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10 montañas sagradas de Cataluña

Viernes 07 de Julio, 2017
El culto a la montaña sagrada es ancestral. En muchos casos se consideran lugares de poder donde diferentes culturas han llevado a cabo sus diversas prácticas. Presentamos 10 montañas sagradas de Cataluña.
10 montañas sagradas de Cataluña

Recuerdo la frase  que pronunció Juan García Atienza en una ocasión: «El monte forma parte  de la tierra, y en la religión natural, la primera  que la humanidad aceptó como  intento de comunicación con lo desconocido, el monte vino a ser como  la antena tendida por la Diosa Madre  para establecer contacto con el sol fecundador que le permitía generar la vida en su seno y conservarla». 

Pero la fuerza no radica sólo en la cumbre en sí, porque todo el entorno que envuelve a la cima también se beneficia de su sacralidad, y las civilizaciones pasadas, que eran muy sabias, conocían muy bien este concepto. Por ello, como  veremos a continuación, son numerosos los testimonios monumentales que se enriquecen de la energía telúrica que mana  bajo las entrañas de estos santuarios sagrados.

En torno a estas colosales cumbres se extiende un rico patrimonio arqueológico y antropológico, que pone  a prueba al viajero sobre sus conocimientos de lo oculto: apariciones milagrosas, bosques encantados, enclaves esotéricos, lugares de aquelarres,  brujas,  caminos iniciáticos, castillos legendarios, cátaros, tesoros ocultos, santuarios templarios, ermitas de peregrinaje, fenómenos paranormales, grutas de iniciación, construcciones insólitas,  megalitos, el Santo  Grial, vírgenes negras…, elementos que,  en gran parte, se repiten en el mágico  universo de estas montañas.

1.     No lejos del Mediterráneo, en las comarcas barcelonesas del Maresme y el Vallès Oriental, se extiende una serie de suaves colinas que forman  parte  de la Serralada del Litoral, llamada Montnegre, por el humus oscuro de la tierra, alfombrada con un espeso manto de pineda  y robledal, que alberga  la más  amplia riqueza de construcciones megalíticas de la geografía hispana, lo que confirma  el intenso trasiego de pueblos que,  durante la Edad del Bronce,  colonizaron  estos territorios entre la costa y el interior. Sobre  una colina, a modo  de acrópolis  natural, en el municipio de Vallgorguina, se alza la «Pedra Gentil», el dolmen más  esotérico de Cataluña, cuya losa superior, fragmentada, simula una vagina de mujer,  y el campanario de la iglesia que aparece al fondo,  el pene masculino. Este  megalito fue eje de ruidosos aquelarres hasta hace pocas décadas. No lejos se encuentra la ermita  templaria de san Bertomeu, desde donde, a través «De les roques foradadas», podrá descubrir algunos eremitorios rupestres, realizados en forma de vaciado de grandes bloques de granito,  con grabados que confirman la sacralidad de esta montaña. Otra particularidad esotérica de esta montaña son sus  piedras «oscilantes», que sólo pueden moverse presionando en un punto  concreto, únicamente conocido por el chamán o el druida.

2.    La Serra del Montsant ha hecho del Priorat una comarca maldita, la más  meridional de la geografía catalana, donde, a mediados del siglo XII, se levantó  Scala Dei, la primera  cartuja española, fundada por los hijos de san Bruno, después de un fenómeno celestial protagonizado por unos ángeles que diseñaron en el firmamento una interminable escalinata celestial, cuyos  destellos señalaban el lugar exacto para la fijación del cenobio. En torno a este monasterio, en proceso de restauración, hay un rosario de pueblos perdidos como  La Bisbal de Falset,  que vio pasar  a colectivos cátaros en su agonizante  huida de las hogueras de la Inquisición, y buscaron refugio en la gruta de La Balma de Santa Llúcia, donde, a finales del siglo VI, fue enterrado el cuerpo decapitado de san Hermenegildo, y en cuya tumba brotó de inmediato un agua milagrosa que sigue  curando todas las enfermedades de la vista; de ahí que este santuario rupestre esté dedicado a santa Lucía. No lejos de allí se encuentra el legendario «Camí dels Aumadies», utilizado por Aníbal, después de la batalla de Sagunto, para dirigirse con su ejército  hacia la conquista de Roma; el camino está flanqueado de árboles cargados de muérdago, porque esta zona era de celtas.

3.    Entre las comarcas de La Noguera  y el Pallars Jussà, al oeste de la provincia de Lleida, se extiende una sierra áspera, de profundos barrancos, cuyas  rojizas paredes de roca caliza fueron  abiertas a cincel por las frescas aguas del Segre. En estas singulares paredes hay numerosos santuarios rupestres de eremitas que aquí buscaron refugio durante los siglos altomedievales, y aquí también se encuentran los ejemplares más  espectaculares del románico catalán, ermitas al borde  del abismo, que desafían el vértigo; abajo, en el fondo,  lagos de aguas turquesas, castillos encantados, como  el de Mur, o pueblos malditos como  Sant Oisme de la Baronía.

