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Felinos misteriosos

Lunes 25 de Septiembre, 2017
Son numerosos los avistamientos de grandes felinos en la Galicia profunda, al igual que los ataques de desconocidos depredadores al ganado, lo que ha llevado a ciertos zoólogos a plantear la posibilidad de que en el noroeste peninsular perviva una criatura todavía sin catalogar.
Texto y Fotos Miguel Losada

Al occidente de la Cordillera Cantábrica se extiende el Macizo Galaico, una intrincada y laberíntica sucesión de sierras y valles frondosos tapizados por bosques inmemoriales que cubren escarpadas laderas, muchas de las cuales nunca han sido habitadas por el ser humano. Las zonas más altas, verdaderas Highlands galaicas, han conservado el recuerdo de la existencia de unos seres temibles: animales fuertes y ágiles con la potencia necesaria como para atacar y matar a una res aún cuando está protegida por los altos muros de piedra de los establos serranos.

Ciertas construcciones en la sierra podrían ser los últimos vestigios materiales de la presencia de esta sombra, que quizá ha dejado una huella indeleble en el folclore de la región. Se trata de O Queixa, una ralea antigua de seres nocturnos y feroces capaces incluso de dar caza a la presa más valiosa: el ser humano. Para algunos, es un animal que todavía existe en determinados recónditos valles, enclavados en unas sierras con nombres que aluden a O Queixa.

De hecho, en los últimos años han tenido lugar extraños ataques al ganado lanar y avistamientos de criaturas que nada tienen que ver con la fauna de la zona. Destacan aquellos incidentes en los que carneros que sobrepasaban los ochenta kilos de peso, murieron como consecuencia de la embestida de un animal que, al amparo de la noche e inexplicablemente, logró superar los muros de establos de varios metros de altura. Por otro lado, vecinos y cazadores han encontrado bestias a las que «algo» había comido únicamente su cerebro, y otros aseguran haber observado en los montes gallegos a un león o un gato de enorme tamaño.

Espoleados por la perplejidad nos dirigimos al encuentro de testigos y lugares, para tratar de desentrañar el misterio en torno estos casos. El señor Jesús, de la Alberguería; Manuel Fernández; Ramona Álvarez; Magín Álvarez; Virgilio López; Rafael Castro; Félix y Castor Castro Vicente, así como Eugenio Karkallón, fueron los principales informantes, asesores o testigos de mi investigación. A todos ellos les agradezco su colaboración, aunque en ningún caso son responsables de las opiniones vertidas en este artículo.

LEONES EN LA GALICIA PROFUNDA
El primer caso que examiné ocurrió en la población de Pobra de Trives (Ourense) a finales del verano de 2014. Un grupo de ovejas murió a causa de un ataque, incluido un carnero de más de ochenta kilos, como explicamos anteriormente. El o los agresores obligatoriamente debieron saltar un muro de mampostería seca, bien trabado y de unos cuatro metros de altura. El desconocido atacante arrastró e intentó sacar a su víctima fuera del recinto. Sin duda, debe tratarse de un carnívoro de buen tamaño, sigiloso, solitario, nocturno, especialmente ágil y aparentemente selectivo.

Durante los meses siguientes se produjeron varios ataques más en la misma zona, de los que resultaron graves pérdidas en la cabaña lanar de la comarca. En otro suceso, acontecido también a finales de 2014 en una explotación de Vilariño de Conso, ayuntamiento perteneciente a la misma zona montañosa, un agresor, amparado en la penumbra matutina, superó limpiamente un vallado metálico de gran altura para introducirse en una nave donde se resguardaba un rebaño de ovejas y cabras. Alertados por el balido de las reses, los propietarios llegaron en el momento de ver a un cuadrúpedo de mediano tamaño y parecido a un perro, que relacionaron con «un lobo muy ágil».

También en 2014, pero esta vez a principios de año, alguno de los escasos vecinos de los alrededores del pueblo de La Alberguería, en la periferia oeste del mismo macizo montañoso escenario de los demás incidentes, asistieron una mañana al paso fugaz de un animal que por su aire felino, pelaje pardo claro y robustez les recordaba a una leona. En este punto cabe destacar que precisamente en el mismo territorio encontramos topónimos como Monte de la Leona o Regato de la Leona.

En el pueblo orensano de Randín, una zona relativamente alejada de La Alberguería, pero también en el sur de Galicia, los investigadores Félix y Castor Castro Vicente recogieron el encuentro de un vecino llamado Dimas con un par de leones que cruzaron la carretera. Por otro lado, me llegó la información de que varios peregrinos que hacían el Camino de Santiago contemplaron a su paso por La Alberguería un gran lobo de aspecto poco común.

