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Esta casa está encantada

Lunes 30 de Enero, 2017
Edificios oficiales, hospitales, iglesias, antiguas sedes de bancos, museos… la ciudad de Cádiz está sembrada de bellos rincones en los que, en algunas ocasiones, se han producido sucesos difíciles de explicar.

Son las casas consistoriales lugares donde suele haber una propensión al misterio. Por sus pasillos y estancias, cargadas de historia, suelen manifestarse algo más que notorios políticos… Seres fantasmagóricos y espectrales. Los testigos de lo imposible son, como en tantas otras ocasiones, aquellos que trabajan durante la noche: limpiadoras y vigilantes.

En un magnífico entorno, el barrio medieval del Pópulo, la iglesia de San Juan de Dios, y el Hospital de la Misericordia, encontramos el Ayuntamiento de Cádiz. Allí, en la plaza de San Juan de Dios, tienen su casa todos los gaditanos desde 1799. Entre tanta historia no son pocos los comentarios que hablan de fantasmas y fenómenos extraños que se manifiestan ante los ojos de los incrédulos testigos, quienes no dan crédito a lo que viven y padecen en su lugar de trabajo.

En sus estancias, una aparición, un cortejo de monjes espectrales y el llamado “fantasma del archivero”, han trascendido como supuesta identificación de aquellos que moran en el lugar. Así, un 25 de noviembre de 2005, José Antonio López publicaba en el Diario de Cádiz: “La antigua leyenda que habla de ruidos nocturnos y otros sucesos extraños ha cobrado actualidad después de que hace unos meses agentes de la policía local accedieran de madrugada al Ayuntamiento, sobre las cuatro, porque el vigilante de aquel día les alertó de la existencia de ruidos provenientes de las plantas superiores”.

Una antigua limpiadora narró su testimonio sobre los fenómenos paranormales en el interior del edificio; algo la atacó y “le puso el ojo morado”. Fue al abrir una puerta de una de las estancias cuando recibió el golpe de unas manos invisibles. El ayuntamiento de Cádiz está pared con pared con el hospital de San Juan de Dios y con la iglesia, e incluso existe un acceso que comunica estos edificios entre sí. Amalia Camacho afirma que una noche fue testigo de un cortejo de monjes espectrales. Lo contaba así: “Fue en un pasillo de la primera planta. Llevaban capuchas y no se les distinguían las caras. También vi a alguien que vestía una especie de falda escocesa”.

Carmen del Río lleva casi una treintena de años trabajando en la Casa Consistorial y contaba que “nada más entrar, una compañera que se iba a jubilar ya dijo que los veía”. Por su parte, un vigilante de seguridad, José Manuel Francisco, apuntó: “Una de las compañeros afirmaba que había visto una fila de monjes que se perdía en la pared”, en las cercanías de la que da a la iglesia de San Juan de Dios.

Los fenómenos se concentran en la primera planta –apariciones del “cortejo espectral”– y en la segunda, donde se ubicó el área de Urbanismo hasta finales de 2010.

Amalia Camacho decía que era “entrar allí y ya se te ponían los pelos de punta”, y “parecía que alguien te estaba observando”. Un día incluso vio una presencia en forma de “sombra negra” detrás de él. El lugar “encantado” también se ve inundado de repente por olores extraños: “Es como a colonia antigua, de hombre. Andas por el pasillo y te viene ese olor como si alguien hubiera pasado a tu lado. Otras veces huele a tabaco recién encendido pese a no haber nadie, o a comida en la zona de los cuartos de baño”, señala la testigo.

María Oliva Braza también narra su particular encuentro: “Estaba agachada limpiando entre las sillas y noté como si alguien estuviese sentado detrás. Oí su respiración pegada a mí, a mi oído, así que no había manera de que aquello fuera algo normal. Salí corriendo asustada”.

Para unos se trataría del fantasma del viejo archivero que, según la leyenda, se suicidó en el lugar, pero no deja de ser un rumor. Sin embargo, se identifica con su persona a tenor de las descripciones de los testigos.

En el silencio de la noche se rompe la paz con el tintineo de unas llaves invisibles que alguien lleva en su cinturón, y una serie de golpes sin aparente explicación inquietan al personal de seguridad: “Es como si hubiera una ventana abierta y es sacudida por el viento y golpea la pared. Revisas las ventanas y todo está cerrado hasta que, de nuevo, ¡zas!, el porrazo”, recordaba José Manuel Francisco.

Luces que se encienden y apagan a voluntad, ascensores que suben y bajan sin que nadie los accione, extraños y psicofonías. Hasta se recurrió a una médium para desentrañar el misterio, pero los fenómenos del consistorio van más allá de lo racional y continúan siendo tema de múltiples debates.

LA CASA DEL OBISPO
Es uno de los lugares más misteriosos y evocadores de Cádiz. En él se aúnan tradición, enigmas, leyendas… Una historia que nos remonta a tiempos de los fenicios en Cádiz y que desde la época púnica –siglos VI y III a.C.– era utilizado como lugar de culto, algo que denotaba su interior, con un monumento funerario y fosas rituales.

