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Los “Iluminati” del siglo XXI

Lunes 02 de Enero, 2017
Esto durará poco tiempo, dos o tres años, y luego… a la casa del Padre. Esta sorprendente declaración del Papa Francisco hizo saltar las alarmas. Alarmas que están al rojo tras la publicación de un artículo en Le nouvel observateur, que asegura que hay una conspiración en marcha para matarlo. ¿Una más?

Fue durante el viaje de vuelta a la República de Corea, el pasado 18 de agosto de 2014. Es habitual que el Papa realice ruedas de prensa en el avión, en las que participan los corresponsales que lo acompañan en sus vuelos.

Alan Holdren, de Catholic News Agency, alzó la mano. El padre Federico Lombardi lo señaló con su mano derecha; podía intervenir: “Como sabe, las fuerzas militares de los EEUU han comenzado a bombardear a terroristas de Irak para evitar un genocidio, para proteger el futuro de las minorías, entre los que hay católicos, bajo su guía. ¿Aprueba usted este bombardeo?”.

El Pontífice lo miró unos segundos, y respondió: “Gracias por esta pregunta tan clara. En estos casos, cuando hay una agresión injusta, sólo puedo decir que es lícito detener al agresor injusto. Subrayo el verbo: detener. No digo bombardear, declarar la guerra, sino detenerlo. Habrá que estudiar los medios con los que se le puede detener. Detener al agresor injusto es lícito. Pero también hemos de tener memoria. Muchas veces, con esta excusa de detener al agresor injusto, las potencias se han apoderado de pueblos y han hecho una auténtica guerra de conquista”.

Un murmullo recorrió la cabina. No es normal que un Papa hable tan claro.

A continuación Anaïs Feuga, de la Radio Francesa, tomó la palabra: “¿Cómo lleva esta enorme popularidad?, ¿cómo lo vive?”. Francisco agachó unos instantes la cabeza. “No sé qué decir… Lo vivo dando gracias al Señor de que su pueblo sea feliz y deseando lo mejor al pueblo de Dios. Lo vivo como generosidad del pueblo. En mi interior, pienso en mis pecados y en mis errores, para no creérmelo, porque sé que esto durará poco tiempo, dos o tres años, y luego… a la casa del Padre”.

Se hizo el silencio. ¿Qué había querido decir el papa Bergoglio con esa última frase? ¿Acaso era la metáfora de un hombre anciano, pero con una fuerza que sorprende? ¿O por el contrario no es más que el reflejo de los “temores” de un Papa que se siente amenazado, desde fuera, pero también desde dentro de esa Iglesia pobre y más abierta que quiere construir, y con la que no todos están de acuerdo?

DEBATE EN EL SÍNODO
El domingo 5 de octubre de 2014 dio comienzo el primer sínodo de obispos de la era Francisco. Alrededor de temas conflictivos como el matrimonio homosexual, las parejas de hecho, o algo que debería de ser aparentemente normal, como es que los divorciados católicos puedan tomar la comunión –cosa que hasta la fecha la Iglesia no admite–, los 300 prelados llegados desde los cinco continentes permanecieron durante 14 días planteando posturas, ideas, críticas y apoyos al pensamiento de un Papa que ya ha dejado muy claro qué es lo que quiere, y cómo lo quiere: una Iglesia más abierta a los nuevos modelos de familia, de cristianismo católico, más “progresista” y menos dogmática. Y esa postura molesta, y mucho, entre los sectores más conservadores, a los que los analistas denominan “cuervos”, que desde el momento en el que el pontífice manifestó su intención de que el sínodo fuera una plataforma para que todos se expresaran libremente, en un debate sereno y sincero –dejando a un lado la célebre diplomacia vaticana–, no dudaron en manifestar el pensamiento que ya venían mostrando en los medios de comunicación.

Y entre las propuestas más “incendiarias”, estaba la ya citada de que una persona divorciada, si se vuelve a casar, pueda tomar la comunión.

El Papa no es ajeno a que las viejas medidas hacen que los católicos se vayan por un coladero al que ninguno de sus antecesores ha querido poner tapón. Quizás porque sus antecesores comulgan con el ideario de uno de los cardenales más ultraortodoxos con la doctrina: el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe –que no es otra cosa que la moderna Inquisición–, el alemán Gerhard Ludwig Müller.

