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¿Existe relación entre la Sábana Santa y la Virgen de Guadalupe?

Lunes 15 de Mayo, 2017
Fernando Ojeda Llanes expone en su última obra las analogías entre los dos lienzos más controvertidos de la cristiandad y explica a Enigmas las claves de sus investigaciones en torno a la patrona de México

A pesar de la distancia, hoy día es posible charlar a través de la pantalla con cualquier persona del planeta sin importar su ubicación. Esos kilómetros físicos pueden esfumarse cuando quien está al otro lado responde con cercanía e interés sincero. Es el caso de un hombre con permanente sonrisa y entusiasmo por su trabajo que nos ha concedido una entrevista para hablar de sus fascinantes investigaciones, apenas difundidas en España. Es el investigador mexicano Fernando Ojeda Llanes, contador público, maestro universitario, articulista y profesional de las finanzas, que aplica sus conocimientos matemáticos al estudio de la Virgen de Guadalupe de México.

Su interés por la venerada imagen comenzó en los años 90, coincidiendo con el proceso de beatificación del indio Juan Diego, el protagonista de las apariciones marianas en el cerro del Tepeyac y el dueño del ayate en el que, según la tradición, se imprimió la efigie de la Patrona de México. Con ocho libros en su haber, este miembro del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos ha viajado a distintas partes del mundo –como Roma, Jerusalén o Alejandría– para dar a conocer sus hallazgos. Precisamente, en un viaje a Tierra Santa fue donde surgió su interés por comparar la imagen de la Guadalupana con la del hombre de la Sábana Santa.

Fue en el año 2011 cuando Fernando Ojeda se desplazó hasta Jerusalén para impartir una conferencia en el Instituto Pontificio de Notre Dame de la capital israelí. Allí tuvo la oportunidad de visitar una exposición de la Sábana Santa y de familiarizarse con los estudios del botánico Avinoam Danin, de la Universidad de Jerusalén, que ha fallecido recientemente y con quien el mexicano ha compartido investigaciones y correspondencia en los últimos años. Aquel viaje generó su deseo de estudiar la Síndone y, más concretamente, “las analogías que pudiera tener con la imagen de la Virgen de Guadalupe”, nos explica. Fernando Ojeda está convencido de la autenticidad de ambas reliquias y de su carácter sobrenatural, aunque lo que ha tratado de hacer en sus estudios, asegura, ha sido “aplicar matemáticas a la Sábana Santa y ver si tiene la proporción áurea”, una tarea que también ha desarrollado con respecto a la imagen de la Guadalupana.

En los últimos cuatro años ha estudiado a fondo muchos trabajos centrados en la Síndone, especialmente el del consabido equipo STURP en 1978. “Tuve el gusto de conocer a quien fuera fotógrafo oficial del citado equipo, Barrie Schwortz, que conserva una gran cantidad de manuscritos de los estudios originales”, asegura. Y añade que, gracias a investigaciones previas y a las suyas propias, ha localizado veinte analogías entre las dos reliquias que más le atraen, datos que expone en su último libro: La Virgen de Guadalupe y la Sábana Santa, una investigación de sus analogías.

PROPORCIÓN ÁUREA
Antes de embarcarse en la comparativa de ambos lienzos, Ojeda Llanes había aplicado a la imagen de la Virgen de Guadalupe los descubrimientos de Euclides y de su rectángulo áureo. Se trata de una figura geométrica cuya proporcionalidad entre todos sus lados es igual al número áureo: 1,618. Este número, cuyos decimales continúan reproduciéndose infinitamente, fue descubierto en la Antigüedad como una construcción geométrica presente en la naturaleza y, más concretamente, en los seres vivos. Desde entonces, también ha sido utilizada por el hombre en distintas manifestaciones artísticas; así, hallamos la proporción áurea en el Partenón ateniense, en obras de Dalí, Durero, Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci; en creaciones de Mozart, Schubert o Beethoven y hasta en series y películas. Fernando Ojeda ha determinado que la imagen de la Virgen mexicana está encuadrada dentro del rectángulo áureo de Euclides.

Expone que “haciendo una sencilla división entre su altura –1,70– y su base –1,05–, el resultado es 1,618. Es decir, la imagen de la Virgen de Guadalupe tiene la proporción áurea, es un rectángulo perfecto.

