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¿Asesinó la CIA a Marilyn Monroe?

Viernes 03 de Febrero, 2017
Su muerte causó conmoción en todo el mundo. Aunque oficialmente Marilyn Monroe se suicidó, durante décadas se ha especulado con la posibilidad de un asesinato relacionado con su estrecha relación con los Kennedy…
Óscar Herradón

"Happy birthday Mr. President, happy birthday to you”. Fue la forma más sensual de cantar el cumpleaños de todos los tiempos, y una imagen icónica del glamour de la década de los 60, uno de los periodos más convulsos –y apasionantes por ende– de la historia estadounidense. Habría quien pagaría por haber visto la cara de póker de Jackie Kennedy cuando Marilyn Monroe felicitaba de esta forma a John F. Kennedy por su 45 cumpleaños en el Madison Square Garden; aunque a esas alturas no parece que a la primera dama le fueran a sorprender los líos de faldas de su marido, un auténtico playboy de las altas esferas. De hecho, sabedora de que acudía la actriz, decidió no ir al evento. Aquello tenía lugar el 19 de mayo 1962 y menos de tres meses después, la rubia explosiva de Hollywood, la mujer más deseada, pasaba a mejor vida. Oficialmente murió por suicidio, pero desde ese mismo momento circularon los rumores sobre un asesinato encubierto. Se apuntaba a la CIA, la Mafia e incluso a los mismos hermanos Kennedy. ¿Qué hay de verdad en todo esto?

Durante décadas la “leyenda” del asesinato de Marilyn, sex symbol de América y actriz infravalorada, ha sido uno de los temas favoritos de los amantes de la teoría de la conspiración. Y ha vuelto a estar de plena actualidad con la publicación de una noticia que ha corrido como la espuma por Internet durante las últimas semanas y que, como muchos medios sospechaban, se trataba de un fake, lo que no ha impedido, como en el caso de Paul McCartney que abordábamos el mes pasado, que muchos la dieran por buena y, sobre todo, volviera a poner sobre el tapete el eterno dilema del “asesinato-suicidio” de la actriz que cautivó a toda una generación –y a las posteriores–.

La polémica vino tras las supuestas declaraciones de un tal Norman Hodges, ex agente de la CIA que, desahuciado en un hospital en Norfolk, Virginia, ni corto ni perezoso afirmaba a los medios que fue él quien asesinó a Marilyn aquel lejano 1962. Pero no fue una decisión particular, claro, sino una orden que partía de las altas esferas.

Aunque la información fue tomada con cautela y finalmente desmentida, sembró un vaivén de dimes y diretes en la Red, sacando por enésima vez a la palestra la teoría de la conspiración sobre la mujer con la que todos soñaban y sembrando, una vez más, la duda sobre la verificación de las fuentes. Hodges, de 78 años, que aparece en unas fotografías que han dado la vuelta al mundo en la cama del hospital, con una mascarilla de oxígeno, vías, vendas y unas esposas –no sabemos si estaba detenido, aunque parecía jactarse de ello–, aseguraba al World News Daily Report que en los sesenta formó parte de un comando especial constituido por cuatro personas encargado de matar a políticos, activistas sindicales y otros individuos peligrosos para el status quo yankee. Afirmaba haber acabado con la vida de otras 36 personas entre 1959 y 1972. Casi nada.

El fake rezaba que el ex agente había declarado que: “Teníamos pruebas de que Marilyn Monroe no sólo se había acostado con Kennedy, sino también con Fidel Castro. Mi comandante, Jimmy Hayworth, me dijo que tenía que morir y que tenía que parecer un suicidio o una sobredosis”.

Así que el espía entró en la casa de la actriz y en su habitación le inyectó “una dosis masiva de hidrato de cloral y de Nembutal”. ¿Qué hay de cierto en todo esto? Probablemente nada, pero estas declaraciones vienen a sumarse a las sospechas que durante muchas décadas han planeado sobre la extraña muerte.