4.    En el interior de la provincia de Barcelona, donde las aguas del Ter trazan cursos de ballesta antes de formar los embalses de Sau y Susqueda, se encuentra el Montseny, formando parte  de las Guilleríes, tierra cargada de mitos  y leyendas, por donde cabalgó  el bandolero Joan de Serrallonga (s. XVII); en esta abrupta geografía se encuentran castillos  como  el de Montsoriu, relacionado con un caballero  que aparece la noche de san Juan montado en su negro  corcel,  en un intento de rescate a su dama cautiva en las mazmorras. El Montseny tiene  fama de sus  pavorosas tormentas; por ello, muchas de sus  ermitas cuentan con esconjuraderos, recintos en los que el párroco  se cobijaba mientras exconjuraba las fuerzas de los elementos.

5.   En el corazón  geográfico de Cataluña se encuentra Montserrat, una montaña secreta que sobrecoge a quien la contempla desde la lejanía por su perfil de dientes romos, caracterizada por sus  profundas simas, cuyas  cuevas naturales albergaron a numerosas comunidades de eremitas a lo largo de los tiempos; algunos de estos santuarios evocan lugares de Tierra Santa (Tabor, Tebaida, Tebas…),  también están presentes los santos predilectos del Temple  (Miguel, Juan Bautista, Bartolomé, Julián, Águeda,  María Magdalena).

 

10 montañas sagradas de cataluña

 

Montserrat es una de las montañas sagradas más  emblemáticas del mundo; probablemente, el mayor centro esotérico de Europa (el Sancta Sanctorum), corazón  maternal y espiritual  de Cataluña. Un imponente altar natural que,  por su inmensa fuerza telúrica, atraía a colectivos de peregrinaje a inicios de la primavera, para lavar sus  pecados y curarse de sus enfermedades. Entre las innumerables leyendas que flotan en torno a esta montaña,  citamos la del año 1239, según la cual, al anochecer de un sábado del año 880, una gran luz descendió del cielo, y cuyo resplandor dejó extasiados a unos  pastorcillos que contemplaron el suceso; el poderoso rayo lumínico estaba acompañado de una bella melodía  angelical de música de fondo; el sábado siguiente los niños regresaron al mismo lugar del suceso acompañados de sus  padres, y la sobrecogedora visión se repitió; lo mismo sucedió los cuatro sábados siguientes, que les acompañó el rector  de Olesa  de Montserrat, y todos juntos  constataron el mismo y sorprendente efecto lumínico estelar. El obispo  de Vic, Godmar,  que por aquellos entonces  se hallaba en Manresa, también fue informado de lo ocurrido, y no dudó en subir a la cima de la montaña para comprobar con sus propios  ojos estos fenómenos; en el trayecto descubrió la gruta natural de la Santa  Cova, y dentro encontraron una imagen de María con el Niño en su regazo,  con la cara y manos de color negro. El obispo  propuso que esta sagrada escultura fuese trasladada a Manresa; pero fue apenas sacada del interior de la cueva, cuando la imagen se hizo tan pesada que no había forma de moverla  del suelo;  significaba  que la Virgen deseaba permanecer en Montserrat, por lo que se respetó la voluntad divina, y decidió construir una capilla para que María fuese venerada en la montaña. Según la leyenda, «la Moreneta» fue esculpida por san Lucas en madera quemada atacada por un rayo, en Jerusalén, y traída a Cataluña  por san Pedro.  No es una casualidad que los vórtices energéticos más  potentes de esta montaña se encuentran en la Santa Cova y en el camarín  del altar mayor de la iglesia del monasterio.

Siglos más  tarde,  exactamente el 21 de febrero de 1345,  tuvo lugar otro fenómeno celestial que relaciona  Montserrat con la capital del Bages, conocido como  la «Santa LLum», cuando ese día una bola de fuego descendió  de la montaña sagrada y, cruzando el espacio, llegó a Manresa, entrando en el interior de la iglesia del Carmen a través del rosetón de su fachada; se interpretó como  un aviso divino al obispo  de Vic, para que abandonara  su intransigente actitud  para el aprovechamiento de las aguas del canal, procedente de Sallent,  porque los impuestos establecidos por el obispo por la construcción de la acequia eran muy elevados para el pueblo. Montserrat, que fuera objetivo de numerosos líderes políticos durante los siglos modernos y contemporáneos –entre los cuales destacaron Napoleón y Hitler–, también está relacionada con la búsqueda del Santo  Grial y el constante afán por alcanzar la inmortalidad, a través de una Virgen que tiene  su piel tan negra  como  la tierra fértil.

