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El enigma del Códex Bezae

Miércoles 21 de Septiembre, 2016
El hallazgo de un antiguo códice reabre la polémica sobre el Priorato de Sión. Por Josep Guijarro

El misterio de Rennes-le-Château se fundamenta en el hallazgo de unos pergaminos ocultos en el altar de la iglesia de esta pequeña localidad del sur de Francia. Fueron descubiertos por el cura de la aldea, François Berenguer Saunière, en 1891 y parecen ser el origen de su inmensa riqueza. Parece obvio, pues, que estos documentos tienen una importancia capital en la solución del enigma. En la actualidad, sin embargo,  se desconoce su paradero. Según la versión más extendida fueron pasto de las llamas en un incendio que asoló el ayuntamiento de la pequeña localidad aunque, en los años ochenta, un polémico personaje que decía ser Gran Maestre del Priorato de Sión, Pierre Plantard, aseguró haberlos vendido a un súbdito belga llamado Jean Luc Chaumeil.

Según una valiosa información que obra en mi poder, el 17 de julio de 1965, Pierre Plantard remitió por correo una copia de estos pergaminos al fallecido Gèrard de Sède, autor del libro que dio a conocer internacionalmente el enigma dos años más tarde. Me refiero a El  oro de Rennes.

En su ensayo, de Sède asegura que los documentos hallados por el cura resultaron ser tres genealogías; una data de 1243 y posee el sello de Blanca de Castilla, la segunda es del año 1608 de Françoise-Pierre d'Hautpoul y la tercera de Henri d'Hautpoul de 1695, ninguna se ha hecho pública salvo una cuarta, una acta del canónigo Jean Paul Nègre (1753).

En ellos figura un misterioso anagrama que reza: “A DAGOBERTO II REY Y EN SION SE ENCUENTRA ESE TESORO Y SE ENCUENTRA LA MUERTE” Y: “BERGERE SIN TENTACIONES QUE POUSSIN TIENE GUARDADA LA LLAVE PAX DCLXXXI POR LA CRUZ DE ESE CABALLO DE DIOS QUE ANIQUILO ESE DEMONIO DE GUARDIA A LAS DOCE MANZANAS AZULES”. Vamos, un verdadero galimatías que, sin embargo, no fue impedimento para que en los ochenta se cimentara en torno a él la idea de una sucesión dinástica que tendría su origen en David, continuaría en Jesús, pasaría por los merovingios (ver recuadro) y llegaría hasta la actualidad.

¿Revisión o revancha?
Veinte después de la publicación de El Oro de Rennes, Gérard de Sède ofreció una versión actualizada del espinoso asunto en El misterio de Rennes-le-Château. Allí se muestra especialmente crítico con el asunto de las genealogías y reproduce en sus páginas el cuarto documento, hasta entonces en posesión del hotelero Noël Corbú, depositario de las posesiones de Saunière al hacerse cargo de su heredera legítima, su fiel ama de llaves, Marie Denarnaud.

Se trataba de varios versículos en latín del Evangelio de San Juan (12, 1-12) que relatan la recepción de Cristo en Bethania –donde es recibido por Lázaro, el resucitado, Marta y María Magdalena- y de un compendio de versículos de Lucas (6, 1-15), Mateo (12, 1-8) y Marcos (2, 23-28), donde se presenta a los discípulos de Jesús, hambrientos, recogiendo espigas un sábado que, como es sabido violaba la festividad judía, el Sabbatt, y por consiguiente estaba prohibido.

La razón por la que el escritor galo se mostraba tan escéptico residía en un conflicto de intereses económicos con Pierre Plantard. Al parecer –según la correspondencia a la que he tenido acceso- el Gran Maestre del moderno Priorato de Sión le reclamaba el 35% sobre los derechos de autor de dos de sus libros a los que habría contribuido aportando información sustancial. Sagaz, Pierre Plantard había registrado a su nombre los derechos a finales de enero de 1966 (número de registro n°H 27276) y ambos terminan enemistándose.

Es así como en El misterio de Rennes-le-Château de Sède reconoce que “han surjido ciertos personajes que, aparentemente, por puro placer y no se sabe demasiado con qué objetivos, se han dedicado a embrollar los datos del problema –y, añade- que el argumento que preside la producción de los diversos ‘apócrifos de Rennes’ es siempre el mismo, lo que permite suponer (...) que provienen de un mismo taller, si no del mismo autor”.

Previamente un misterioso personaje que decía ser el marqués Philippe de Chérisey había dirigido una carta a Plantard advirtiéndole que Gèrard de Sède estaba en posesión de una caja de archivos del Priorato de Sión y que “prepara un libro contra nosotros”.

Este misterioso Chérisey que parece estar del lado de la “sociedad secreta” aparecerá en el libro mencionado realizando una sorprendente confesión:

 “Me dirigí a Rennes-les-Bains en 1961 y habiéndome enterado que después de la muerte del abate [Saunière] el ayuntamiento de Rennes-le-Château se había quemado [con sus archivos], aproveché la oportunidad para inventar que el intendente había hecho una copia de los pergaminos descubiertos por el abate. Entonces (...) he dispuesto a componer un calco codificado y a descifrar yo mismo lo que había codificado. Finalmente, hacía llegar a Gérard de Sède indirectamente el fruto de mis estudios”.

Nuevos hallazgos
Los documentos, entonces, ¡son un fraude!

