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Secuestrados por los ovnis

Miércoles 26 de Abril, 2017
Desde hace décadas los investigadores del fenómeno ovni vienen recogiendo el testimonio de personas que afirman haber sido secuestradas por seres de otro planeta. Los abducidos aseguran ser objeto de experimentos médicos y científicos; pero, ¿qué hay de cierto en ello? ¿Son experiencias reales o la humanidad está enloqueciendo? por Josep Guijarro
Secuestrados por los ovnis

A menudo, el decano de la ufología en España, Antonio Ribera, solía recordarme que en las abducciones residía la clave para explicar el fenómeno OVNI. "Son los encuentros en la cuarta fase" -me decía con énfasis, entonces. Pero, para ser sinceros, desde que dejó el mundo de los vivos, en septiembre de 2001, no hemos avanzado nada. Casi quince años después, seguimos sin saber quién o qué se esconde tras este inquietante fenómeno. Es más, diría que hemos dado pasos hacia atrás porque los investigadores -especialmente los europeos, que somos muy "racionales"- hemos dado la espalda a las abducciones condenándolas al ostracismo, como si fueran algo propio de frikis, de naturaleza onírica o de personas fantasiosas, a pesar de que existen evidencias físicas que inducen a pensar lo contrario.

La culpa -seguramente- fue de los ufólogos franceses y su modelo sociopsicológico. En un libro titulado "¿Qué pasa si no existen los ovnis?", Michel Monnerie resolvía la creencia en los ovnis en general y de las abducciones en particular, como un gigantesco sueño colectivo, un mito de la era espacial. Veía la luz en 1977 y no tardaron en suscribirse a esta idea otros investigadores escépticos como el foclorista, Bertrand Méheust, el belga Jacques Scornaux, el galo Thierry Pinvidic, y dos especialistas no francófonos como el británico Hillary Evans y el italiano Paolo Toselli. Como el caballo de Atila, por donde pasaba la "nouvelle vague" no crecía la hierba. ¿De veras había una explicación psicosocial para todo?

Ajenos a la ola de escepticismo europeo, en los Estados Unidos, seguían proliferando nuevos casos, se extraían toda clase de implantes del cuerpo de los presuntos abducidos, se debatía sobre la eficacia de la hipnosis para extraer los recuerdos de su tiempo perdido y se avanzaba en una única línea de investigación: los extraterrestres habían llegado a la Tierra y habían puesto en marcha un plan de hibridación con la especie humana. Estas mismas palabras me soltó a bocajarro el "zar" de las abducciones, Budd Hopkins, hace algunos años. ¡Ostras! Como diría María Dolores de Cospedal: "La droga es... mala".  

El Proyecto DIANA

Siguiendo el consejo de Ribera, dediqué más de una década al estudio de las abducciones con la esperanza de formarme una idea propia. Y lo primero que constaté es que se ponía todo en el mismo saco, algo que -por cierto- se lo dejaba en bandeja a los escépticos quiénes, cuánto mayor era el número de incógnitas y más inconexas entre sí, más fácil resultaba burlarse de ellas o desmontarlas. Se imponía, por tanto, delimitar claramente lo que era una abducción y lo que no.

Con ese espíritu nació  el Proyecto Diana, a mediados de 1991 recogiendo centenares de casos en España y diseñando un protocolo de encuesta que permitiera su estudio estadístico.

Y es que, tras la salida al mercado editorial de dos best sellers: "Intrusos" del artista neoyorkino Budd Hopkins y "Comunión" de Whitley Strieber, los ciudadanos de este país empezaron a experimentar a tutiplén experiencias de abducción y visitantes de dormitorio... como si fueran la misma cosa.  

Pero, después de encuestar centenares de testigos y realizar decenas de hipnosis, pronto advertimos que, aunque tenían puntos coincidentes, visitantes de dormitorio y abducciones no eran lo mismo y, sobretodo en lo que respecta al estado psicofísico del testigo pues, si bien las "abducciones" de alcoba podían explicarse por la parálisis del sueño o las visiones hipnagógicas (teorías recientes para dar salida racional al fenómeno de las que me ocuparé más adelante), en las abducciones clásicas el protagonista estaba despierto y, generalmente, conduciendo por carreteras solitarias.