Fue en época del Imperio Romano cuando el interior se dotó de cisternas para acumular agua y se realizaron pinturas murales decorativas. En épocas posteriores, en el siglo XVI, se edifica el primer palacio episcopal, hasta el siglo XVIII, que se acomete la última gran remodelación. Es, por tradición, uno de los lugares sagrados de Cádiz y hoy dicho enclave tiene un curioso nombre no menos evocador: la Casa del Obispo. Y es que en su interior hay sitio para todo. Evidentemente para el culto a lo sagrado, pero también para aquellos que van tras lo paranormal, pues ha sido el perfecto escenario para fenómenos sobrenaturales y apariciones.

Desde el año 2006, fecha en la que se reabre esta casa al público, se tiene constancia de hechos indudablemente cargados de misterio.

El 6 de junio de ese año se abrían las puertas a otro mundo cuando se inauguraba, tras ocho años de retraso, en una obra iniciada en 1997, cuando se decidió derribar parcialmente la antigua residencia del obispo en Cádiz.

José María Gener y Juan Miguel Pajuelo se colocan al frente de las excavaciones y comienzan las sorpresas: en 1998 aparecen restos de estructuras romanas en el subsuelo de la casa. Así, las obras comienzan a sufrir retrasos e inspecciones por parte de los expertos, ya que pocos meses después afloran los restos fenicios tras siglos de oscuridad: muros, pavimentos y zócalos son algunas de las ricas muestras que se iban despojando de su manto de tierra para volver a la luz de la vida.

Fue en ese mismo año, en 1998, cuando se hizo un sensacional hallazgo: un anillo de origen fenicio. Alicia Pérez, científica titular del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y su equipo, dataron el anillo en torno al siglo VI a.C., era de oro puro y el joyero que lo realizó era zurdo. Como decoración aparecen dos delfines, símbolo de Gades, y una pequeña cenefa elaborada a base de pequeñas bolitas que dan forma a flores de loto. Una clara inspiración oriental que indicó a los arqueólogos que procedía de otro país. En base a los arreglos que el anillo había ido sufriendo a lo largo de su historia, se concluyó que hasta tres generaciones habían utilizado aquel objeto por su desgaste.

¿Quién pudo poseer tal anillo? Quizás un rey, su sumo sacerdote… Sea como fuere alguien muy influyente a tenor de su valor y del respeto mostrado por los que, posteriormente, pasaron por la tumba donde yacían sus restos sin saquearlos. En 2005 se sacó a concurso público la explotación de la Casa del Obispo, recayendo ésta en la empresa Monumentos Alavista, y entre los meses de mayo y junio de 2006 abriría sus puertas.

Ya desde su misma apertura los trabajadores tenían extrañas experiencias. Parte de la plantilla de Monumentos Alavista vivían fenómenos que no lograban explicar: luces que se apagaban y encendían solas. Aunque en un principio se achacó a descuidos o despistes del personal, finalmente esto fue descartado: si se apagaban las luces, éstas se volvían a encender. Lo siguiente fue que saltaron las alarmas nocturnas del edificio sin ninguna razón aparente que lo explicara… Los equipos ultramodernos de domótica e informática, no presentaban fallos. Al supervisar las grabaciones se comprobó cómo las cámaras que se activan mediante sensores de movimiento, comenzaban a funcionar aunque las salas estuvieran vacías, tanto de día como de noche.

Los responsables no podían comprenderlo, así que revisaron las grabaciones y en éstas apareció una nueva sorpresa: en las cámaras de visión nocturna aparecían extraños orbes de luz. Germán Garbarino, responsable de la puesta en valor de los restos arqueológicos de la zona, no podía creer lo que veía en aquella imágenes. Así, en La Voz Digital llegó a declarar que en las grabaciones se podían distinguir tres figuras de apariencia humana: una masculina y vestida de negro de 1,50 metros aproximadamente, un niño y una señora con un tocado blanco.

Como suele pasar en este tipo de casos, los propios trabajadores, quizás en un intento de familiarizarse con las extrañas presencias y así trabajar sin miedo, les pusieron nombres: “el cura”, “el niño” y “la sacerdotisa”.

Muchos investigadores pasaron por la Casa del Obispo y todos trataron de desentrañar su misterio. Se grabó la formación de extrañas figuras nebulosas  que subían y bajaban por la escalera y orbes. Aquello resultaba algo más que extraño.

Cerca del pozo, para algunos el epicentro y motivo por el que este lugar es sagrado desde época fenicia, ocurrió algo sorprendente. Un miembro del equipo de grabación se quedó rezagado en dicha zona y pudo ver a alguien tras de sí, en la penumbra; creyó que se trataba de otro compañero, pero al girarse pudo ver a un extraño ser, de pie, que en cuestión de segundos desapareció como por arte de magia. Hechos desconcertantes, evocadores de viejas épocas… Hoy, la Casa del Obispo sigue encerrando un enigma del pasado esperando a que sea desvelado.

Para saber más lee el libro c, de  José Manuel García Bautista editado por Luciérnaga.

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