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Egipto, templarios y el culto a la Virgen

Domingo 28 de Mayo, 2017
¿Estuvieron los templarios en Egipto? ¿Haciendo qué? ¿Es el culto a la Virgen María algo mucho más pagano y ancestral? Por Josep Guijarro.
Templo de Isis en Philae

Según la mitología egipcia, las lágrimas de Isis por la muerte de su esposo Osiris alimentaban el Nilo en forma de inundación benefactora, trayendo la abundancia, la prosperidad y la vida. Por esa razón el trasunto de Isis en el cielo es la estrella Sirio ya que, según su calendario sagrado, la salida de este astro en el horizonte precediendo al Sol, anunciaba la crecida de las aguas y el comienzo del año nuevo egipcio.

Resulta evidente, pues, que Isis es una “diosa madre” primordial como lo fueron Deméter, Artemisa o Cibeles y que su influencia –como veremos a continuación– es más que notable en el cristianismo, más allá de la anécdota de que su hijo Horus fue engendrado, como Jesús, sin contacto carnal.

El templo de Isis se halla ubicado en la Baja Nubia, concretamente a 11 km al sur de Asuán, sobre la pequeña isla de Egelika. Se llama Philae en honor a su emplazamiento primigenio, pues el templo fue trasladado bajo patrocinio de la UNESCO en el siglo XX. Se trata de uno de los más bellos del Antiguo Egipto, que alcanzó su máximo esplendor durante el Período Ptolemaico. Antes de acceder a su interior, en el pilono de entrada, llaman la atención unas cruces… ¿templarias? ¿Acaso estuvo alguna vez el Temple en Egipto?

Muchos autores han abundado en la particular relación entre la Orden del Temple y las vírgenes negras. De hecho, su culto –curiosamente– floreció en Europa durante los siglos XII y XIII, coincidiendo con la máxima expansión templaria. Las representaciones originales otorgaban a la Madre de Dios la tez de color oscuro, con toda probabilidad para expresar que la Virgen negra es el nexo entre la Virgen cristiana y las antiguas diosas paganas de la fecundidad, como la propia Isis, la síntesis de una visión religiosa universal. Ahora bien, ¿dónde nació este culto? ¿Es posible que los templarios lo extendieran basándose en este templo?

Es fácil observar que junto a Templarios y Cistercienses, los Hospitalarios fueron los principales propagadores de la devoción a las Vírgenes negras. Es sabido que durante su permanencia en Tierra Santa, los monjes-guerreros terminaron relacionándose con sociedades herméticas, tanto islámicas como hebreas, gnósticas o sufís, y puede que fruto de este contacto absorbieran parte de su bagaje cultural y místico. Es una posibilidad.

A pesar de ser defensores de la fe, hay mucho de herético en la mitología templaria. Subyace la idea del retorno a una religión única, armonizando creencias antiguas, orientales y occidentales. Pero, como de hecho sucedió, la adoración de una deidad pagana podría traer graves consecuencias por parte de la Iglesia, lo que habría obligado a los iniciados templarios a equiparar a la diosa con la Virgen María, la “Reina del Cielo”, como la llamaba san Bernardo y como aparece en el Antiguo Testamento refiriéndose a Astarté, la equivalente fenicia de Isis.

Isis amamantando a su hijo Horus

 

Los templarios fueron más allá, “inventaron” la figura de “Nuestra Señora” y camuflaron a la diosa madre bajo la imagen de una Virgen negra, asociando esta imagen a la María Magdalena del cristianismo, a la que curiosamente los evangelios del siglo I y los apócrifos reservan un papel mucho más importante que a la madre de Jesús. ¿Fue inspiración divina o influencia egipcia? Veamos… Una leyenda asegura que los templarios habrían llegado en el Medievo a la isla egipcia de Philae donde, curiosamente, seguía vigente el culto a Isis como diosa de la fertilidad vinculada a la Madre Tierra. De hecho, la imagen de la Virgen sedente es casi un plagio de Isis amamantando a Horus en su regazo, que podemos ver en el Sancta Sanctorum del templo.

¿Casualidad? Lo dudo. Si los templarios estuvieron en Philae se explicaría la prolífica presencia de cruces templarias en numerosas columnas y paredes, e incluso el llamativo altar que preside uno de los laterales de su sala hipóstila. Pero, si bien es cierto que el culto a Isis seguía activo en Philae durante la Edad Media, no existe lamentablemente ningún documento que avale la presencia del Temple en un lugar tan remoto de Egipto. Es más, según The Encyclopedia of the Archaeology of Ancient Egypt, de Katherine Bard, las cruces que hoy nos sorprenden se remontarían al siglo VI, cuando fueron expulsados los sacerdotes del templo y las estatuas trasladadas a Constantinopla como botín. Para asestar el golpe de gracia al último bastión del paganismo en Egipto, el obispo Teodoro transformó la sala hipóstila en una iglesia dedicada a san Esteban, el primer mártir del cristianismo lapidado en Jerusalén. A partir de entonces –según esta visión– serán los coptos quienes desfigurarán algunas imágenes de las divinidades egipcias y colocarán cruces e inscripciones en muchas de sus columnas. Pero, entonces, ¿por qué grabaron cruces templarias y no coptas? Y lo que aún es más llamativo: ¿por qué otros templos egipcios que fueron refugio para los cristianos coptos no poseen estas grafías? En todos ellos se desfiguraron los rostros de los dioses y machacaron los jeroglíficos pero no insertaron cruces simplemente porque aún no habían sido inventadas.

Una de las cruces pateadas del templo de Isis en Philae

Resulta curioso comprobar, además, cómo el padre espiritual de los templarios, san Bernardo de Claraval, dio vida a este culto por sentirse “un auténtico caballero de María”. Proclamó la Segunda Cruzada desde la Abadía de Vézelay, actualmente conocida como Basílica de Santa María Magdalena, en cuyo tímpano es bien visible una escena del Juicio Final claramente inspirada en Egipto. Muestra un grupo de figuras, alargadas e inquietantes, a la izquierda de Cristo –que preside la escena–. Junto a él un ángel pesa en una balanza a dos hombres, decidiendo su destino, mientras un demonio intenta inclinar el artefacto hacia su lado. A la izquierda avanzan en fila los condenados, que con el rostro desencajado, se dirigen hacia una criatura de grandes fauces que devora a los pecadores. Vamos, como la representación del pesaje de las almas del Libro de los Muertos. ¿Casualidad? De nuevo, lo dudo.

 

Este fragmento es extraído del reportaje Egipto, entre tumbas, dioses y reyes, del número 259 de la REVISTA ENIGMAS. 

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