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Los fuegos espontáneos de Canneto di Caronia

Martes 18 de Abril, 2017
Asomada al mar Tirrano se encuentra Canneto di Caronia, una fracción de la provincia de Messina. Desde hace más de una década, las combustiones espontáneas que asolan el lugar parecen tender un nuevo velo a los misterios seculares presentes en la isla de Sicilia.
Montserrat Rico Góngora

A sólo 54 kilómetros del término –frente a la misma costa–, en Cefalú, Aleister Crowley fundó en 1920 la siniestra Abadía de Thelema, un edificio actualmente en ruinas que la celebración de cultos satánicos convirtió en maldito. A estas alturas parece inevitable preguntarse si aquel mago que no daba puntada sin hilo, eligió el emplazamiento al azar o si conocía que estaba frente a un vórtice energético imprevisible.

En cualquier caso la anomalía parece temporal, se manifiesta a intervalos más o menos prolongados, pero está ahí, quién sabe desde cuándo. Giuglielmo Marconi ya se encontró un muro electromagnético infranqueable en la costa norte de Sicilia cuando a bordo del piróscafo Caronia –casualidad del destino–, en un experimento científico, envió señales de radio hacia el interior de la isla, si bien no encontró dificultad para enviarlas a Londres, situada a mayor distancia. Pero nuestra historia comienza en la víspera de Navidad del año 2003, cuando en casa del vecino Antonino Pezzino arde el cuadro eléctrico. Aunque antes de desgranar los datos que no hacen más que abrir nuevos interrogantes, conviene apuntar que unas semanas antes, en otoño del mismo año, la población de la isla comenzó a mostrar su malestar cuando se escucharon los rotores de los helicópteros del Ejército de los Estados Unidos que sobrevolaban el lugar. Como en una acción de guerra, los soldados se descolgaron y no conformándose con simular unas maniobras militares, recorrieron el campo con instrumentos de medición. Ante la demanda de una explicación al Gobierno italiano, la respuesta, por increíble que suene, fue que no tenían conocimiento de los hechos.

FUEGOS INCOMPRENSIBLES
En el invierno de 2003 y 2004, los televisores, ordenadores, etc, comienzan a arder en Canneto di Caronia. La frecuencia de estos sucesos alarma a sus escasos habitantes. Finalmente, ante esta situación que pone en serio peligro sus vidas, se decide evacuar a la población y la compañía eléctrica ENEL, ante la posibilidad de que haya una anomalía electromagnética producida por el tendido de la vía férrea, procede a cortar el suministro eléctrico en el área afectada. Pero los incendios se suceden, afectan a los aparatos ya sin suministro y comienzan a arder sofás, colchones y otros objetos con estructura metálica.

Sin que nadie pueda explicar este fenómeno, el anciano exorcista de la diócesis de Roma, Gabriel Amorth, se inclina a pensar que algún vecino ha hecho magia blanca, negra, o algún ritual satánico que abre las puertas al diablo y decide hacer un exorcismo en la población. Pero la situación no mejora. También en estos momentos se crea un Grupo Interinstitucional para investigar, al mando de Francesco Mantegna Venerando, miembro de ISPRA Instituto Superiore per la Protezione e la Ricerca Ambientale del Ministero dell’Ambiente– y director de MARIS Monitoraggio Ambientale e Ricerca Innovativa Strategica–.

Venerando estudia y coordina las labores científicas desde 2003 hasta 2008, tiempo durante el cual, por causas poco claras o desencuentros entre la autoridad gubernamental y regional, es apartado de su cargo.

Después de una pausa de años, en que el capítulo parece cerrado definitivamente sin respuestas, en julio de 2014 los fuegos regresan y se recrudecen, pero él ya no forma parte del nuevo grupo de investigación.

Para proceder a la interpretación del fenómeno se instaló una estación científica en una casa particular de Canneto di Caronia, pero su propietario necesitó disponer del inmueble y los instrumentos fueron trasladados a un módulo prefabricado que se levantó en la plaza. Una antena radar situada en tierra completaba el sistema de monitoraje que costó 250.000 euros y que hoy resulta ya inservible.

