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Magia y misterio en la villa jacobea navarra

Lunes 28 de Agosto, 2017
Erigida sobre un antiguo lugar de poder y eje medieval en el Camino de Santiago, alberga en sus calles y templos, magia, misterio y leyenda. Ponemos rumbo a la enigmática villa de Sangüesa, tras las huellas de templarios, en busca de mensajes secretos tallados en la piedra, milagros y reliquias prodigiosas.
TEXTO Francisco Contreras Gil

En Navarra lo sagrado permanece vivo desde tiempos megalíticos. Son muchos los lugares mágicos vinculados al Camino de Santiago que podemos encontrar en la senda jacobea navarra. Enclaves donde se ha perpetuado lo mágico en tradiciones ancestrales, en la arquitectura de los gremios de constructores y en las artes y las ciencias de los scriptoriums de los monasterios. En esta ocasión, ponemos rumbo a una villa desconocida por muchos. En sus calles viajaremos por la historia, el arte, y encontraremos lo insólito, legendario y enigmático a cada paso.

Situada entre las primeras sierras pirenaicas y el valle del Ebro, en una estratégica posición, fueron el rey Sancho Ramírez, y después, su hijo Alfonso I “El Batallador”, los que fundaron la moderna Sangüesa, junto al río Aragón en 1122. El monarca templario decidió trasladar la villa de Rocaforte de Sangüesa –la antigua Sinsuetum romana, cuyos orígenes se remontan a la Edad del Bronce y del Hierro–, desde la cima del cercano monte a la llanura. Y quien, tras otorgarle sus fueros, la convirtió en una población–núcleo político, religioso, económico y cultural, del Camino de Santiago.

 La ruta jacobea vertebró el desarrollo urbanístico de la ciudad. Así, creció y se estructuró siguiendo la Rúa Mayor, en la dirección del puente que cruza el río Aragón, a manera de fortaleza, con calles paralelas y perpendiculares, cercada por murallas con torres y cuatro portales orientadas a los cuatro puntos cardinales. Estaba rodeada por tres puentes. El principal cruzaba el río Aragón, fue construido por Sancho Ramírez en 1090 y era, y sigue siendo, salida de los concheiros. De diseño ascendente y descendente, con siete arcos, de los que sólo se conservan dos originales. El segundo era el Puente de San Martín, que cruzaba el río Irate, hoy desaparecido. Y el tercero, salvaba el río Onsella,  en la zona sur, y tenía 60 metros de longitud. Los peregrinos medievales accedían por la Puerta de Jaca, entraban en la calle Mayor y recibían albergue en el Hospital de los Caballeros de San Juan. Sangüesa llegó a tener doce hospitales, cinco parroquias y cuatro conventos de frailes.

LA RUTA PEREGRINA
No en vano, dicen que Sangüesa tiene un monumento en cada calle. Nuestra ruta recorrerá la calle Mayor, al pie del Camino, en busca de reliquias, esculturas milagrosas, misterios tallados en la piedra… Así, en la Iglesia de Santiago –el templo donde se da la bendición a los peregrinos–, el símbolo y la devoción surgen con fuerza. En el tímpano de la portada se encuentra la imagen de dos peregrinos flanqueando al santo. Un templo donde se venera un “Cristo Milagroso”, protagonista de romerías y rogativas por agua, contra las plagas y enfermedades. Y una escultura en granito de Santiago que se ha convertido en mágica para los peregrinos. Igualmente, en la Iglesia de San Salvador surge el mensaje secreto. Dependiente de la Iglesia de Santiago, fue erigida entre los siglos XII y XIII. Avanzando, siguiendo las señales amarillas, encontraremos el Convento de San Francisco de Asís, donde hallaremos las huellas del santo y sus milagros. Fue erigido por Teobaldo en el año 1266 en recuerdo del paso de San Francisco de Asís durante su peregrinación a Compostela en 1213. Pero el mayor tesoro que guarda la urbe es sin duda la Iglesia de Santa María la Real.