6.   Al norte  de la provincia de Barcelona, tocando ya el Pirineo, se extiende el Cadí y Moixeró,  una sierra de altas montañas y profundos ventisqueros que tiene  como  referencia espacial el colosal Pedraforca, una colina que termina en horquilla, de ahí su nombre en catalán,  de 2.497  metros de altitud, vestida de blanco gran parte  del año. Se dice que durante el atardecer de la corta Noche  de san Juan (en el solsticio  de verano),  sobre sus  ondulados dientes de piedra revolotean las negras brujas en frenéticos aquelarres.

El Pedraforca es una montaña mágica, cargada de energía telúrica, al convertirse en un imán receptor de los rayos y relámpagos durante las noches de tormenta; circunstancia que dejaría extasiados a los chamanes de la antigüedad y también a los drui- das celtas. Esta energía le vino bien a Picasso, el más  grande de los artistas hispanos del siglo XX, quien acudió a esta montaña para curarse de una tuberculosis; su estancia en la localidad de Gósol fue milagrosa, sanando a los pocos días, gracias  a la fuerza telúrica de la montaña y al clima fresco y seco del entorno. En la zona más  alta del pueblo se conservan los restos del núcleo  medieval, con un castillo que protegió a los colectivos cátaros que por aquí pasaron en los siglos medievales…

7.   Al nordeste del Pallars Sobirà, entre España y Francia, se alza la cumbre de la Pica d’Estats, que,  con sus  3.143  m, es la más  alta de Cataluña. Esta montaña sirvió en los siglos medievales de faro natural para orientar  a los colectivos cátaros que,  por estos profundos senderos, transitaron  en maltrechas condiciones, huyendo de la cruzada  y de las llamas de la Inquisición; esta cumbre, a modo  de gigantesca pirámide  de piedra  y hielo, era como  un adelanto del paraíso  para estas humildes familias, o personas solitarias,  que buscaban su supervivencia. En su ladera meridional  se extiende la Vall Ferrera,  el valle de hierro, donde las antiguas tribus celtas templaban sus  armas de acero  en las frías aguas de los ríos; el aislamiento durante muchos siglos de estos valles, ha permitido la conservación de la mayor riqueza de ermitas prerrománicas de la península Ibérica.

8.   Dominando los cielos de la ciudad de Terrassa se alza un altar natural de piedra caliza conocido popularmente como «La Mola», cuyo verdadero nombre es el de Sant Llorenç del Munt. Sobre su aplanada cima se yergue un monasterio que rinde culto a san Lorenzo y a san Miguel, las divinidades celestes del cristianismo, elevado sobre un centro de rituales druídicos que los monjes benedictinos de San Cugat del Vallès hicieron borrar. A La Mola acuden ufólogos de todo el mundo para contemplar la evoluciones de OVNIs, que tienen lugar en noches de luna llena. No lejos de allí, sobre la ladera, se encuentra Mura, un pueblo secreto, excavado en la roca, cuyas calles y casas troglodíticas fueron creadas por los templarios, como lo confirman los grabados en las balmas (cuevas naturales).

9.   La Garrotxa, en el centro-norte de la provincia de Girona, es la comarca más volcánica de la geografía española. Más de cincuenta conos volcánicos salpican un paisaje que parece extraído del Infierno de Dante. Dentro del municipio de Santa pau, y cerca de la Fageda d’En Jordà, el mayor hayedo de la península Ibérica, se alza el volcán  de Santa Margarida, cuyo cráter, de 430 metros de anchura y 153 m de profundidad, es el segundo de Europa, después del Etna. Un camino iniciático se abre paso entre un espeso matorral de helechos, que permite el acceso a la ermita que rinde culto a la homónima virgen, cuyo templo se alza sobre un antiguo centro de rituales druídicos, formado por un dolmen subterráneo y un menhir de lava, monumento este último que acostumbraba a ser acariciado por las mujeres de la zona, para alcanzar la fertilidad. A pocos metros, tenemos la iglesia templaria de Sant Miquel Sacot, cuya entrada está flanqueada por dos vetustos tejos, el árbol sagrado de los druidas. La villa de Santapau conserva su plaza mayor porticada, en la cual se celebraron escalofriantes Autos de fe, aunque el cadalso se hallaba en el «Pla des Forcats», cerca del volcán Croscat, el más grande de España.

10.    La cima del Puig el Pení, que se eleva sobre el bravío litoral del Cap de Creus (Alt Empordà), tiene fama de atraer como un imán los rayos de eléctricas tormentas. En sus laderas, numerosas construcciones confirman su sacralidad. Son los casos de los grandes megalitos de Roses y la primera muestra del románico catalán y custodio del Santo Grial: Sant Pere de Rodes.

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