Además, haciendo en el interior de este rectángulo otros cuadros y rectángulos perfectos más pequeños, se puede observar cómo éstos reafirman el balanceo de las figuras y partes más importantes”. A raíz de su investigación sobre la guadalupana, quiso saber si la reliquia conservada en Turín tiene también la proporción áurea. Fernando Ojeda nos explica que “científicos como Le Corbusier, Davis o Altevoct, comprobaron que, dividiendo las medidas de la altura que se obtenga de una persona adulta media, desde la planta de los pies a la parte final de su cabeza, entre la medida de la planta de los pies al ombligo, se obtiene la proporción áurea: 1,618. Aplicándolo al cuerpo del hombre de la Sábana Santa, tenemos que su altura –1,80– entre la distantia de la planta de sus pies al ombligo –1,11– da como resultado 1,618”.

Otra de las semejanzas clave que observa en ambas piezas es la relación que tienen con las flores. A lo largo de estos años el investigador mexicano ha mantenido una estrecha relación, como señalábamos, con el botánico Avinoam Danin, que ha dedicado parte de su trayectoria profesional, junto a otros estudiosos como Alan Whanger, a defender la presencia de imágenes de flores en la Sábana Santa. “Se encontraron 28 especies diferen tes que fueron identificadas con las naturales de la flora de Israel, varias de éstas en partes diferentes del cuerpo, pero las más relevantes fueron colocadas alrededor de la cabeza, formando como una diadema o corona. Se puede observar que las flores de referencia fueron colocadas sin los tallos, de tal manera que una por una se le retiraron sus ramas”, defiende. Danin explicaba esta presencia de flores aludiendo a una antigua costumbre judía que consistía en que todos los objetos manchados con sangre del fallecido en el momento de su muerte tenían que colocarse junto al cuerpo, en el sepulcro. Si algún familiar del hombre con el que, supuestamente, se envolvió la reliquia, puso flores en contacto con el moribundo, luego las enterró junto a él y quedaron sus huellas en el lienzo. También en el caso de la Patrona mexicana aparecen flores. Además de tenerlas en la imagen, para Ojeda Llanes las flores, en general, son de una importancia capital en el acontecimiento guadalupano. Atendiendo al relato contenido en el Nican Mopohua, documento histórico en el que se narran los hechos, la Virgen que se le apareció a Juan Diego le pide que suba al Tepeyac, corte las flores que encuentre y se las lleve. Después, la Virgen las acomoda en la tilma del indio y le pide que lleve la señal al obispo Zumárraga. Cuando Juan Diego extiende la tilma ante el religioso, al dejar caer las flores se imprime la imagen. Fernando Ojeda continúa relatando en su obra otras analogías que le han marcado, algunas entroncando de lleno con las polémicas que perviven entre defensores y detractores de ambas reliquias. Por ejemplo, el mexicano defiende que “ninguna de las dos presenta huellas de pincel o de haber sido pintada. Muchos especialistas han estudiado la imagen de la Virgen de Guadalupe para tratar de explicar cómo se imprimió y todavía no lo han descubierto. Por ejemplo, un trabajo realizado con fotografías infrarrojas por Phillip Serna Callahan, concluye que todo el rostro es de pigmentos desconocidos. La técnica artística aplicada al cuerpo y al rostro es inexplicable. No existe bosquejo, preparación, o sobre capa”.

Aún así, Fernando Ojeda Llanes reconoce que existen retoques posteriores que han tratado de conservar la reliquia, como una corona en la parte superior de la Imagen, por lo que hay que aclarar que la imagen inexplicable se circunscribe a la Virgen y no a esos retoques que hayan podido hacerse con posterioridad. En cuanto a la Sábana Santa, recuerda que “el equipo de científicos STURP invirtió 120 horas de estudio directo durante cinco días. Después de tres años de trabajo exhaustivo y evaluación de los datos obtenidos durante sus investigaciones, emitieron su informe final en octubre de 1981, donde expusieron que no se habían encontrado en las fibrillas de la Sábana Santa pigmentos, pinturas, tintes o manchas”.

 El investigador mexicano también cuenta en su obra que “la tela en la que se imprimieron ambas imágenes es de origen natural de su propia localidad. En el caso de la Virgen de Guadalupe, la tilma está tejida con agave de una especie que no se ha podido determinar, dictaminado por el doctor Ignacio Ochoterena de la Universidad Nacional Autónoma de México”. Con respecto a la Síndone, explica que “se ha comprobado que la tela es de lino puro, tupido y opaco, tejido en forma de espiga de pez, de una planta herbácea de la familia de las lináceas usada desde la antigüedad”.

Para continuar con este viaje iniciático que nos propone Ojeda Llanes,  debemos profundizar en sus estudios en relación a la imagen de Guadalupe.

