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Los protegidos

Viernes 23 de Diciembre, 2016
En Más coincidencias imposibles (Luciérnaga, 2016), Josep Guijarro nos trae nuevas historias que, aunque parecen sacadas de un libro de ciencia ficción, son escrupulosamente reales. Entre ellas, la de los llamados “protegidos”, aquellos individuos que, por capricho del destino o gracias a la ¿casualidad?, se han salvado de situaciones límite…

Ignoro, querido lector, si pensarás que las coincidencias son –o no– obra de Dios, pero lo que ahora podrás comprobar es que el Altísimo cuida de sus “misioneros” en la Tierra. Al menos, de uno de ellos. Se llama Mason Wells y es un joven misionero mormón estadounidense.

Con tan sólo 19 años de edad, Mason ya ha salido indemne de tres atentados terroristas. Sí, sí, ¡de tres! En marzo de 2013, el chico se encontraba a una manzana de la maratón de Boston cuando tuvo lugar el atentado que dejó tres muertos y 264 heridos en la Plaza Copley, donde estaba situada la línea de meta. Vivió por segunda vez el horror de un atentado el viernes 13 –y dale con el numerito– de noviembre de 2015, en París, cuando varios atacantes con fusiles de asalto y explosivos, protagonizaron cinco tiroteos en los distritos 10 y 11 de la capital francesa, además de causar varias detonaciones cerca del Estadio de fútbol. Dejaron 120 fallecidos y decenas de heridos. Y, finalmente, resultó herido en los ataques de Bruselas, en marzo de 2016, donde murieron 35 personas y 340 resultaron heridas. El caso, lo confieso, me trajo a la memoria una película dirigida por M. Night Shyamalan que lleva por título El Protegido.

En ella, Bruce Willis –llámame friki pero es uno de mis actores favoritos– encarna a un guardia de seguridad que vive separado del mundo, triste y amargado. Un día, viajando en un tren que cruza Filadelfia, Willis sufre un descarrilamiento y sólo él logra sobrevivir. Después, saldrá indemne de algunos “accidentes” más, que descubrirá son producto no del azar, sino de Samuel L. Jackson, quien encarna al antagonista, malo malote, de la película.

Jackson sufre una enfermedad que debilita sus huesos, haciendo que su esqueleto sea frágil en extremo. Leyendo cómics de superhéroes en cada hospital en que ingresa, Jackson llega a creer en la existencia de una suerte de equilibrio universal: si en el mundo había una persona tan frágil y maltrecha como él, también debía haber otra opuesta: sana e irrompible.

La película encierra una visión un tanto cuántica del Universo y encaja no sólo con el caso de Mason Wells sino con muchos otros, incluyendo a algún animalillo como el gato Oskar, que sobrevivió a tres naufragios y a una Guerra Mundial.

NO HAY DOS SIN TRES
En cuestión de “protegidos”, mi ranking personal sigue liderado por el doble hibakusha Tsutomu Yamaguchi, el hombre que sobrevivió a dos explosiones atómicas, estando a sólo dos kilómetros del epicentro de la detonación, lo que significa que su cuerpo aguantó los 15 millones de grados –algo inexplicable en términos físicos– de la fusión del átomo.

Lo cierto es que, al igual que los astros se juntan en el espacio por la influencia de la gravedad, los sucesos fortuitos también se agrupan. Lo denominamos serialidad.

No son frecuentes los accidentes aéreos y, sin embargo, cuando tiene lugar uno, no tarda en suceder otro. Así, un suceso puede mostrar afinidad con otros –causalmente inconexos–, pero que globalmente comparten alguna forma o patrón global que desconocemos.

Contábamos lo que le ocurrió al ingeniero japonés Tsutomu Yamaguchi. Cuando el Enola Gay dejó caer su carga letal sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, Yamaguchi caminaba tan sólo a dos kilómetros del punto cero, la zona terrestre situada en la vertical de la explosión. Fue ingresado sólo con quemaduras en cara y brazos.

Dos días después, regresó a Nagasaki para ver a su hija recién nacida. Y, al día siguiente, el 9 de agosto, mientras explicaba a sus compañeros de trabajo lo que había sucedido en Hiroshima, se lanzó la segunda bomba atómica en Nagasaki, a tres kilómetros del punto donde se encontraba nuestro “protegido”.

La radiación ionizante de una bomba como las lanzadas en Japón mataría a todo ser vivo que estuviera situado a quince kilómetros a la redonda. De hecho, en Hiroshima, la temperatura del aire al explotar el artefacto alcanzó varios millones de grados centígrados. En otras palabras: es IMPOSIBLE sobrevivir a algo así estando a dos o tres kilómetros de una explosión nuclear… Y sin embargo, Yamaguchi abrió los ojos, debió de quitarse el polvo de los hombros y vio alzarse el hongo nuclear.

¿Cómo es posible que este hombre burlara a la muerte en ambas ocasiones? Científicamente es inexplicable.

Es, por así decirlo, un fallo del software de Matrix, como si Yamaguchi fuera un bug y cada vez que se dieran las mismas variables saltara el error.

Como ocurrió en el caso de Mason Wells que señalamos antes, Jason y Jenny Cairns-Lawrence, un matrimonio británico, también han sido testigo de tres grandes ataques terroristas.  A saber: el fatídico atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001; el ataque al metro de Londres, en 2005, en el que murieron 52 personas. Y el cruento atentado de 2008, en Bombay (India), que mató a 173 personas y dejó heridas a otras 308. Aunque la serialidad de la pareja es espectacular, ignoro cuán cerca estuvo la pareja del lugar de los atentados, así que no les añado a mi lista de protegidos. Todo lo contrario que la malograda Jeanne “Pixie” Rogers, una “protegida” en toda regla que, con apenas 15 años, fue alcanzada por un rayo que la electrocutó. Sufrió graves quemaduras, pero logró sobrevivir. Tres años más tarde, mientras realizaba un crucero a las afueras de Nueva York, cayó por la borda. Su mejor amiga, que estaba junto a ella, corrió a buscar ayuda con tan mala suerte que resbaló y perdió el conocimiento. Tardaron horas en rescatarla.Ese mismo año, mientras andaba por la calle, resbaló por una alcantarilla abierta. Se fracturó dos costillas y una pierna… pero siguió viva. Desde entonces ha sido asaltada, estrangulada y golpeada. Sobrevivió, también, a un disparo accidental mientras montaba a caballo y fue alcanzada por un segundo rayo. Milagrosamente, siempre consiguió sobrevivir, protagonizando algunos extraños accidentes como una aparatosa caída en la piscina que acabó dejando desnudo a su marido, o la vez que un murciélago quedó atrapado en su pelo y tuvo que ir al veterinario para separarlo. Aunque en materia de caídas, el récord es para Vesna Vulovic.

Lee el artículo completo en el nº254 de la revista ENIGMAS, de enero de 2017

También puede interesarte la conferencia sobre Más Coincidencias imposibles que dictó Josep Guijarro en el III Congreso de Enigmas de la Historia.

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