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Médicos en busca de lo paranormal

Martes 15 de Noviembre, 2016
Los fenómenos paranormales siempre han sido vistos con recelo por la ciencia, y particularmente por la medicina, sin embargo, han sido muchos los facultativos interesados en investigar lo insólito. Este reportaje es una buena muestra de ello.
Moisés Garrido Vázquez

13-12-96. Colegio Oficial de Médicos de Sevilla. Esa tarde habíamos acordado una reunión privada con varios catedráticos y doctores para hablar de parapsicología. Queríamos conocer sus impresiones sobre los fenómenos PSI.

Por aquellas fechas, yo era vicepresidente y delegado en Huelva de la Sociedad Andrómeda, una asociación dedicada al estudio de los fenómenos anómalos que tenía su sede en dicho Colegio Oficial de Médicos.

El año anterior, ya habíamos mantenido una amena y enriquecedora mesa redonda con algunos de los citados doctores en el salón de actos del Colegio Oficial de Médicos, bajo el título “Las Experiencias Cercanas a la Muerte a la luz de la Ciencia”. Tanto en la citada mesa redonda como en la reunión privada del 13 de diciembre, observé el enorme interés que muchos médicos tienen hacia estos asuntos fronterizos, aunque luego los puedan enfocar bajo planteamientos más o menos escépticos. Precisamente, alguien que estuvo muy vinculado a la parapsicología, además de la ufología, fue el doctor Enrique Vila, licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla y especializado en microbiología y medicina preventiva.

Fue el máximo responsable del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Estudió muchos casos de ECM. Su obra póstuma, Yo vi la luz. Experiencias cercanas a la muerte en España (2009), da buena cuenta de sus investigaciones y conclusiones al respecto.

PRECURSORES
La metapsíquica surgió como respuesta a una serie de fenómenos extraños que acontecían alrededor de los médiums, cuando se pusieron de moda las sesiones espiritistas a finales del siglo XIX. Las investigaciones metapsíquicas, que tuvieron como fin examinar las manifestaciones mediúmnicas –desde movimientos de objetos sin contacto alguno hasta supuestas materializaciones de fantasmas (ectoplasmas)–, atrajeron el interés de numerosos científicos, entre los que se encontraban gran cantidad de médicos y psiquiatras. Uno de los más célebres investigadores de la época fue el doctor Charles Richet (1850-1935), premio Nobel de Medicina en 1912. Su contribución e influencia fueron enormes. Sus experimentaciones iban encaminadas a demostrar la existencia de ciertas facultades extraordinarias del psiquismo humano.

Charles Richet  no estuvo muy de acuerdo con los planteamientos espiritistas, es decir, con la posibilidad de que esos fenómenos estuviesen producidos por entes desencarnados.

Estaba convencido de que pueden explicarse más satisfactoriamente por la existencia de un sexto sentido, una fuerza inteligente o potencia desconocida latente en la mente humana. A él no le gustaba el vocablo médium por su connotación espiritista y por eso prefirió emplear la palabra sensitivo. Estudió a muchos. El que más le sorprendió fue el polaco Esteban Ossovietski. Estando en el Hotel Europa, en Varsovia, Richet le sometió a varias pruebas. La primera consistió en que el sensitivo adivinara lo que Richet había escrito en un papel e introducido en un sobre. El texto decía: “Jamás me parece el mar tan grande, que cuando está en calma. Sus cóleras lo empequeñecen”. Ossovietski observó el sobre, lo tocó con sus dedos y comenzó a decir: “Veo mucha agua… Esto es algo difícil…

No es una pregunta, es una idea… El mar no es nunca tan grande que… Me resulta difícil unir todo el sentido de la idea… El mar es tan grande que, junto a sus movimientos…”. Richet se quedó sorprendido. A continuación, escribió un número de cuatro cifras, lo metió en un sobre y lo cerró con lacre. Ossovietski acertó el número. Posteriores experimentos con resultados igualmente positivos garantizaron a Richet que estaba ante un gran sensitivo. “Los experimentos realizados por Gustavo Geley y otros sabios con Ossovietski ampliaron y fortificaron mis conclusiones (…) Puede concluirse de toda la serie de experimentos que no hay lugar para ninguna duda (…)”, declaró. Otro destacado médico de aquella época que se acercó con mente abierta a los fenómenos metapsíquicos fue William James (1842-1910), psicólogo, filósofo y profesor de Anatomía en Harvard. Llegó a ser presidente de la ASPR American Society for Psychical Research–. Su talante científico le hizo mostrarse en un principio bastante suspicaz con respecto a los fenómenos producidos por los médiums. Su interés en los trabajos publicados por Frederic Myers, uno de los grandes pioneros de la investigación metapsíquica, y sus pesquisas en torno a la médium Leonora Piper, le llevaron finalmente a aceptar la realidad de las capacidades mediúmnicas. James pudo ser testigo de fenómenos que desafían las leyes fundamentales de la física. En una ocasión, durante un experimento, observó cómo una mesa “se levantó con suavidad, separando sus cuatro patas del suelo unos quince centímetros (…) y permaneció suspendida en el aire durante dos o tres segundos, para descender lentamente hasta posarse en el suelo”. Desarrolló la hipótesis del “depósito espiritual”, una especie de conciencia colectiva, a la que acceden los médiums cuando están en trance. Afirmó que “existe una conciencia cósmica continua contra la cual nuestra individualidad levanta accidentales barreras y en la que están sumergidas nuestras mentes como en aguas madres o en un depósito”.

Lee el artículo completo en el número 252 de la revista ENIGMAS

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