Varios años atrás, en 2011, se produjo un extraño encuentro en el solitario y abandonado monasterio del Bon Xesús de Trandeiras, al sur de la provincia de Ourense.

Una tarde de verano, el investigador Eugenio Karkallón estaba en la umbría parte trasera del monasterio, cuando contempló un gran felino moteado de hermosa cara y robusto cuerpo que superaba ampliamente el metro de longitud, excluida su larga cola. Años antes, en las alturas del Macizo Central orensano, un extraño caso perturbó la tranquilidad de los propietarios de una explotación caprina dedicada a la cría de cabras de Cachemira, la Cooperativa Aceveda.

Muchos animales jóvenes fueron atacados y asesinados por una criatura que sólo se comió sus cabezas. Algunos también presentaban un orificio en el cuello.

ANÁLISIS GENÉTICOS
Las agresiones a las que hemos hecho referencia suceden durante la noche, y en las mismas el atacante solitario debe superar alguna barrera vertical de extraordinaria altura, luego mata a algún animal e intenta sacarlo del recinto en el que se encuentra. Resulta evidente que el «sospechoso habitual» en una zona montañosa y ganadera es el lobo, sin embargo los incidentes que nos ocupan poseen características diferentes, puesto que los lobos actúan en grupo y perfectamente coordinados. Aun en el caso de que se tratara de perros asilvestrados, éstos no sienten ninguna predilección por la cabeza de las víctimas. La estrategia de los depredadores consiste en producir muchas bajas para asegurarse alguna presa al final de la acción. Su objetivo es el acopio de carne, no los sesos de las víctimas.

Perros asilvestrados y lobos son pues poco selectivos a la hora de escoger presas entre la cabaña doméstica. En cuanto a los zorros, son cazadores generalmente solitarios, aunque en algunas ocasiones se han dado casos de ataques colectivos, de hasta cuatro ejemplares, a un rebaño de ovejas. Esto le ocurrió a los animales de Julio Pita, vecino de la parroquia lucense de Ansemar (Castro de Rei), en febrero de 2012, según una noticia del diario El Progreso publicada el día seis de ese mes. Así pues, la cuestión estriba en averiguar si al menos ciertas agresiones pueden atribuirse a algún carnívoro diferente de los «sospechosos habituales » y, por lo tanto, debemos considerar la presencia de un animal desconocido entre los que integran la fauna de la región.

A este respecto, es necesario tener en cuenta que un buen número de estos incidentes quedan sin resolver. En general, la falta de medios para abordar las investigaciones, que deben ser muy rápidas para resultar efectivas, hace que muchos afectados ni siquiera presenten denuncia ante las autoridades, pues las expectativas de recibir alguna clase de indemnización son escasas. Sobre todo porque los ganaderos tienen que conservar los cuerpos de los animales atacados en el monte, a veces más de un día, lo cual no es tarea sencilla.

En este sentido, podemos mencionar que, según un reciente estudio desarrollado en el País Vasco por investigadores del Grupo Lobo de Euskadi y de la Estación Biológica de Doñana, tras analizar las heces de lobos y perros asilvestrados, se ha descubierto que sólo el 3% de los ataques a ovejas son imputables a lobos, mientras que el 36 % corresponden a perros. Pero más interesante todavía es que en más de un 30% de casos no se pudo identificar genéticamente a la especie animal a la que correspondían las heces. ¿Estamos, por tanto, ante la existencia de una criatura desconocida?

ZOÓLOGOS TRAS LA ELUSIVA CRIATURA
De las circunstancias expuestas se deduce que el animal en cuestión debe ser bastante fuerte, sigiloso, inteligente y fundamentalmente nocturno. En cualquier caso, su número sería escaso, ocupando grandes territorios por los que circularían de modo continuo para encontrarse ocasionalmente con otros ejemplares. De otro modo, su presencia sería mucho más patente. Teniendo en cuenta las características de los ataques y los avistamientos recopilados, parece que se trata de alguna clase de felino: un poderoso carnívoro capaz de trepar en vertical, realizar grandes saltos y arrastrar a sus presas aunque sean muy pesadas, siempre sirviéndose de sus dotes para el sigilo y el acecho, generalmente en medio de la oscuridad. Pero, ¿hay referencias documentales de la existencia de esta clase de animales en Galicia y en otras zonas del norte peninsular? La respuesta es rotundamente sí. Quizá la más antigua de las referencias es la que nos legó en el siglo XIII el rey Alfonso X El Sabio. En su obra El Libro de las Leyes trata el asunto dentro de un contexto de notable cotidianidad. La posibilidad de que un «lobo cerval» –nombre que se le daba al lince boreal, felino predador de tamaño medio, nativo de los bosques europeos y siberianos–, entre otros animales posibles, atacase a alguna persona, tenía como consecuencia jurídica la asunción del coste de la subsanación de los daños causados por parte del que tuviera al animal en su poder, si ese era el caso. En circunstancia de muerte de la persona afectada, se fijaba una indemnización de doscientos maravedís.