El general Fabio Mini afirmó que estaban ante un arma de energía directa. El científico Clarbruno Vedruccio, físico de la Galileo Avionica y teniente coronel de la Marina Militar, precisó que la fuente de energía que provocaba el fenómeno se hallaba en el mar y era de origen artificial y direccionada. Pero para irradiar esa cantidad de energía se necesitaban gigawatios de potencia, no kilowatios, es decir, una tecnología muy avanzada que no parecía terrestre. Reconocía que había detrás un proyecto inteligente porque quien operaba sobre el sistema no tenía interés en dañar a la población.

Los fuegos se desencadenaban de forma selectiva, cuando la gente estaba en otra estancia.

¿Alguien estaba experimentando con armas de nueva generación? ¿Es posible modificar la densidad de la corteza terrestre para provocar terremotos y maremotos? A primera vista parece una barbaridad, pero esta preocupación gravita desde hace años en una región de intensa actividad sísmica. Los más suspicaces recuerdan que cuando el 28 de diciembre de 1908 un terremoto de 7’9 grados en la escala de Ritcher y un tsunami destruyeron Messina y Regio Calabria, una flota rusa y otra británica se hallaban próximas al estrecho de Messina. Existe la teoría de que el maremoto no tuvo que ver con la fricción de las capas terrestres, sino con un desplazamiento de las placas submarinas que comenzaron a deslizarse bastante lejos del epicentro.

¿Pero, es posible que la tecnología militar a principios del siglo XX pudiera tener tantas expectativas? En la teoría sí. La ciencia recibió entonces la aportación de Nikola Tesla. Él fue el descubridor del campo magnético gravitatorio y el precursor de las transmisiones inalámbricas. En 1900 comenzó a construir la Torre-Antena Tesla o Wardenclyffe –en los Estados Unidos– con el fin de usar la ionosfera para transmitir electricidad y ondas de radio alrededor del mundo sin necesidad de cables –el fin altruista de que fuera gratuita no la hizo prosperar–. Por esos procedimientos garantizaba que a 400 km se pudieran derribar aviones y consiguió encender un campo de bombillas sin cable. Aún hoy la industria eléctrica utiliza los patrones de Tesla y sobre los principios se está desarrollando desde 1993 en Gakona –Alaska– el proyecto Aurora de H’HAARP High-Frecuency Active Auroral Research Program–, financiado por el departamento de Defensa de los Estados Unidos. Su fin es modificar el perímetro de la ionosfera para crear un rayo láser de ondas electromagnéticas cuyas aplicaciones mejorarían las radiocomunicaciones y los sistemas de vigilancia para la detección de misiles. Algunas voces advierten del peligro de poder modificar el clima con ello y acusan al proyecto de estar detrás de muchos de los últimos desastres naturales.

Francesco Manegna Venerando hace hincapié en que hoy existe un armamento militar que utiliza el electromagnetismo, como puede ser el láser, pero incide en que estas armas no son letales y están destinadas a neutralizar sistemas de ataque ante un posible adversario.

La monitorización demostró que en el área comprendida entre el arco insular de las islas Eolie y el interior de Canneto di Caronia se registraban emisiones de impulsos electromagnéticos de gran potencia. Se estima que esta fuente artificial era capaz de pasar de una frecuencia de 300 megahercios a tres gigahercios en pocos nanosegundos, lo que resulta imposible de no recibir entre 12 y 15 gigawatios de potencia. Para generar esa cantidad de energía serían necesarias 15 centrales nucleares. Que sepamos hoy no se conoce tecnología capaz de conseguirlo.

LUCES EN EL FONDO DEL MAR
Cualquiera que fuese la fuente de energía, no cabe duda de que se hallaba en el mar, frente al litoral de Canneto di Caronia. Durante el primer episodio algunos pescadores aseguraron haber visto intensas luces en el fondo marino que iluminaban la superficie del agua. Son muchos los testimonios que hablan de objetos no identificados que sobrevolaron los cielos esos días y de globos luminosos, que se movían en parte de manera errática, en parte inteligente. Baste decir que existe una evidencia oficial: la foto de una aeronave que volaba a unos cientos de metros de la cola de un helicóptero perteneciente al grupo interinstitucional, que estaba realizando en esos momentos un estudio de campo geomagnético de la zona.

Por causas inexplicables se produjo una interrupción en la conductibilidad eléctrica del aparato, tres de sus cuatro aspas sufrieron daños en su revestimiento estructural, y tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia.

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