EL TEMPLO DE LAS SERPIENTES Y EL MAESTRO LEODEGARIUS
Levantada junto al río Aragón, fue un pequeño oratorio dedicado a la Virgen de Rocamor, que formaba parte del Palacio Real donado en 1131 por Alfonso I a templarios y caballeros de San Juan de Jerusalén. Obra maestra del románico, su torre octogonal es símbolo de la urbe. En su interior se guardan –además del Tesoro de las Reliquias, compuesto por una veintena de restos sagrados– las reliquias del soldado romano San Román, sobre las que existe una prohibición. No pueden salir de la catedral. Los fieles tienen prohibido sacarlas en procesión. Una orden dictada en el siglo XVI por las autoridades, cuando los sangüesinos sacaban en romería al santo cada día, pidiendo lluvia o que dejara de llover. La construcción alberga uno de los mejores conjuntos iconográficos medievales y encierra mensajes por desvelar: la figura de un ahorcado y, la firma de uno de los maestros constructores, el maestro de las serpientes, Leodegarius.

En su fachada meridional encontramos un triple tímpano y un frontal repleto de altorelieves del siglo XIII. Produce la impresión de un enorme puzzle. Arriba, una maiestas, que corresponde a los mismos canteros de San Juan de la Peña. Sobre la puerta, aparece Dios rechazando a pecadores y acogiendo elegidos. Rodean la escena ángeles, músicos, guerreros, artistas, símbolos esotéricos e incluso tallas romanas, cuyo mensaje es un misterio. Aparecen las esculturas del “maestro iniciador”, de una mujer desnuda dando de mamar a un sapo y una culebra, marcas cátaras, laberintos célticos, serpientes y espirales. Es obra del maestro Leodegarius, cuya firma, Facit me, dejó tallada entre las inscripciones. La única firma que se conserva de un maestro cantero que, además, realizó una composición que corresponde a un trasunto de la mágica catedral de Chatres. El tema central de la portada está dedicado al Juicio Final, reminiscencia egipcia, heredada del Libro de los Muertos. Rodeado con columnas-estatuas que representan, de izquierda a derecha, a María Magdalena, la Virgen María y María, madre de Santiago. A la derecha, San Pablo, San Pedro, y entre todas, una escultura única, la imagen de Judas ahorcado, una figura relacionada con el Tarot y el Juego de la Oca, un nuevo mensaje para iniciados.

ROCAFORTE: LA ERMITA DE LOS “ARBOLICOS”
Saliendo de Sangüesa por el puente de hierro podemos visitar la villa que dio origen a la actual ciudad. En Rocaforte se encuentran los restos de la ermita de San Bartolomé, conocida como la de “los arbolitos”, mandada erigir por Pedro I de Navarra y Aragón. Es la única que cuenta con el título de Real Basílica en nuestro país. Está consagrada al obispo de Trento y, a pesar de sus pequeñas dimensiones, son numerosos los fieles que la visitan movidos por las propiedades curativas que alberga un árbol ubicado en su entrada. Según la tradición, fue fundada por San Bartolomé cuando –peregrinando a Compostela junto a San Francisco–, se encontró con un enfermo. El santo le pidió que le cuidara y levantara una hospedería en el lugar. Golpeó con su báculo el suelo y surgió un árbol. Una morera que desde entonces se convirtió enclave mágico, ya que sus frutos, dicen, curan diferentes enfermedades y dolencias como llagas, procesos reumáticos, los miedos de niños y adultos y concede el favor de buenas cosechas y el casamiento.

FOZ DE LUMBIER Y EL PUENTE DEL DIABLO
Tras descender de Rocaforte, y retornando a Sangüesa, podemos desviarnos y visitar la villa de Liédana. Ubicada en lo alto de una colina, fue referenciada por Aymeric Picaud en el Códice Calixtino en su etapa entre Jaca y Monreal. Aquí se unían los peregrinos que venían del paso interior. En sus calles encontraremos las primeras casonas de estilo gótico navarro. Tras cruzar el puente sobre el río Irati, recorreremos una senda de tierra que nos lleva a uno de los “modernos”, y mágicos, lugares del Camino de Santiago del siglo XXI, la Foz de Lumbier. 

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