Müller escribió un libro junto a cuatro cardenales a sabiendas de lo que se plantearía en el sínodo, que salió a la venta semanas antes, y donde defendía con vehemencia la indisolubilidad del matrimonio católico, de tal forma que el sacramento sólo se puede administrar a quienes cumplen las reglas; y los divorciados, al parecer, no las cumplen.

Pues bien, hay quien vio en la publicación de dicho manifiesto una forma de frenar las intenciones de un Papa que no se arruga ante las vicisitudes.

Para qué hablar entonces de parejas de hecho, o del mismo sexo, a las que el propio Francisco ha dado la bienvenida en alguna de sus “alocadas” charlas asegurando que “Dios no tiene miedo a las novedades”, o que “los homosexuales tienen dones y cualidades a la comunidad cristiana”. Casi nada… Por otro lado, el influyente cardenal William Kasper, del ala más moderada, defendió al respecto de estos asuntos que “todo pecado puede ser absuelto. Así que no es imaginable que un ser humano pueda caer en un limbo del que Dios no lo pueda salvar”, palabras que el Papa premió al elogiarlo durante uno de los primeros rezos del Ángelus.

Y repito, esta actitud molesta, especialmente si a continuación Francisco, al contrario que su predecesor Benedicto XVI, que aseguraba que las relaciones homosexuales eran “intrínsecamente desordenadas”, afirma que “si una persona busca a Dios y hace el bien, ¿quién soy yo para juzgar?”.

Pues bien, el borrador del sínodo, redactado apenas una semana después de que se cerrara, rápidamente fue calificado por grupos muy conservadores como Voz de la Familia como “uno de los peores documentos oficiales escritos en la historia de la Iglesia”. Y esto, unido a su opinión acerca de los ataques al Estado Islámico, y el poder que los cuervos vaticanos aún atesoran, pese a haber “perdido” a importantes exponentes como monseñor Tarcisio Bertone –hasta la llegada de Francisco el hombre más poderoso del pequeño estado–, una vez más, ha puesto al Papa en el disparadero; un disparadero en el que muchos parecen estar dispuestos a apretar el gatillo…

“¿QUÉ PRETENDE ESTE ARGENTINITO?”

O quizás, el más que llamativo “hemos cometido un error”, es una de esas frases que llaman la atención, y que a decir de uno de los hombres más fieles al Papa, el influyente cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, se oyen en los pasillos de la Santa Sede. Según él, “tenemos que estar preparados, ya que esta bella pero extraña popularidad está comenzando a fortalecer fidelidades, pero igualmente está despertando la sorda oposición, no sólo en la vieja curia, sino también en algunos que están preocupados de perder privilegios en el tratamiento y en las comodidades”. Se puede decir más alto; seguramente no más claro. “Estar preparados” por si esas viejas sensibilidades deciden actuar, como bien pudieran haberlo hecho en el pasado con pontífices más “progresistas” y con un concepto muy claro de la Iglesia pobre, que nada tiene que ver con aquella aferrada a sus bienes materiales, y que deja a un lado los espirituales. Hay quien dice que Albino Lucciani es un buen ejemplo al que el actual pontífice debería mirar de reojo.

Rodríguez Maradiaga, que coordina el G-8 particular del Papa –los ocho cardenales que le están ayudando a crear un nuevo concepto de Iglesia–, admite estar encontrando muchas dificultades, especialmente dentro de esa vieja curia a la que antes hacía alusión. Pero no parece ser la única amenaza que se cierne sobre el Papa. Como aseguraba al inicio de este reportaje, hace unas fechas el semanario francés Le Nouvel Observateur, se desmarcó, a raíz de las palabras de Francisco en las que aseguraba que en tres años marcharía a la vera del Padre, con un interesante reportaje en el que matizaba las amenazas reales que se ciernen sobre el pontífice. Y las fragmentaba en cuatro supuestos:

1. Por un lado los cuervos vaticanos, a los que como hemos visto líneas atrás la presencia de Francisco les hace regurgitar toda la rabia que llevan dentro, a sabiendas de que si este Papa se mantiene demasiado tiempo en el cargo los cambios que acometa podrían llegar a ser irreversibles; también para sus intereses, que al parecer, y siempre según Le Nouvel Observateur, estarían ligados, como no puede ser de otra forma, a la banca, a la mafia, y a la transparencia que a este respecto se ha empeñado en mantener el Papa.

