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El tumor del diablo

Lunes 16 de Octubre, 2017
El teratoma es una clase de tumor ovárico que podría estar detrás de muchos casos de posesión demoníaca.
Juan José Sánchez-Oro

Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Coimbra estaba analizando más de cuarenta cadáveres enterrados en el convento de Carmo en Lisboa cuando tropezaron con un insólito hallazgo. Entre los huesos de una mujer del siglo XV y a la altura de sus ovarios aparecieron los restos fosilizados de un tumor de casi cuatro centímetros y medio del que sobresalían cinco dientes. Cuatro de ellos correspondían a molares humanos y el quinto a un canino. Esta dentición no era ningún añadido ritual efectuado por una mano anónima, sino el producto natural de la propia excrecencia. Se trataba de un teratoma ovárico, un tipo de quiste o tumor que genera el aparato reproductor femenino a partir de las células germinales, las mismas que proceden de las células madre y son las responsables de la formación de los ovocitos en las mujeres.

Este tipo de células germinales contienen toda la información genética de un individuo y la transmiten al embrión.

Cuando se ven afectadas por un tumor, no forman un organismo completo, pero tienen datos biológicos suficientes para crear muchas de sus partes sin necesidad de embarazo. Así, los teratomas desarrollan sus propios fragmentos óseos, pelos, dientes e incluso masa encefálica. No extraña entonces que bautizaran a esta masa amorfa con un término griego que significa “tumor monstruoso” porque, en verdad, da la impresión de que asistimos al origen de una incipiente criatura deformada e incompleta. De hecho, el año 2003 se encontró el que ha sido calificado como “el teratoma mejor formado de la historia”. Un teratoma ovárico hallado en una joven japonesa de 25 años que contenía un cuerpo pequeño, como el de una muñeca, dotado de cerebro, cuatro extremidades, huesos, varios dientes e incluso pestañas. Los investigadores detallaron a la prensa que “un ojo se encuentra en la parte frontal de la cabeza, un nervio espinal dorsal estaba en los huesos de la columna y el intestino en el interior del tronco”.

A pesar de su desagradable apariencia y de nacer en una de las partes más delicadas de la fisiología femenina, los teratomas suelen ser benignos en su inmensa mayoría.

El organismo los detecta y combate hasta reducirlos a la nada. La paciente en muchas ocasiones ni advertirá que los ha tenido. Sin embargo, hay otros momentos donde estos quistes pueden cobrar un protagonismo inesperado. El neurooncólogo catalán Josep Dalmau, que ejerce su profesión en la Universidad de Pensilvania, advirtió una situación extrema en la cual el teratoma ovárico generaba unas complicaciones inesperadas y muy llamativas. Hemos visto que estos quistes desarrollan tejido embrionario muy variado dentro del cual pudiera incluir células neuronales. Cuando el sistema inmunológico descubre la extraña presencia de esta materia biológica, reacciona combatiéndola. Genera anticuerpos para destruir todas esas neuronas surgidas de la tumoración y la mayoría de las veces logra su propósito sin más. Pero en otras ocasiones, esos anticuerpos no restringen sus operaciones a los ovarios de la mujer.

Bajo ciertas circunstancias alcanzan el riego sanguíneo que llega a la cabeza de la paciente y una vez allí embisten contra las neuronas del cerebro. El resultado es lo que Dalmau denominó en 2007 una encefalitis autoinmune. En su hospital diagnosticó esta enfermedad a cuatro jóvenes que mostraron agudas crisis epilépticas mientras desarrollaban teratomas. Y es que la encefalitis autoinmune provoca un cambio radical en el comportamiento de las enfermas, llegando a protagonizar cuadros psicóticos muy alarmantes. En concreto, Dalmau describió que sus pacientes experimentaban agudos brotes de agresividad, conductas hipersexuales, un habla casi ininteligible y vacíos de memoria hasta el punto de olvidarse de quiénes eran. ¿A qué nos recuerda este cuadro de síntomas? A alguien poseído por el demonio. Según Dalmau, muchos de los casos considerados tradicionalmente como una posesión diabólica no tendrían como causa la presencia en las entrañas de una entidad infernal, sino de un teratoma ovárico. Bajo la apariencia de una enfermedad psiquiátrica, se estaría manifestando el ataque del propio cuerpo contra su cerebro. En concreto, contra el receptor NMDA, una molécula de vital importancia para la comunicación entre neuronas. Por supuesto, la solución para estos casos no es el exorcismo, basta una combinación de fármacos para acabar con los “despistados” anticuerpos.

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