LA TILMA A LA LUZ DE LAS MATEMÁTICAS
Pitágoras, uno de los padres de las matemáticas, dividía ésta, a su vez, en cuatro disciplinas: aritmética, geometría, astronomía y música. Se trata de las distintas vías, tal y como explica Fernando Ojeda, que ha utilizado para analizar la tilma venerada en la ciudad de México. Si bien no son los únicos trabajos que ha aportado. En relación a la aritmética, a los números, el primer aporte realizado por el mexicano fue estudiar las tan traídas y llevadas figuras que, supuestamente, aparecen en los ojos de la Virgen de Guadalupe, cuestión popularizada en nuestro país por Juan José Benítez y su libro El Misterio de la Virgen de Guadalupe. Fernando Ojeda Llanes ha analizado desde una óptica matemática las imágenes del estudioso José Aste Tonsmann, quien en sus investigaciones defendió haber hallado hasta 13 personajes en los ojos de la figura. El mexicano ha estudiado las fotografías de Tonsmann de las amplificaciones de los ojos donde se ven los personajes. “Efectué un mapeo tomando las medidas de distancia de cada uno de los trece personajes y sus respectivos tamaños en milímetros. El mapeo respectivo lo realicé por cada uno de los dos ojos porque las posiciones y tamaños de los citados personajes son diferentes, en virtud de que la Virgen tiene inclinada su cabeza hacia su derecha y es obvio que los personajes que aparecen en sus ojos tienen posiciones y tamaños diferentes en cada ojo. Realizadas las medidas en un mapa de cada uno de los ojos y las escenas respectivas, apliqué la fórmula estadística de la correlación matemática de Pearson, considerando como variable “x” los datos de las medidas en milímetros del ojo derecho y como variable “y” las del ojo izquierdo. El resultado de la correlación fue del 98,44%”, expone. Ojeda, que explica estos estudios en su obra Decodificando el Tepeyac, se trata de la prueba de que los personajes no son manchas ni ilusiones ópticas. Precisamente, este extremo también une a la Guadalupana y al hombre de la Síndone. El mexicano recuerda las imágenes tridimensionales de Francis Filas, “quien descubrió la figura de dos monedas sobre los ojos, identificadas como leptones acuñados en el 29 d. C. por Poncio Pilatos”, añade.

CONSTELACIONES EN EL MANTO DE LA VIRGEN
Quizá una de las aportaciones más significativas de Fernando Ojeda Llanes ha sido el análisis de las estrellas del manto de la Virgen mexicana. Durante dos años, Fernando Ojeda estudió astronomía de la mano de los astronómos Eddie Salazar y Daniel Flores, quienes han revisado cada uno de sus pasos en este campo. Si bien el estudio de las estrellas del manto fue iniciado en los años 80 por Homero Hernández y Mario Rojas, Ojeda se propuso continuarlo a la luz de los conocimientos astronómicos actuales. Gracias al software Redshift, el especialista ha identificado y analizado las 46 estrellas presentes en la imagen original. Así, asegura que “están colocadas en el manto en forma asimétrica y precisamente en el orden que tenían las constelaciones en el cielo a las 6.45 de la mañana del 12 de diciembre de 1531, momento en que se imprimió en la tilma de Juan Diego cuando, conteniendo las flores, la extendió en presencia del obispo Zumárraga”. Llanes defiende esta hora como el momento de la impresión de la imagen tras estudiar en fuentes antiguas el recorrido hecho por el indio Juan Diego aquella noche; investigar satelitalmente las distancias que tuvo que recorrer; y reproducir el itinerario con varias personas de la edad aproximada del indio. Además, según explica, “posicionado el planisferio Redfshift a las 6.45 de la mañana de aquel día y utilizando las coordenadas de la ciudad de México, las constelaciones que estaban en el cielo en ese momento son las mismas que aparecen impresas en el manto y que son las siguientes: en la parte correspondiente al lado de la mano derecha en posición Norte: Bootes, Canes, una estrella de Dragón, Osa Mayor, una estrella de Lince y Auriga. En la parte del lado correspondiente a la mano izquierda en posición Sur: Ophiucus, Libra, planeta Júpiter, Escorpión, Centauro, Cruz del Sur y una estrella de Carina”.