En diciembre de 2010, el naturalista y divulgador Alberto Rivero publicaba en su encomiable Fauna vertebrada de Ourense la posible relación entre el nombre de una sierra gallega y un ser extraordinario: O Queixa. El investigador José Piñeiro Maceiras ha tratado el tema en su más que interesante trabajo El lobo cerval: notas etnográficas, y más detalladamente en su libro El lince del noroeste y las montañas galaico leonesas, del cual extraemos la siguiente reflexión, que el propio autor también comparte en su blog Tsobu de Laciana: «La idea errónea radica en pensar que si un animal se halla presente en una zona, no puede pasar desapercibido para la mayor parte de la población, ni pueden ser muy escasos los datos (en relación al número de pobladores), ni tampoco pueden tener los habitantes del territorio la percepción de que no exista o de que nunca ha vivido…

…Que esto último puede ser inexacto lo demostró fehacientemente la carta de fray Martín Sarmiento (…), al desvelar que ningún experto y práctico de los alrededores del Monasterio de San Pedro de Montes conocía la especie en 1760. Y si esto sucedía en plena Ilustración, cuando la proporción de habitantes que tenían pleno conocimiento de los montes circundantes era muchísimo más alta que en la actualidad, ¿por qué hay que esperar ahora que sea fácil encontrar noticias en el caso de que su presencia sea cierta? En muchas localidades casi no queda gente en invierno, en otras apenas hay vecinos en edad de andar por el monte; también existen menos ganaderos, pastores y hasta faltan cazadores con experiencia».

CAZADO EXTRAÑO ANIMAL
Efectivamente, en la tradición gallega existen varios nombres para denominar a este misterioso depredador: loberno, lobo rabaz, lobo cerval y tigre, este último curiosamente coincidente con el que se le aplica en muchas otras comarcas norteñas. Por otro lado, en el siglo XIX, el Diccionario Geográfico-Histórico de Martínez Marina y el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España de Pascual Madoz, recogen la existencia de animales felinos como integrantes comunes de las comunidades naturales de toda la región norteña peninsular. En 1830, y gracias a Celestino López Otero, conocemos la noticia de la existencia de la Comisión del Lobo, una documentación guardada por este abogado y de la que se hizo eco el diario La Voz de Galicia en su edición de la Tierra de Lemos (Lugo) del 21 de diciembre de 2014. Estos legajos presentan un terrible panorama: la muerte de muchos niños y jóvenes a causa de los ataques de un ser desconocido y feroz. El escenario vuelve a ser, setenta años después, casi la misma zona del episodio de 1760: la montañosa y complicada fisiografía de la «Raya» entre Galicia y Portugal, con la población de Verín como principal referencia de la comarca de Monterrey en el curso superior del río Támega.

Escribía el principal investigador del caso en aquella época: «Tengo datos para creer que aquella es especie de leopardo o onza, porque todos convienen en que es diferente de los demás lobos, que su color desde los pechos hasta la punta de la cola por debajo de la barriga es blanca y de la propia color tiene una corbata en el pescuezo y la demás parte del cuerpo es pajizo anillado, que es muy ancho de los pechos y delgado de atrás y largo y que en la cara es más hermoso que el lobo, solamente que en la frente tiene una especie de crespa o pelo largo, cuando llega a alguna persona antes de abrazarle se pone de pie, y juega el cuerpo con tal ligereza que es dificultoso darle golpe alguno; y después que se echa a cualquiera persona y le hiere, la primera cosa que hace antes de comerle es chuparle la sangre».

Entre los nombres con los que se refieren a estas extrañas criaturas en las noticias de la época, están los de lobo cerval –en oposición al del común lobo vaquero– y tigre, como por ejemplo aparece recogido en un artículo de 1934 publicado por el investigador Ricardo Izaguirre en la Revista Internacional de los Estudios Vascos. Bajo el título de Las Ciencias Naturales y los archivos.

Katamotz = ¿Tigre?, analiza el caso del animal cazado en una batida de más de ochenta cazadores y que resultó pesar más de 39 kg y poseer una piel de color anaranjado y moteada.

También el zoólogo Víctor López Seoane, en su libro del año 1867 Fauna mastológica de Galicia ó Historia natural de los mamíferos de este antiguo reino: aplicada á la medicina, á la agricultura, á la industria, á las artes y al comercio, describe una criatura que encaja más con un gran felino que con el no menos interesante lince ibérico.

Lee el reportaje completo en la revista AÑO CERO nº297

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