Los Hill: el paradigma  

El guión prototípico del secuestro extraterrestre radica en la experiencia de Betty y Barney Hill. La historia merece ser recordaba por esta circunstancia. Este matrimonio norteamericano estaba de regreso a su domicilio de Portsmouth, en  New Hamphsire, el 19 de septiembre de 1961,  tras pasar unos días de vacaciones en Canadá cuando, ella vio una luz en el cielo que parecía seguirles. Para dar esquinazo a sus perseguidores, los Hill tomaron carreteras secundarias y, al final, llegaron a Portsmouth dos horas después de lo previsto. Ese tiempo perdido no sería "recordado" hasta más tarde, cuando una serie de sueños perturbadores empujaron a la pareja a la consulta del psiquiatra Benjamin Simon. Éste empleó la regresión hipnótica para conocer qué había sucedido durante sus dos horas perdidas. Betty describió como unos seres de piel grisácea y cabeza prominente (que, más tarde, sería popularizados por Steven Spielberg en su película Encuentros en la tercera fase) sometían al matrimonio a una suerte de reconocimiento físico, con especial interés en lo genético.

La abducción de los Hill se dio a conocer en un libro del periodista John G. Fuller titulado "El viaje interrumpido" (1966) en el que recogía la transcripciones de las sesiones de hipnosis. Fue la espoleta para que  surgieran nuevos episodios, algunos incluso previos en el tiempo, como el caso del campesino brasileño Antonio Villas Boas, quien aseguró -incluso- haber mantenido relaciones sexuales con una atractiva extraterrestre. El primer "polvo cósmico". Pasopalabra.

Por lo general, estas experiencias no son recordadas conscientemente. Para rescatar el tiempo perdido, siempre es preciso acudir a la denominada regresión hipnótica. Es por este motivo que resulta muy difícil hacer una estimación del número de abducidos existente. Con todo, en 1991, una encuesta del Organización Roper cifró en un 2% los estadounidenses que entrarían dentro de la categoría de posibles abducidos. Aunque soy de letras, me salen 3,7 millones de personas. La cifra no es baladí, o la humanidad está delirando (en cuyo caso los profesionales de la salud mental ya tardan en actuar) o debemos tomarnos más en serio el asunto para dar explicación a todas esas personas que experimentan (o creen sufrir) episodios de abducción, que sufren estrés postraumático y eventualmente registran heridas en sus cuerpos, fruto de la "experimentación" de sus captores.

En España tuve oportunidad de encuestar directamente decenas de casos, como el de Próspera Muñoz, en Jumilla (Murcia), el caso de José María Gómez (en Sóller, Mallorca), el de Judith, en Gran Canaria o el de Miguel Herrero Sierra, en Guadalajara, por señalar sólo algunos de los más mediáticos. Nada tenían que envidiar a los casos de otras países. Consulté especialistas de todo tipo, psiquiatras, psicólogos, hipnólogos y ufólogos franceses, británicos y norteamericanos y nunca obtuve una respuesta definitiva para mis dudas. Por esa razón me aparté de las abducciones hasta 2012.

Nuevos casos

Con la idea de realizar un capítulo de la serie "Extraterrestres" para Canal de Historia, ése año recabé nuevos casos y me puse al día de los nuevos estudios sobre el fenómeno abducción. Especialmente relevante me pareció el relato de Carla Batista quien acudió a un grupo de estudio de ufología para exponer su problema: Creía haber sido raptada por seres del espacio exterior. Lo peculiar de este incidente es que su protagonista no estaba sola.  Viajaba acompañada de dos personas más en un coche y otras dos en otro que iba delante. Al fin, más testigos. Este tipo de sucesos -excepcionales, todo hay que decirlo- permite la encuesta independiente a cada uno de los protagonistas y, sorprendentemente, sus relatos coinciden descartando así la posibilidad de un sueño o una alucinación.

Sucedió el 4 de septiembre de 1989 cuando salían de Lisboa. Al atravesar el emblemático puente "25 de abril" detectaron una luz en el cielo que parecía seguirles. Minutos más tarde el vehículo empezó a fallar y, entonces, tuvieron la sensación de que el coche se elevaba. Fin de sus recuerdos conscientes.

Viajé hasta la capital portuguesa con objeto de recabar mayor información. Francisco Mourão me confesó que le parecía curioso que, estando en circulación, tanto el motor del vehículo como el capot estuvieran fríos. "Ella comentó que el coche tenía unas extrañas marcas, y que no pudo conducirlo después de esa noche porque dejó de  funcionar."

Asimismo, cuando se levantó a la mañana siguiente, Carla detectó unas manchas, debajo de la barbilla y otra en el ombligo, que se le antojaban incisiones. Pero no conseguía recordar cómo pudo habérselas hecho.

