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Arqueólogos hondureños dicen haber encontrado la Ciudad Blanca

Martes 18 de Julio, 2017
En mayo de 2012 la noticia del hallazgo en Honduras de la mítica Ciudad Blanca recorrió el mundo. En una sesión del entonces presidente de Honduras, Porfirio Lobo, con el Consejo de Ministros en la Casa de Gobierno, se informó que se descubrieron unas estructuras posiblemente elaboradas por humanos en la zona donde la leyenda ubica esta ciudad perdida.
Juan José Sánchez Ortiz

En una sesión del entonces presidente de Honduras, Porfirio Lobo, se anunció en mayo de 2012 el descubrimiento de una ciudad perdida en la zona donde se creía que podía estar la mítica Ciudad Blanca. Todo gracias a la perseverancia durante casi 22 años del explorador y cineasta Steven Elkins y su sueño de descubrir la realidad que se esconde tras la leyenda de la Ciudad Blanca o Ciudad Mono. Según el arqueólogo Chris Fisher, hay muchas posibilidades de haber encontrado una civilización desconocida, dato que se deduce de las características que poseen las piezas que se están extrayendo. Fisher es el experto de la Universidad de Colorado y el encargado de realizar las prospecciones del equipo de Elkins. Así que ahora se investiga la posibilidad de no sólo haber descubierto una ciudad perdida, sino incluso una posible civilización. Otro importante elemento de este descubrimiento es el sistema LIDAR, que es lo que técnicamente ha hecho posible este hallazgo. Pero, para quien no conoce la leyenda ni las expediciones e intentos por hallar este mítica ciudad, empecemos por el principio.

La leyenda de esta ciudad perdida, según el antropólogo Lázaro Heliodoro Flores, se encuentra en la tradición oral de los indios Pech y los Payas, habitantes de la Mosquitia, posiblemente desde hace unos 3.000 años. El estadounidense Chris Begley, quizá el mayor experto en la arqueología de la Mosquitia, con más de 20 años de expediciones en la zona, cuenta que los pueblos Pech y Tawahka de Honduras tienen mitos sobre Wahai Patatahua –lugar de los antepasados– y Kao Kamasa –la casa blanca–. La mitología Pech dice que la Ciudad Blanca es donde los dioses se retiraron tras llegar los españoles.

Pero es Hernán Cortés en 1526 el primer occidental en asociarse a la leyenda hondureña, ya que en esas fechas reportó al emperador Carlos V en una de sus cartas la existencia de una supuesta región extraordinaria, después de pasarse seis años tras su “rastro”, como él mismo decía en esos informes. Una zona que, decía Cortés, era de gran riqueza y a la que denominaban Hueitlapatlán o Xucutaco. Aunque algunos se referían a una ciudad, en realidad Cortés lo que buscó era una región, lo cual coincidiría con los últimos descubrimientos.

Años después, en 1544, el obispo de Honduras, Cristóbal de Pedraza, llamado “Protector de los Indios”, en una carta al rey de España narró un arduo viaje a la orilla de la Costa de los mosquitos. En ella habló de un territorio inexplorado, donde vio una gran ciudad. Sus guías le contaron historias de las riquezas y el oro de sus habitantes. Desde entonces, el mito de otro Dorado en las selvas de Honduras ha inspirado muchas búsquedas durante casi 500 años.

EXPEDICIONES Y EXPLORADORES
Durante el siglo XIX, hubo un auge de la visión romántica de la búsqueda de ciudades perdidas, estimulada por los nueve volúmenes de Antigüedades de México, iniciados en 1830 y los best-seller en temática de viajes qu escribió el explorador John Lloyd Stephens. Pero la mayoría fueron organizadas por exploradores aficionados o con pocos medios. Con las declaraciones del famoso aviador y aventurero estadounidense Charles Lindbergh se reavivarían las exploraciones en el siglo XX. Decía haber contemplado en el año 1929 una “increíble metrópolis antigua” cuando sobrevolaba Honduras. Otra aportación curiosa es la de William Duncan Strong, explorador de la Smithsonian Institution en Honduras. Según cuenta, en 1933, el prestigioso historiador del arte Herbert Spinden le hizo unas fantásticas confidencias. Afirmaba que la leyenda de los Pech era cierta, ya que en el lugar que decían estaba la Ciudad Blanca encontró artefactos arqueológicos muy sugerentes, como grandes cuencos con cabezas de animales y placas de metal, aunque también dice que nunca vio las ruinas.