Esto puede parecer al lector no avezado a las intrigas de Rennes y el Priorato de Sión pero la realidad es mucho más complicada porque, según un documento obtenido por el investigador Paul Smith, Philippe de Chérisey es en realidad el pseudónimo que había de figurar en la cabecera de El oro de Rennes. Este nombre escondería a de Sède y Plantard según consta en el contrato que habían suscrito con el director de ediciones Julliard, Christian Bourgois.

¿Qué pasa entonces? ¿Qué credibilidad tienen los pergaminos?

Un reciente descubrimiento acaba de dar un vuelco inesperado al enigma de Rennes-le-Chateau.

En octubre de 2005, Wieland Willker, un investigador de la universidad de Bremen, en Alemania, realizó un descubrimiento asombroso mientras consultaba el fondo de archivos de la Universidad de Cambridge. Constató como el cuarto pergamino era, en realidad, parte de un viejo códice conocido como el  Codex Bezae Cantabrigiensis. Tiene este nombre en honor a su descubridor Theodore Beza quién en el siglo XVI lo halló en un monasterio de Lyon y lo entregó a Cambrigde en 1581. Se sabe que en 1864 Frédéric H. Scrivener lo redescubrió y publicó el texto completo en un facsímil que vería la luz en el año 1899.

El códice Bezae está escrito en griego y en latín. La grafía griega ocupa las páginas pares (a la izquierda) y el texto en latín en las páginas impares (derecho). Frédéric H. Scrivener lo dató como un documento del siglo IV o V. Algunos estudios paleográficos confirman esta deducción, y asumen su datación entre los años 380 y 430. Hay muy pocas menciones a estos evangelios pero una de las más significativas aparece en 1545 durante al concilio de Trento, donde es presentado por un obispo.

Con independencia de su contenido –que enseguida analizamos- hay una llamativa conexión entre el códice y el cura de Rennes-le-Château ya que según ha comprobado Willker, un profesor del seminario de Saint Sulpice, un tal E. Vigouroux, reprodujo en el Dictionnaire de la Biblia,
Tomo 1,  la cita del Códice Bezae correspondiente a Lucas 6:1-9, una de las que figura en el manuscrito de Saunière. ¿Explica esto su visita a Saint Sulpice? Es más que probable.

Analizando el texto
Ya he mencionado que el códice con los evangelios de Mateo, Juan, Lucas y Marcos, procede según todos los indicios de la región de Lyon. Algunos versos de la parte latina se aproximan a la martirología de Adon, escrita en esa ciudad en el siglo IX. También algunos fragmentos del códice parecen haber sido reescritos parcialmente en ese tiempo. El códice de Bezae, según R. L Mullen, habría llegado a Francia procedente de Constantinopla en el siglo VII y, después, habría sido modificado en Lyon en base a un manuscrito traído por San Irineo de Smyrna.

Pero si enigmático es su origen más aún lo es su contenido que está en discordancia con los evangelios canónigos.

Conviene señalar particularmente el pasaje que constituye la base del pequeño pergamino hallado por Saunière. Aparece precedido de una marca en el manuscrito, curiosamente en el lugar que plantea un problema de concordancia con los pasajes de Mateo y Marcos (Marcos. II, 23-28, Mateo. XII, 1-8). En él leemos la frase “ET FACTUM EST EUM IN SABBATO SECUNDO-PRIMO” que significa “Sin embargo llegó el día del Sábado Secundo-Primo”. Las dos palabras finales (Secundo-Primo) son un término cronológico que entra en contradicción entre los evangelios de San Mateo – Marcos y el de Lucas.

Si reparamos en sus iniciales S.P podrían dar origen al creador del pergamino de Saunière a la confusión con el Priorato de Sión (P.S) ¿Querían poner el acento en esta anomalía evangélica?

El estudio comparativo efectuado por Wieland Willker  concluye que el pergamino de Rennes se inspiró claramente en el Códice Bezae, sino en su original muy probablemente en una copia facsímil. Esta afirmación contrasta con las conocidas declaraciones de Phillipe de Chérisay quien adujo haber utilizado un texto de la Vulgata para componer el pequeño pergamino. ¿Qué interés podía tener Chérisey para mentir en este punto? ¿O es que acaso no fue él su redactor?

Willker asegura que quien escribió el pergamino de Rennes confundió algunas letras y escribió “C” en lugar de la “E” y la “G” por la “C”. El estudioso alemán no sabe si son errores deliberados que puedan esconder un código o, por el contrario fueron copiados erróneamente a causa de que la fuente era difícil de leer. En cualquier caso parece que su autor no estaba totalmente familiarizado con latín.

Presta atención, finalmente, en las últimas líneas que contienen las palabras REDIS y BLES. Están escritas por separado del texto principal. La primera puede aludir al nombre visigótico de Rennes que deriva de "Rhedis" o "Rhedae". BLES por su parte significa maíz y se interpreta como el modismo para el "dinero", el tesoro".

Todo indica que ni de Sède ni su “socio” Plantard, pudieron tener acceso a esta documentación inédita. ¿Quién redactó entonces los documentos? ¿Fue el antecesor de Saunière?

De ser así no se explican los errores en el latín –Antoine Bigou, y otros curas de la época lo dominaban- salvo que guardaran una intencionalidad. Tampoco se explica que la lectura en vertical del texto mencionara la palabra SION mucho antes de que esta sociedad fuera registrada por Plantard en 1956. El enigma, pues, continúa.

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