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¿Puede demostrar la física cuántica que existe vida tras la muerte?

Miércoles 09 de Agosto, 2017
Numerosos descubrimientos científicos han dado lugar a la creación de implantes de órganos artificiales, extremidades robotizadas, chips que permiten percibir imágenes y escuchar sonidos a ciegos y a sordos. Todo ello con el fin de aumentar nuestra esperanza y calidad de vida; todo ello por evitar la mirada incómoda de la muerte…
Texto: Claudia Madrid Moctezuma

Entre los días 28 y 30 de mayo de 2015 se celebró una conferencia en el Centro Culver de Riverside, California, a la que asistieron miembros del Proyecto Inmortalidad, una investigación financiada por la Fundación John Templeton e iniciada en 2012, en la que un grupo multidisciplinar  de científicos y estudiosos está intentando desentrañar la posible existencia de vida después de la vida a través de las experiencias cercanas a la muerte. Los asistentes fueron Kurt Gray, Stephan Blatti, Carl Mosser, Christina Van Dyke, Chris Belshaw, Sam Parnia, Benjamin Mitchell Yellin, John Martin Fischer, etc. John Martin Fischer es profesor de Filosofía de la Universidad de California Riverside y lidera este proyecto, que además pretende resolver el “problema” del envejecimiento, identificando un gen a través de la hidra, un organismo acuático con la capacidad de regenerarse  por sí mismo y que vive más años que cualquier otra especie animal –puede llegar a los 1.400 años–.  

LA CLAVE ESTÁ EN LA CONCIENCIA
Según la definición del científico estadounidense Marvin Minsky, la conciencia es una “sociedad de mentes”, es decir, una secuencia de pensamientos e imágenes que salen de diferentes “mentes” más pequeñas, cada una de las cuales compite por nuestra atención. Para algunos científicos que se han adentrado en el controvertido e hipotético campo de la vida después de la vida, es decir, la pervivencia de esta conciencia, la forma de cómo concebimos el mundo es lo que valida su existencia.  

En el año 2001, el cardiólogo Pim Van Lommel publicó en la revista The Lancet un estudio realizado en el que quiso averiguar si la conciencia tiene un inicio o un final, así como su relación con la función cerebral y la existencia de elementos que fueran una constante tras la muerte y que pudieran justificar la pervivencia de la conciencia tras el fallecimiento. Llegó a la conclusión de que ni factores psicológicos, farmacológicos o fisiológicos podrían causar este tipo de experiencias tras un paro cardiaco. También expuso que durante las ECM provocadas “artificialmente” –estimulación eléctrica, hiperventilación, consumo de drogas, etc– en raras ocasiones se producen sensaciones fuera del cuerpo y procesos de transformación psicológica como en el caso de las ECM “espontáneas”.   recordadas.  

 Estos campos de información se harían patentes cuando nuestro cerebro es sometido a determinados campos electromagnéticos que inhiben o excitan la actividad cerebral, y que son producidos en determinadas situaciones, como las ECM. Por tanto, ¿es posible que el acceso a la totalidad de esa información o realidad llegue también cuando morimos? En esta misma línea de pensamiento se mueve el doctor en psiquiatría José Miguel Gaona. Si bien reconoce que la neurofisiología podría dar explicación a determinados hechos que acontecen en el umbral de la muerte, como ciertos sonidos, la visión del túnel, la sensación de estar flotando, etc… afirma que hay otros elementos a los que la ciencia convencional no puede dar respuesta, como aquellas situaciones que están fuera del alcance del sujeto cuando se encuentra en estado vegetativo, pero que son descritas con claridad cuando vuelve en sí.

ECM, FENÓMENOS PARANORMALES Y OVNIS
“Me ocurrió hace dos años, cuando acababa de cumplir diecinueve. Conducía el coche para llevar a su casa a un amigo y al llegar a una intersección, me detuve para mirar en ambas direcciones y no vi que viniese coche alguno. Me metí en la intersección y oí gritar a mi amigo con todas sus fuerzas. Cuando miré, me cegó una luz: eran los faros de un coche que se precipitaba hacia nosotros. Escuché el horrible ruido que hizo el lado del coche al estrujarse, y durante un instante me pareció atravesar un espacio cerrado y oscuro. Fue todo muy rápido. Luego me encontré flotando a unos cinco pies por encima de la calle y a cinco yardas del coche, desde donde oí el eco del choque. Vi que la gente corría y se arremolinaba alrededor del lugar del accidente. Mi amigo, en estado de shock, salió del coche. Pude ver  mi propio cuerpo en la chatarra entre toda aquella gente y cómo intentaban sacarlo”.

El anterior fragmento forma parte de Life after life (1975), obra del doctor Raymond Moody, quien compiló multitud de ECM de pacientes y que llegó a ser un bestseller mundial.  La trayectoria profesional de Moody nos hace reflexionar sobre la importancia de la conciencia y de la percepción que tenemos de nuestro mundo. Quizá por ello, el estudio de las ECM deba abordarse desde un punto de vista multidisciplinar, incluyendo postulados de la física cuántica que nos acerquen a una explicación más coherente.

Si podemos modificar la realidad en base a lo que observamos o a lo que somos capaces de percibir, ¿qué pasaría si observáramos bajo otra perspectiva la muerte? ¿Acaso conoceríamos mejor lo que subyace tras ella?

¿Podríamos entonces encontrar referentes a este respecto en hechos que estudia la parapsicología o incluso en asuntos ufológicos para explicar los acaecidos en las ECM? Personas que son capaces de verse fuera de su cuerpo, se asemejan a hechos similares durante la proyección astral, predicción de eventos meteorológicos o incidencia sobre objetos eléctricos, lo cual nos recuerda a los sensitivos, o incluso a los abducidos que tras un encuentro OVNI desarrollan ciertas facultades o una hipersensibilidad electromagnética. ¿Acaso nos encontramos ante situaciones sobre las que incide la misma causa? “El hombre, es capaz de generar su propio campo magnético, lo que supone volver a recapitular que dentro de la teoría del modelo físico se encuentre la percepción extrasensorial, tanto para el hombre como para los animales. Todo esto hace pensar que si el Universo, tal y como lo conocemos, es la resultante de las sensaciones registradas por nuestros órganos sensoriales, ha de considerarse que a órganos diferentes, deben corresponder Universos diferentes”, afirmaban José Luis Bardasano y Begoña Arano en un revelador artículo publicado en la revista Psi Comunicación –diciembre de 1980–, donde ya intuían el factor electromagnético como un posible patrón en los fenómenos anómalos, patrón que como hemos visto en el presente artículo, la física cuántica aborda desde su perspectiva más reciente. 

Lee el artículo completo en el nº248 de la revista ENIGMAS

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