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Miguel Pedrero: El mapa del más allá es muy diferente al que dicta la lógica

Martes 31 de Enero, 2017

Puede parecer que la existencia de Dios no tiene lugar dentro del ámbito científico, sin embargo son muchos los científicos de primer nivel que defienden la existencia de alguna clase de energía inteligente responsable de prender la mecha del Big Bang. A pesar de que los medios suelen otorgar más importancia a las declaraciones de físicos y astrofísicos que defienden que el universo nació de la “nada” y, por lo tanto, intentan olvidarse de Dios en tan trascendente hecho, lo cierto es que la inmensa mayoría de los científicos están convencidos de que existió esa Causa primera que originó el Big Bang, o bien prefieren no pronunciarse porque es una cuestión que está más allá de las posibilidades de la física o la astronomía.

A día de hoy, no existe una respuesta definitiva que explique por qué existe el Universo –con todo lo que conlleva– ni las fuerzas y leyes que parecen regirlo. ¿Es síntoma de la existencia de Dios?

Decir que el universo nació de la “nada” es no decir nada. Ni los que defienden tal postura se la creen. Porque, basándome en los trabajos de físicos teóricos de primer nivel, en esa supuesta “nada” por fuerza tenía que existir “algo”. Al menos unas leyes que rijan el funcionamiento de esa “nada”, y gracias a las cuales tuvo lugar esa gran “explosión” cósmica que dio lugar a nuestro universo. La pregunta es: ¿Quién creó esas leyes de la naturaleza en esa nada? Pero hay más, porque la expansión del universo tras el Big Bang tuvo que ser la justa para que la fuerza de la gravedad no diera al traste con la creación. Otra cuestión aparte es el imposible equilibrio, o ajuste fino, de las fuerzas fundamentales de la naturaleza que hacen que exista el universo –la nuclear débil, la nuclear fuerte, el electromagnetismo y la gravedad–.

Lejos de dogmas religiosos o narraciones sagradas, el origen de la vida ha sido señalado por diferentes científicos como una prueba de que una inteligencia superior podría hallarse detrás de todo

Te voy a dar una cifra. La posibilidad de que una célula se formara como consecuencia de procesos aleatorios es de 1040.000 –un 10 seguido de 40.000 ceros–. Desde el punto de vista de la estadística, algo que tenga una posibilidad de ocurrir entre 1050 jamás se producirá en toda la historia del universo. En el libro explico por qué no es posible que la primera célula naciera de elementos inorgánicos. Y no lo digo yo, sino microbiólogos de primer nivel. Es el caso del descubridor de la estructura del ADN en forma de doble hélice, Francis Crick, que recibió el Premio Nobel.

Grandes nombres de la ciencia como Isaac Newton, Albert Einstein o Max Planck se interesaron por la existencia de Dios. ¿A qué conclusiones llegaron?

La inmensa mayoría de los grandes científicos estaban convencidos de que el universo nació como consecuencia de la acción de una Inteligencia Creadora. Por ejemplo, Einstein afirmó que “las leyes de la naturaleza manifiestan la existencia de un espíritu enormemente superior a los hombres, frente al cual debemos sentirnos humildes”.

Lejos del ámbito científico, en “Dios existe” señalas como prueba de dicha afirmación las experiencias, recogidas en primera persona, de una serie de personas a las que llamas los resucitados. Cuéntanos alguna.

Denomino “resucitados” a personas que han estado clínicamente muertas y recuerdan haber “viajado” al más allá. Una vez que son reanimadas y regresan a esta realidad tridimensional, ya nunca vuelven a ser como antes, porque experimentan lo que existe después de la vida, e incluso desarrollan toda clase de capacidades psíquicas como la telepatía o la precognición. Tampoco es raro que comiencen a mantener contacto con entidades del más allá. En el libro presento el testimonio de muchos de estos “resucitados” a los que he podido entrevistar.

Lee la entrevista completa en el nº255 de la revista ENIGMAS

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