Cabe destacar una curiosidad: “la imagen no trajo corona, aunque muchos artistas la copien pintándola con ella. Pero en el plano celeste de las 6.45 de la mañana del 12 de diciembre de 1531 si colocamos la imagen en la posición de sus constelaciones en el manto, se puede observar con toda claridad que la constelación ‘Corona Boreal’ se encuentra encima de su cabeza. Es el cielo quien la corona con sus estrellas”. Esta es otra de las semejanzas que defiende. Ambas, asegura, están coronadas. La Síndone por las flores que centraron la investigación de Avinoam Danin y la Virgen por la “Corona Boreal”. En relación con la Guadalupana, según Ojeda, si las estrellas representan constelaciones, las grandes flores del manto, denominadas tepetl, ocupan nada más y nada menos que la posición de los principales cerros y volcanes de la orografía mexicana. El experto asegura que “continuando con una hipósesis anterior del padre Mario Rojas, me puse a la tarea de continuar con esta línea de investigación. Tomando la posición de los diferentes cerros y volcanes de México, dibujé un mapa con la posición que guardan las 10 flores tepetl en el vestido. Con los software satelitales de internet Google Earth se pueden localizar los siguientes: la Malinche, el Papayo, el Iztaccihuatl, el Popocatépetl, el Cerro del Tepeyac, el Jocotitlán, el Valle de Bravo, la Sierra de Temascaltepec, el Nevado de Toluca y el Chichinautzin. Y correspondiente a la única flor de cuatro pétalos que hay en el manto: el Huizachtepetl o Cerro de la Estrella”. Llanes seleccionó estos lugares tomando en cuenta la posición proporcional que guardan en relación a las flores del vestido de la Virgen. Así, haciendo un mapa con la posición que tienen en la orografía los citados cerros y volcanes y midiendo sus distancias; y por otro lado, realizando otro mapa que une con líneas las flores tepetl y la flor de cuatro pétalos del vestido, y midiendo sus distancias, obtuvo una correlación entre ambos de un 95,23%, lo que significaría que los cerros y las flores tienen prácticamente la misma distancia y posición proporcional.

LA MÚSICA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE
El experto nos explica que “Pitágoras mencionaba que donde hay simetría perfecta hay música, así que razoné lo siguiente: si las estrellas del manto son las constelaciones del cielo del momento de su impregnación; si las flores del vestido representan proporcionalmente a los principales cerros y volcanes de la orografía de México, y si toda la imagen guarda la proporción áurea, entonces tiene simetría perfecta, por lo tanto tiene música”. Con una gran fe en su razonamiento, Ojeda Llanes diseñó un modelo matemático reduciendo a tamaño carta el original de la imagen, respetando al milímetro las proporciones, y colocó a la Virgen dentro de un rectángulo áureo. Después, el investigador trazó líneas verticales teniendo en cuenta las 46 estrellas del manto. Así, trazó 23 desde el centro hacia la izquierda, y otras 23 desde el centro a la derecha, con espacios idénticos entre ellas. En esos espacios quedaron estrellas y flores con sus distintas posiciones, por lo que Fernando estimó que representan notas musicales. Asegura que “con base a este modelo matemático contraté a un experto músico, quien, en forma proporcional, colocó encima del  rectángulo áureo que cubría la imagen el dibujo de un piano, cuidando de poner en el centro el ‘do’ central, de tal manera que el dibujo proporcional del piano, proveniente de uno de tamaño natural, nos señalaba la respectiva nota musical. Fueron dibujadas cada una en un cuaderno pautado, respetando milimétricamente la posición exacta de las estrellas y de los centros de las flores”. Más tarde, metieron las notas en un programa musical en el ordenador y se sorprendieron al descubrir que tenían armonía y que juntas formaban una bella melodía. Actualmente, y con los debidos arreglos, la música de la imagen de la Virgen de Guadalupe descubierta por Fernando Ojeda Llanes está siendo utilizada por distintos artistas y escuchada a través de discos y de Internet en todos los rincones del mundo.

Interrogando al autor sobre los supuestos fraudes que, según algunas voces, acreditan a la imagen de la Virgen de Guadalupe, el experto asegura que “quien hace estas afirmaciones tiene que demostrar con pruebas que lo que dice es verdad y que la imagen es un fraude. Todos hablan pero no fundamentan. Yo todo lo que he dicho lo he fundamentado a través de distintas vías y mis trabajos son revisados como si de una tesis doctoral se tratase”. Por otro lado, nos asegura que hay muchas cosas que se dicen sobre la imagen que no son ciertas y que hay que aclarar, como que flota, que su temperatura es la misma que la de un cuerpo humano en estado normal, que se escuchan sus latidos o que mueve los ojos. Ojeda Llanes lucha contra estas falsedades y trata de dar a conocer, a través de sus libros y conferencias, lo que para él sí son descubrimientos extraordinarios. A pesar de que aplica el método científico a sus trabajos, no esconde que para él, tanto la Sábana Santa como la Virgen de Guadalupe son “símbolos de fe y de devoción, y señales de la existencia de Dios”. Dicen que la objetividad no existe, pero sí la honestidad. En el caso de Fernando Ojeda Llanes, la honestidad asoma en sus ojos y con su trabajos trata de dar a conocer aquello en lo que cree y que incumbe a dos objetos que, hoy, y con todos sus argumentos a favor y en contra, continúan siendo un misterio.

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