron que FI no mostraba ningún daño neurológico, pero fue diagnosticado con esquizofrenia catatónica, una forma muy rara de psicosis. WD sí que tenía  ciertos daños cerebrales, probablemente por alguna falta de oxígeno puntual, además de epilepsia, todo lo cual podía ponerse bajo tratamiento farmacológico para recuperar su estado normal de consciencia. Finalmente, MM padecía una discapacidad en el aprendizaje, tal vez causada por la excesiva ingesta de alcohol de la madre durante el embarazo.

No obstante, la sorpresa más reveladora aconteció al recibir los resultados de las pruebas de ADN y de huellas digitales a las que también fueron sometidos los tres presuntos zombies: ninguno de ellos resultaron ser los parientes muertos de las familias que los reconocieron como tales y con quienes convivían a diario.

Lo que evidenció este artículo de The Lancet era que en Haití determinados problemas de salud mental, ante la carencia de instituciones sanitarias adecuadas para atenderlos y tratarlos debidamente, se resolvía culturalmente como una forma de brujería para no dejar esos pacientes en la cuneta y darles una mínima atención e integración social, aunque fuera tomándolos por zombies.

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