En 2007, Carla fue a sesiones de psicoterapia. Algo retraída, presa de sueños perturbadores y lagunas en su memoria acudió a la consulta del psiquiatra Mário Simões. "Vino en busca de una explicación de qué o quién, le había provocado aquellas pérdidas de memoria" -recuerda el galeno.

Carla fue sometida a una hipnosis clínica para intentar que regresara  hasta aquella noche y así recordó como era transportada por un haz de luz, hasta el interior de una nave (no en una sola ocasión, sino varias veces.) Allí, en una estancia blanca, fuertemente iluminada, fue explorada, como si de un examen médico se tratara. "En esa regresión -me dice el doctor Simões- recordó todo lo sucedido, rodeada por seres que se fijaban en su cuello, pero sobre todo estaban interesados en su tripa, ¿qué es lo que querían?

Puede que tuviera que ver con su posterior embarazo, ratificado por un test, sin haber mantenido relaciones sexuales. ¿Y si no fue un ángel? ¿qué fue? (ironía modo on). En cualquier caso, el feto nunca prosperó. Una tarde tuvo una hemorragia que pensó pudo ser el aborto aunque, más tarde, otra abducción le mostraría una cámara llena de probetas con fetos. Carla estaba segura de que una, contenía a su hijo perdido.

Simões me proporcionó otro detalle que me dio qué pensar: durante las sesiones "había un diálogo con esos seres a través de la paciente hipnotizada", una circunstancia que también había detectado José Antonio Campaña durante las sesiones a Julio F., presuntamente abducido mientras cazaba en las proximidades de Medinaceli, provincia de Soria, en febrero de 1978. ¿Cómo era posible? ¿Es que en la hipnosis se recrea la realidad o hacemos de "antena" con nuestros captores... como si se tratara de una especie de canalización? 

La hipnosis es la clave

La regresión hipnótica es una técnica de relajación profunda que trata de establecer una relación terapéutica entre el paciente y el psicólogo pero, en ningún caso un estado de conciencia o un trance mediúmnico. Quien conoce muy bien el asunto es Héctor Gonzalez, responsable de la Unidad de procesos cognitivos de la Universidad Complutense de Madrid. "En hipnosis no sólo se puede mentir -me asegura- sino que se miente más."

Los recuerdos que tenemos de cualquier sucesos son, en realidad, un esquema tipo que se actualiza con detalles del episodio concreto, como si fuera una "caricatura de la realidad" donde ciertos rasgos sobresalen sobre otros que quedan borrados cuando no desdibujados. Así, cuando el hipnólogo pide que recordemos lo sucedido, nuestro cerebro se ve forzado a crear una historia completa y coherente de un suceso. Y para ello, rellenamos los detalles desdibujados o inexistentes con interferencias procedentes de conocimientos previos o información proporcionada después del suceso que pretendemos recordar. En otras palabras: la memoria es recreativa. Así, las falsas memorias de los testigos presenciales son mucho más frecuentes de lo que pensamos. Lo saben muy bien las compañías aseguradoras que buscan testigos de un accidente. Por lo general, los testigos no ven sino que oyen un golpe y recrean el incidente al girarse y ver la disposición de los vehículos.

Pero una cosa es que la memoria sea frágil y otra que nuestro cerebro nos atrape en una historia -la abducción- que lleva asociada consigo notables efectos secundarios. Prestigiosos investigadores, como el psiquiatra de Harvard, John Mack, se preocuparon de esta cuestión y, tras el examen de abundante casuística, llegaron a la conclusión de que las abducciones poseen todas las características de un acontecimiento real, dotados de una huella emocional muy parecida al trauma de una violación y no de un estado mental justificado con un exceso de imaginación.

Propensión a la fantasía

Los últimos estudios van en esa dirección. En el marco de la conferencia anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), tuvo lugar la más reciente investigación sobre el fenómeno de los supuestos secuestros por parte de seres de otros planetas. La iniciativa estuvo a cargo de otro profesor de Psiquiatría de Harvard, Richard McNally. Según su estudio las personas que aseguran haber sido secuestradas por extraterrestres tienen una tendencia a creer en fantasías y sufren experiencias perturbadoras mientras duermen. “Si uno cree que ha sufrido algún trauma y tiene recuerdos, -declaró- mostrará la misma reacción psicológica y emocional que las personas que realmente han vivido una experiencia traumatizante.”