LOS KENNEDY Y EL “CRIMEN”
Precisamente el asunto volvía a estar de actualidad, cuando los periodistas estadounidenses Richard Buskin y Jay Margolis publicaban el libro El asesinato de Marilyn Monroe: caso cerrado, donde descartaban la explicación oficial del deceso a causa de una sobredosis de barbitúricos, e incidían en que el icono hollywoodiense tenía un fuerte vínculo con John Fitzgerald Kennedy y principalmente con su hermano Robert –Bobby para los amigos–, que por aquel entonces era Fiscal General de los EEUU, mientras que John era nada menos que el inquilino del despacho oval. Vamos, que la rubia se codeaba con la crème de la crème de la política norteamericana, entonces en plena Guerra Fría, un tiempo de magnicidios, golpes de Estado encubiertos, segregación racial y mil y un complot de los servicios secretos.

Las teorías conspiracionistas en torno al “suicidio” fueron muy numerosas –como lo serían poco después, con un impacto directo sobre la política estadounidense, las muchas que surgieron tras el oscuro atentado contra JFK–, y la que aportaban los periodistas citados no hacía sino echar más leña al fuego.

Recogían así el testigo de anteriores “investigaciones”: la actriz no se habría suicidado, como reza la historia oficial, sino que habría sido nada menos que asesinada por orden de Robert, quien, sabedor de que Marilyn conocía los entresijos de la familia Kennedy –cuyos miembros, más allá de la euforia que despertaban a su paso, se enfrascaron en turbios asuntos, empezando por el cabeza de familia, Joseph P. Kennedy y sus posibles conexiones con la Mafia–, prefirió cubrirse las espaldas. Aunque casi con seguridad Marilyn tuvo un romance con John, parece que también mantuvo una relación sentimental –más larga e intensa– con el pequeño Bobby, poco antes de su muerte. Según se hizo eco el Daily Mail a raíz de la publicación del citado libro, Robert Kennedy tomó tan drástica decisión después de que la actriz lo amenazara con convocar una rueda de prensa donde revelaría los “asuntos sucios” de la familia –otra versión apunta a la existencia de un diario de la actriz donde había apuntado todo lo que le sucedía, y que amenazó con hacer público–, cuando éstos atesoraban los más altos cargos gubernamentales. Algo que, siguiendo la hipótesis conspirativa, habría acabado con sus carreras –aunque finalmente lo harían las balas, y no las conferencias multitudinarias–. Para llevar a cabo su plan, Robert Kennedy habría contado –siempre según dichos periodistas– con la complicidad del psiquiatra de la actriz, el doctor Ralph Greenson y la ayuda de su cuñado Peter Lawford, quien fue uno de los primeros en confirmar que la diva había mantenido relaciones con ambos hermanos y brindó contundentes titulares en referencia a la actriz: “Se la pasaban como si fuese una pelota”.

Sería también Lawford quien, en relación al complot, aseguraría que “Bobby estaba determinado a callarla, sin importar las consecuencias”. Oficialmente Marilyn moría el 5 de agosto de 1962 por una sobredosis de barbitúricos, aunque las circunstancias del supuesto suicidio nunca fueron del todo esclarecidas –ver Autopsia de los Hechos–. El 22 de noviembre de 1963, en medio de una trama de ecos conspirativos que todavía hoy trae de cabeza a muchos, era abatido en Texas John Fitzgerald Kennedy, un magnicidio supuestamente perpetrado por Lee Harvey Oswald. Apenas unos años después, el 6 de junio de 1968, cuando Robert Kennedy se hallaba inmerso en su carrera por la Casa Blanca, era disparado hasta la muerte por Sirhan Sirhan, en un acto también lleno de claroscuros. Pero entonces, ¿qué pasó con Marilyn? ¿Se suicidó, la mandó matar Bobby Kennedy o lo hizo algún sicario a sueldo de la CIA o el FBI, siguiendo órdenes de Hoover? Probablemente nunca sepamos la verdad –aunque lo más seguro es que la actriz se suicidara– y las leyendas, para todos los gustos, sigan engordando la crónica negra estadounidense.

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