EXPEDICIONES MODERNAS
Durante la década de los 80 del pasado siglo, arqueólogos reconocidos como el mencionado Begley, George Hasemann y Gloria Lara Pinton, estudiaron la zona con diversas expediciones y prospecciones arqueológicas, logrando documentar cientos de sitios arqueológicos que mostraban que el territorio fue un lugar muy poblado, aunque no hallaron nada que pudiera identificarse con una gran urbe.

En la década de los 90, el explorador Ted Maschal se embarcó en varias expediciones en busca de Ciudad Blanca, siendo pionero en el uso de medios tecnológicos para atravesar la densa vegetación con sondas.

Maschal se valió de la teledetección, método de radar de apertura sintética –SAR– y con “técnicas radargramétrico” para recrear un modelo digital de elevación del terreno. Pero tampoco obtuvo resultados positivos.

En 2009, el arqueólogo Christopher Begley y el periodista Christopher Stewart, emprendieron una expedición siguiendo la ruta de Morder, obtenida a través de los diarios de éste. El objetivo era investigar qué había de falso y qué de real en el descubrimiento de la Ciudad Mono que Morder dijo haber encontrado.

Ambos visitaron diversos lugares arqueológicos de la región siguiendo las pistas del diario, pero no pudieron certificar que fuera la ruta correcta.

El hallazgo de unas posibles grandes estructuras en la selva de la Mosquitia se produjo en mayo de 2012 y fue recibido como un acontecimiento por parte del gobierno hondureño.

Durante más de siete días, sobrevolaron con un Cessna 337 Skymaster las cuatro zonas seleccionadas para explorar con el revolucionario equipo tecnológico llamado LIDAR, fusionado con los datos del GPS. Con este sistema lo que se consigue es crear una imagen 3D del terreno, por muy tupida que sea la vegetación, y no tardaron en detectar posibles estructuras manufacturadas en tres de las cuatro áreas. Se trataba de estructuras que parecían pirámides, edificios, plazas… La noticia dio la vuelta al mundo. Nada podía ser verificado hasta que se pudiera tomar tierra, lo que era una operación difícil, ya que no se podía acceder por aire ni agua. Juan Carlos Fernández, ingeniero de la Universidad de Houston y técnico de LIDAR del equipo de Elkins, sería también el encargado de buscar el mejor acceso.

Fernández, cuando estaba en preparativos de esa expedición, nos comentó: “Hay algunas pequeñas zonas abiertas a lo largo de los ríos que recorren la zona, pero suponen caminar demasiados kilómetros a través de la selva”. Una vez encontrado el punto de acceso y tras haber superado algunos escollos, incluidos los económicos, en febrero de 2015 llegaron por primera vez al lugar detectado con el LIDAR. Gracias al auspicio del gobierno de Honduras y National Geographic, Elkins y su equipo llegaron al lugar esta vez capitaneados por Chris Fisher. Después de una ardua caminata y con la ayuda del GPS pudieron dar con el sitio exacto que había localizado el LIDAR. La confirmación del descubrimiento llegó cuando vieron, en palabras de Elkins, que: “Estaba todo lo que indicaba el LIDAR y más”. La pirámide se había convertido en un montículo aparentemente natural, ya que estaba enterrado en barro, pero a ojo experto se podían ver los contornos rectangulares y lo que parecía un templo en ruinas.