2. En segundo lugar, ahora que se cumplen 31 años del atentado de Mehmet Ali Agca contra Juan Pablo II en la Plaza de san Pedro, y que él mismo vincularía a la mafia turca, a los servicios secretos polacos, y al grupo terrorista Lobos Grises, la cercanía que manifiesta en sus salidas el Papa actual, que necesita el contacto físico con los fieles, haciendo saltar en más ocasiones de las deseadas los protocolos de seguridad, han llevado a pensar en la acción de un “lobo solitario” en uno de los muchos actos multitudinarios en los que participa Francisco.

3. El tercer supuesto pone de manifiesto el malestar que provoca la injerencia del pontífice en asuntos en los que no debería mediar, como el reciente acercamiento de los EEUU y Cuba, que parece entrar en conflicto con los intereses de determinados sectores de poder, mafia incluida.

4. Y por último, la amenaza terrorista que encarnarían los seguidores del Estado Islámico, sustentada en conversaciones en árabe captadas por los servicios secretos italianos, donde se hablaría de una “acción espectacular” en el Vaticano. Pero hay más…

LA CONQUISTA DE ROMA

“Alá concederá a los musulmanes la conquista de Roma”. Así de rotundos se muestran los yihaidistas del EI en la cuarta edición de su revista Dabiq, en la que, además, muestran un fotomontaje del obelisco de Sixto V, en el corazón de San Pedro, coronado por la bandera negra con caracteres blancos que se ha hecho tristemente famosa en los últimos tiempos. “La cruzada fallida”, titulan, y con ello hacen referencia a la coalición internacional capitaneada por los EEUU, y donde no auguran un futuro muy venturoso para los occidentales. De hecho, en el reportaje de interior, y siempre citando a uno de los portavoces del grupo terrorista, Mohammed al-Adnani, se asegura que “si nosotros no lo conseguimos esta vez, entonces, nuestros hijos y nietos lo conseguirán y venderán a vuestros hijos en el mercado de esclavos”.

Pues bien, ambas amenazas hicieron que durante su visita a Filipinas, el pasado 15 de enero de 2015, el Papa estuviera rodeado por un contingente de más de 40.000 efectivos, entre militares y policías, cuya misión era evitar que el Sumo Pontífice sufriera un atentado. Porque además, en la cabeza de todos estaba la advertencia que lanzó el embajador irakí en septiembre del pasado año, cuando aseguró que el Estado Islámico podría intentar acabar con la vida de Francisco durante uno de sus viajes internacionales. A este respecto, el profesor filipino Rommel Banlaoi, director del Instituto de Investigación de la Paz, la Violencia y el Terrorismo, dejó claro que dichas amenazas conviene tenerlas muy en cuenta, ya que “el Papa es un símbolo de los cruzados, y el EI quiere hablar en términos de guerra religiosa, de musulmanes contra cristianos”.

Hay que añadir que en el recuerdo de todos aún está la denominada Operación Bojinka, que en 1995 ya orquestó un plan para atentar contra Juan Pablo II, precisamente en Filipinas, y tras la cual se encontraban dos secuaces del desaparecido –y encontrado– Osama Bin Laden. No en vano, pese a que las islas asiáticas tienen el mayor índice de católicos de la región, con más de ochenta millones de fieles, no es menos cierto que protegidos por las selvas actúan grupos terroristas como Abu Sayaf o Jamaa al Islamiya, que no verían con malos ojos ofrecer la cabeza del Papa a los gerifaltes del EI. Por tanto parece que lo que la religión no uniría jamás, lo está logrando un hombre en el que confluyen las iras de unos y de otros, que desearían ver al Papa situado ya a la vera del Padre…

Para el EI sería un paso fundamental a la hora de plantear que la cruzada contra el infiel, la yihad, está venciendo al enemigo; y para los cuervos que revolotean por las estancias vaticanas, la confirmación de que el Espíritu Santo no es infalible.

Y mientras tanto, el Papa sigue su criterio, dejando claro por ejemplo que “una curia que no hace autocrítica, que no intenta mejorarse, es un cuerpo enfermo”, es la enfermedad que se “adueña de la persona haciendo que se vuelva sembradora de cizaña, y en muchos casos, homicida a sangre fría de los propios colegas y hermanos”.

Llegados a este punto, si sus palabras son metáfora o producto de sus miedos, será el tiempo el que lo determinará…

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