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¿Dónde están las entradas al infierno?

Martes 08 de Noviembre, 2016
El infierno está de moda. Y puesto que a los pobres mortales nos gusta sufrir, vamos en su busca. Lo más curioso es que, lejos de interpretaciones metafísicas, existen entradas al “inframundo” más cerca de lo que parece. Reales y tangibles. Grutas subterráneas, cráteres, antiguos palacios medievales, termas… de un rincón al otro del planeta nos encontramos con portales a ese incómodo lugar reservado a las almas condenadas.
Óscar Herradón

Suena a tópico, pero es más que cierto. Vivimos tiempos convulsos en los que parece que el Armagedón nos hace un guiño desde un futuro inminente enviándonos señales que, como en los tiempos bíblicos, deberían hacernos, cuando menos, pensar hacia dónde nos encaminamos. Los estragos de una crisis económica que ha hecho recordar a Occidente que no somos ni invencibles ni nuestra “sociedad del bienestar” es intocable a expensas de aquellas otras que no alcanzan ni a cubrir los servicios básicos; la otra crisis, la de los inmigrantes, que avergüenza a Occidente y recuerda los grandes éxodos de la Segunda Guerra Mundial. Por no hablar de las “plagas” que evocan a siglos pretéritos y que han dejado de afectar ya sólo al tercer mundo: el zika, el ébola, y sus alarmistas precedentes, el síndrome de las vacas locas, la gripe aviar, el H1N1

Eso, o la infinidad de catástrofes naturales que parecen ser la queja visceral, a modo de terrible advertencia, de nuestro planeta, harto de la devastación a la que el hombre lo ha sometido. Crimen organizado, trata de blancas, explotación infantil, narcotráfico, guerras olvidadas y cárceles podridas, terrorismo yihadista y muchas otras oscuridades que nos rodean.

En relación con lo insólito, el lado oscuro no es menos truculento si nos fijamos en los sucesos de un rincón a otro del orbe que recogen de cuando en cuando los titulares de prensa: crímenes rituales, violencia satánica, poltergeist agresivos, necrofilia, profanaciones, posesiones diabólicas… un larguísimo etcétera de sucesos escalofriantes en el límite de aquello que tiene explicación y que viene a sumarse a los miedos, muy reales, que nos atenazan a diario…

Hechos que no envidian al infierno que a principios del siglo XIV el poeta italiano Dante Alighieri reflejara en su Divina Comedia y que los trazos fantásticos del pintor flamenco El Bosco inmortalizasen, poco más de un siglo después, en sus oníricas pinturas, tan de actualidad por el 500 aniversario de su muerte. ¿Acaso vivimos ya en ese infierno? ¿No son tan terribles algunas cosas que nos rodean como las recogidas por los padres de la Iglesia en sus narraciones extraordinarias…?

Lejos de elucubraciones metafísicas o textos denuncia –tan necesarios por otra parte–, en ENIGMAS queremos preguntarnos si ese inframundo existe realmente y si es posible acceder a él, si es que se trata de un sitio tangible.

El hecho es que existen varios lugares que, a día de hoy, ostentan el título de entradas al inframundo, unas puertas a ese oscuro universo hecho, según las polvorientas crónicas, de llamas y lamentos, seres diabólicos y almas sometidas a los más inimaginables tormentos eternos. Algo que da que pensar y anima a los más valientes a penetrar en las entrañas de la Tierra en busca de respuestas. Sí, probablemente todo forme parte de la leyenda y la siempre atrevida imaginación humana, enardecida por la fe, pero quién sabe…

RUTA TURÍSTICA… AL INFIERNO
En la antigüedad, en numerosas culturas se consideraba que el infierno era un lugar físico situado bajo tierra, que uno podía visitar y ver con sus propios ojos, un sitio de paso entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Un abismo de muerte y condena eterno que alberga los miedos más primitivos del ser humano y que, para muchos, es más que un mito, según diversos testimonios de siglos anteriores.

El hecho de que casi todas las culturas lo sitúen bajo tierra es, en palabras del periodista argentino Daniel Alcoba, autor del ensayo Inferno: origen e historia del miedo al castigo eterno (Zenith, 2008), algo coherente: “el espacio más lógico para la residencia de los difuntos era el subsuelo, puesto que lo normal era imaginar que la muerte no era otra cosa que el simple retorno al origen, En el período prehistórico, la imaginación humana comenzó a perfilar en el subsuelo el reino soterrado que albergaba las sombras de los muertos, el vientre de la madre tierra”.

Lo más sorprendente en relación con la descripción del infierno en las distintas culturas, muchas de ellas sin conexión aparente, es la similitud de las descripciones: unos lugares inquietantemente parecidos que hablan de un portal que conecta la superficie con el inframundo a través de una puerta. Eso ha llevado a que se plantee la posibilidad de que se trate de un lugar real, tangible, al que viajan los condenados tras la muerte. Un reino del mal real bajo nuestros pies. Hades, Tártaro, Sheol, Xibalbá, Infierno… sea cual sea su nombre, son sitios demasiado similares entre los diferentes pueblos de cualquier época.

Para conocer las entradas al infierno sigue leyendo en el número 252 de Enigmas. 

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