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Armas milagrosas nazis

Martes 23 de Mayo, 2017
La guerra es motor de grandes avances tecnológicos. El Tercer Reich es referente de ello con superlaboratorios en que se idearon las armas milagro, armas con un potencial de destrucción inimaginable. Por Óscar Herradón.
Armas milagro nazis

Aviones a reacción, un cañón sónico y otro solar, prototipos “OVNI”, una supuesta bomba atómica e incluso un arma eléctrica basada en el martillo de Thor. Los ingenieros y científicos nazis desarrollaron un arsenal bélico que parecía cosa del futuro, varias décadas adelantado a su tiempo. Un increíble repertorio de “armas milagrosas” que pudo haber cambiado el curso de la guerra, y de la historia. 

El Tercer Reich, el mismo régimen que había puesto en jaque a las democracias occidentales y derramado ríos de sangre a su paso desde que los ejércitos de la Wehrmacht invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939 con su Guerra Relámpago –Blitzkrieg–, comenzaba a claudicar frente al avance aliado. Ya cerca del final de la contienda, llegaron al Alto Mando aliado informes muy inquietantes sobre el armamento enemigo, que era cada vez más extraño y sofisticado, por lo que comenzó a extenderse el rumor de que existían toda una serie de Armas Maravillosas o MilagrosasWunderwaffe– que estaban causando grandes estragos.

Los reportes eran enviados por pilotos de bombarderos que sobrevolaban Europa y destruían las ciudades alemanas sin piedad, y también por simples soldados de infantería que contemplaban con sorpresa, en el frente, artilugios que parecían venidos del futuro. Aunque, en parte, aquello de “Armas Maravillosas” fue un mito creado y potenciado por el Ministerio de Propaganda nazi –el Promi–, comandado por el viperino Dr. Goebbels, quien ya había creado el término de “Armas de Represalia”, lo cierto es que no estaba tan alejado de la realidad.

Los pilotos que hablaban de artilugios imposibles no mentían. Existieron algunos proyectos que hoy creeríamos fruto de la mente de algún conspiracionista alucinado, elementos de una novela sci-fi con toques pulp, si no fuera porque tantas décadas después por fin se han hecho públicos diversos archivos cobijados con celo por distintos organismos aliados que se hicieron con los mejores científicos e inventos nazis en 1945. Lo que revelaron es inquietante.

 

El súper laboratorio del Báltico

En una pequeña isla alemana, Usedom, a orillas del mar Báltico, se levantaba un complejo secreto de laboratorios y campos de aviación donde los científicos nazis realizarían asombrosos avances técnicos, entre ellos, el primer misil de crucero de la historia. Se trataba de instalaciones militares fuertemente protegidas en el apacible pueblo costero de Peenemünde, donde comenzará la era de la aviación a reacción y los primeros pasos de la era espacial.

Era una zona muy remota del país donde los alemanes podían hacer lanzamientos de misiles al mar Báltico asegurándose de que ningún espía pudiera informar a los aliados acerca de aquellas armas milagrosas. Según el experto en armas Scott Marchand, los alemanes realizaron un desarrollo aeroespacial tan avanzado que situaban a Alemania muy por delante de las demás naciones: miles de brillantes ingenieros, físicos, químicos y otros técnicos contaban con la tecnología más sorprendente en varias instalaciones del que sería conocido como el súper laboratorio del Báltico, el más moderno de Europa a pesar de la escasez a que obligaba la contienda, siendo generosamente financiado por el Tercer Reich.

Su misión: desarrollar un armamento letal, armas de destrucción masiva que nadie había visto hasta ese momento, adelantándose en varias décadas a la tecnología que utilizarían más adelante y con éxito otras potencias.

Al frente de aquel complejo se hallaba el coronel de la Wehrmacht y SS Werner von Braun, director técnico del centro investigación. Von Braun y el mayor Dr. Walter Dornberger, descubrieron la idoneidad del lugar –allí cazaba patos el abuelo del primero– y se lo comunicaron a los Ministerios del Ejército y del Aire para habilitar una zona reservada para sus experimentos secretos. Bajo la pantalla de la organización propagandística nazi “Fuerza a través de la Alegría” –Kraft durch Freude–, fueron trasladados a dicha isla centenares de obreros y técnicos con la misión de construir una “colonia de descanso veraniega” para los trabajadores alemanes, pero en realidad edificaron, a partir de 1937, talleres, barracones, alojamientos, laboratorios y zonas de prueba.

En 1939, tras haber gastado el Tercer Reich unos 300 millones de marcos, Peenemünde ya era una realidad y los científicos fueron llevados en secreto en vagones de tren desde el polígono de pruebas Kummersdorf, en Berlín, hasta las nuevas instalaciones. Era una metrópoli autónoma cuyo diseño había corrido a cargo de Albert Speer, con capacidad para 30.000 científicos, que contaba con instalaciones metalúrgicas, centrales eléctricas y zonas de pruebas de armamento, siendo el equivalente alemán a la base norteamericana de Los Álamos y a la soviética de Akademgorodok, en Siberia.

El aspecto más siniestro del que sería conocido como Centro de Investigación Armamentística de Peenemünde, fue la utilización de mano de obra esclava en la fabricación de prototipos y artefactos. Cuando los prisioneros estaban demasiado débiles para continuar, eran asesinados para que ninguno pudiese revelar los secretos de la base. Aunque los científicos no tenían la condición de prisioneros, lo cierto es que muchos fueron presionados por la Gestapo con la seguridad de sus familias.

Mientras en las instalaciones que pertenecían a la Fuerza Aérea –Luftwaffe– se centraron en el desarrollo de aviones cohete y otros artefactos sorprendentes, el Ejército –la Werhmacht– puso su empeño en producir grandes cohetes de combustible líquido. Finalmente, consiguieron hacer realidad un extraño avión sin piloto propulsado por un pulsorreactor que llevaba una tonelada de explosivos y que fue bautizado como V-1, al que seguiría tiempo después el cohete V-2 o –también llamado A-4–, el primer misil balístico de largo alcance del mundo y el primer artefacto humano conocido que hizo un vuelo suborbital.

Sin embargo, en 1943, gracias a un audaz plan orquestado por la inteligencia aliada en Londres, se consiguió identificar la zona de Peenemünde. Y se hizo también, curiosamente, utilizando una tecnología muy adelantada a su tiempo: un estereoscopio, según la BBC, a través de unas gafas especializadas –muy similares a las utilizadas hoy en el 3D–, que permitieron visualizar con gran precisión desde el aire la remota ubicación de los misiles nazis. Posteriormente se tomaron miles de fotos desde los Spitfire, lo que fue conocido como la Operación Crossbow –“Ballesta”–. La zona fue ampliamente bombardeada la noche del 17 al 18 de agosto de 1943 –se lanzaron 2.000 toneladas de bombas– por orden del mariscal sir Arthur T. Harris, también conocido como “Carnicero Harris”.

Durante la que fue bautizada como Operación Hidra –Operation Hydrase acabó con la vida de cientos de científicos de Hitler, entre ellos el director de la base, el general Wolfgang von Chamier-Glisczinski y el Dr. Adolf Thiel, que a punto estuvo de hacer realidad un arma supersónica basada en la figura aerodinámica del misil balístico V-2, el Wasserfall –“Caída de Agua”–, contra la que probablemente los aliados no hubiesen tenido defensa alguna. Los mayores secretos armamentísticos de los nazis estaban en peligro…

 

Puedes conocer más sobre las armas milagro y los planes que tenían los nazis para ellas en el número 259 de ENIGMAS. 

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