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Robots que escriben novelas

Viernes 05 de Mayo, 2017
La inteligencia artificial ya es capaz de crear relatos de ficción. Ha nacido la literatura 2.0.
Juan José Sánchez-Oro

Afirma un antiquísimo proverbio hindú que “un libro abierto, es un cerebro que habla”. Pero si la obra en cuestión ha sido escrita por una computadora dotada de inteligencia artificial, entonces, ¿quién o qué nos habla?

Hitoshi Matsubara dirige un equipo de investigación cibernética en la Universidad japonesa del Futuro de Hakodate. Junto a sus colegas, diseñó un software especial, capaz de generar relatos literarios de manera espontánea. Basta definir una serie de parámetros iniciales como las líneas maestras de la trama argumental y el perfil de los personajes protagonistas. Una vez introducidos esos datos en el programa, la inteligencia artificial del robot imprime una novela cuya forma final depende exclusivamente de las “musas binarias” que inspiraron a la máquina.

Satisfechos del resultado obtenido, el equipo de Matsubara marchó con su manuscrito al certamen de Hoshi Shinichi. Un concurso literario que adopta el nombre de dicho autor de ciencia ficción y cuyas bases de participación, expresamente, admiten obras inéditas elaboradas por “cualquier no-humano, desde aliens hasta animales”, siempre que estén escritas en japonés.

En la convocatoria de 2016, concurrieron un total de 1.450 novelas, de las cuales 11 fueron redactadas, en todo o en parte, por robots. Naturalmente, los miembros del jurado desconocían a priori si detrás de esos trabajos hay una mano humana o cibernética.

Ellos se limitaron a leer y valorar los méritos literarios de las narraciones a concurso. La obra auspiciada por Matsubara no engaña a nadie, aunque su título perfectamente podría interpretarse como un guiño retórico. Lo bautizaron “El día que una computadora escribió una novela” y finalizaba con el siguiente pasaje: “Me retorcí de la alegría que experimenté por primera vez, y seguí escribiendo con entusiasmo. El día que una computadora escribe una novela. Dando prioridad a la búsqueda del placer propio, la máquina deja de trabajar para los humanos”.

Lo más sorprendente de esta experiencia es que la composición terminó finalista del certamen y cierto miembro del jurado explicó a la prensa que “estaba muy bien estructurada, aunque tenía algunos problemas con la descripción de personajes”.

Pero fueron incapaces de detectar su origen informático. No es la primera vez que algo así sucede. En 2008, la editorial rusa Astrel SPb publicó un libro titulado True Love. Consistía en una variación de la mítica Ana Karenina, aunque sometida a la creatividad de un programa informático expresamente concebido para tal fin: el PC Writer 2008. Ocho meses tardaron en crear este software e introducir en él las fichas básicas con el vocabulario, esbozo de la psicología de los personajes y su descripción física como materia prima para componer la narración. Mezclada la receta y dos intentos más tarde, el resultado les pareció convincente, así que True Love pasó las correspondientes correcciones y revisiones de estilo habituales en las autorías de carne y hueso. Superado todo lo cual, la novela salió al mercado.

Más que centrarse en la calidad literaria de esta obra, los críticos opinaron sobre el horizonte inquietante que se abría delante de sus ojos. Para el editor ruso, aquel experimento ofrecía la posibilidad de contar con nuevas herramientas para la creación literaria, igual que el Photoshop lo es para el arte de la fotografía. El autor nunca quedaría anulado. Sencillamente, habrá de ser contemplado y valorado bajo unos nuevos parámetros. Otros, en cambio, no lo tienen tan claro y ven en esta clase de inteligencia artificial una amenaza destructora del ingenio humano. Elon Musk, fundador de Paypal, apuesta por un desarrollo cibernético autónomo siempre bajo una supervisión ética y no perjudicial para el ser humano. De hecho, ha donado 10 millones para caminar por esa senda segura. No obstante, otra línea de reflexión hilaba más fino y se preguntaba qué podría saber un robot del True Love, “el amor verdadero”. ¿Seleccionaría las palabras adecuadas? ¿Nos daría lecciones al respecto? ¿Acaso un puñado de algoritmos pueden enamorarse? No parece una tarea fácil ni para los hombres ni para las máquinas. Al fin y al cabo, aseguraba Oscar Wilde que “el misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte” 

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