Pero la apoteosis llegó con el hallazgo de unas 70 piezas arqueológicas semienterradas. Entre ellas, la famosa cabeza que denominaron de “hombre-jaguar”, fotografía que dio la vuelta al mundo con la noticia de la toma de tierra de la expedición.

ÚLTIMA EXPLORACIÓN Y DESCUBRIMIENTOS
La última incursión que se produjo fue para recuperar y estudiar las piezas semienterradas. Esta vez quiso estar Juan Orlando Hernández, presidente hondureño, que presentó dos de las piezas a los periodistas y unas 200  personas en una carpa acondicionada para el momento en el aeropuerto militar El Aguacate, departamento de Olancho, convirtiéndolo en acto oficial. En su discurso, el Sr. Hernández habló en repetidas ocasiones de la importancia de este descubrimiento. En esta ocasión, además, bautizó el lugar que antes se llamaba T1 como “Ciudad Jaguar”, y hasta entonces los tres lugares con hallazgos se llamaban T1, T2 Y T3.

Las primeras 60 piezas arqueológicas extraídas de la llamada ciudad Jaguar, pueden aportar tras su estudio información relevante. Además, es la única de las tres zonas pisadas hasta ahora con construcciones y es la más pequeña, así que quién sabe lo que se puede encontrar, tanto en ésta como en las otras, a simple vista y aún más cuando se empiece a excavar.

Entre los objetos arqueológicos se encuentran cerámicas con decoraciones de guacamayos y lagartijas, jarrones y tazones de piedra con figuras de jaguares. También encontraron una interesante vasija adornada con la cabeza de un buitre, que puede tratarse de un vaso ritual, que según Chris Fisher se elaboró entre los años 1.000 y 1.500 d.C. Asimismo, se extrajo la famosa cabeza de hombre–jaguar que, en su conjunto, es una tinaja con cabezas de jaguar y con forma humana, la cual Fisher especuló que “podría ser” un hombre-jaguar. “Posiblemente representa a un chamán en un transformado estado espiritual”. Aparte, existe una silla ceremonial que tiene muy interesados a los arqueólogos, que consideran que probablemente tuviera una función ritual y creen que fue un asiento para algún líder espiritual o político. El experto del Instituto Hondureño de Antropología e Historia –IHAH–, Norman Martínez, comentó que también fueron descubiertas una acrópolis y dos plazas, entre otras construcciones, escondidas entre árboles frondosos que dificultan el acceso.

Hay que tener en cuenta que los árboles en la zona alcanzan fácilmente alturas correspondientes a las de edificios de unos 20 pisos, es decir, de unos 60 metros de altura, lo que dificulta cualquier hallazgo.

¿UNA CIVILIZACIÓN PERDIDA?
Pero lo más interesante no es que quizás hayan encontrado la Ciudad Blanca, sino que hay muchas posibilidades de que se hallará una civilización perdida mesoamericana. De momento, todo es especulación hasta que no se puedan hacer estudios más profundos de la zona y de las piezas, pero los expertos ven muy probable que estén ante una cultura desconocida.

Según Virgilio Paredes, director del Instituto de Antropología, “la civilización descubierta no es maya ni azteca, ni olmeca o inca. Se trata de una cultura nueva o una diferente”. Fisher dice: “sabemos que eran socialmente complejos, que tenían recursos y habilidades para modificar el entorno y producir comida. Sabemos que estaban conectados íntimamente con sus vecinos”, y añade, “los mayas tenían que estar entre sus vecinos”. No se sabe por qué desaparecieron. Los arqueólogos especulan con la posibilidad de que agotaran los recursos naturales del territorio o con la llegada de europeos con enfermedades. De momento, están ante un enigma histórico del que se sabe tan poco que aún se desconoce hasta el nombre de esta posible civilización perdida. Pero, poco a poco, irán desvelando sus secretos a los expertos y quién sabe qué páginas no escritas de la historia de América nos serán desveladas y cuántas se reescribirán.

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