Para McNally, entonces, todo se reduce a creencias de la New Age y constata como “la mayoría [de los abducidos] creen el vidas pasadas, en la proyección astral, en la astrología, en las cartas del Tarot…” ¿Acaso la creencia en estas disciplinas invalida sus testimonios? ¿No puede tratarse de la constatación de una mayor sensibilidad? Ninguna de estas observaciones parece convencer al psiquiatra quien atribuye los secuestros a una aparente parálisis del sueño acompañada de alucinaciones.

Según McNally estas experiencias aterradoras en la vida onírica de estos individuos les conduce a buscar ayuda de un  terapeuta que, a menudo, les sugiere que la causa no es otra que el secuestro por parte de un OVNI. Una explicación que, al parecer, es aceptada por ellos sin discusión (¡). Lo que McNally y otros psicólogos de Denver ofrecieron en la reunión anual de AAAS es que todos los individuos que relatan experiencias de abducción comparten una suerte de “receta común”. Pero hay objeciones.

¿Patrón de personalidad?

La búsqueda de un patrón de personalidad aplicable a las testigos que relatan secuestros extraterrestres no es nuevo. Dos eminentes psicólogos, Wilson y Barber ya postularon que los abducidos tenían un patrón inusual de personalidad que denominaron con tendencia a la fantasía. Se trata de excelentes sujetos hipnóticos con la habilidad de una fantasía insólita. En su trabajo también indicaron que tales individuos experimentan una reducción en la orientación del tiempo, del espacio y de la persona, que es una característica de la hipnosis o del trance durante sus vidas cotidianas cada vez que se hallan implicados en una fantasía.

Pero ojo. Cualquiera puede darse cuenta que las conclusiones presentadas en la reunión anual de la AAAS parten de una premisa: Los OVNIs no existen. Son tan sólo una cuestión de fe. En consecuencia, una creencia difícilmente puede abducir a humano alguno. El estudio –objetan los ufólogos- no demostró que los encuentros con OVNIs fueran fantasía. Al contrario, demuestran que existe una respuesta fisiológica tan auténtica como la de cualquier otro suceso traumático real.

Son especialmente reveladores los ensayos de laboratorio de Alvin Lawson y McCall en lo que llamaron “abducciones imaginarias”. Emplearon la hipnosis para inducir raptos imaginarios en dieciséis voluntarios que habían demostrado no poseer conocimientos importantes sobre OVNIs. A cada uno se le formularon ocho preguntas sobre situaciones que abarcan los componentes típicos de una abducción. Después se comparó el resultado con otros datos procedentes de cuatro relatos de supuestos raptos reales y no se hallaron diferencias sustanciales. “Todos los sujetos –concluyen- revistieron las preguntas-guía con una historia elaborada, detallada y dramática… pero enteramente ficticia.” Los sujetos hipnotizados por Lawson, sin embargo, no tuvieron después efectos psíquicos como la amnesia y los sueños perturbadores que caracterizan a los “verdaderos” abducidos. Éstos últimos presentan un trauma “real”. Las abducciones, por tanto, se resisten a ser explicadas.

Para ser justos, además, los estudios de MacNally carecen de experiencias clínicas, ni de experimentación en laboratorio. Al contrario muchas habían sido prestadas de otros especialistas o, incluso, tomadas de la prensa. Algo muy poco científico.

Sólo alguien que no esté familiarizado con las abducciones y la parálisis del sueño puede estar tentado de establecer una conexión entre ambos fenómenos. El psicólogo S. Sherwood, por ejemplo, estima que alrededor de un cuarto de la población (algunos llegan al 30%) sufre parálisis del sueño, es decir, son semi-conscientes de no poder moverse mientras duermen, un período, además, en el que nuestras percepciones pueden verse alteradas. Este porcentaje no encaja con la cifra de presuntos abducidos.

Parálisis del sueño

El caballo de batalla de McNally es la llamada parálisis del sueño. Un fenómeno experimentado por uno de cada tres ciudadanos y que, sin embargo, muy pocos con la experiencia de abducción. Según McNally  los sueños que discurren en este estado perturban nuestra conciencia dejándonos la duda de si han sido o no experiencias reales. Dependiendo de su cultura la experiencia es interpretada de un modo u otro. Por esa razón aquellos que muestran una inclinación por lo oculto tienden a relacionarla con la visita de seres extraterrestres.

En lo que a los efectos traumáticos se refiere el doctor McNally  acreditó haber implantado falsos recuerdos y mensajes subliminales en diez individuos y constató que todos ellos sufrían desórdenes emocionales como si realmente hubieran tenido lugar. Por ese motivo efectuó una advertencia a los terapeutas que creen haber “recuperado” traumas pasados mediante la hipnosis pues “la reacción emocional no siempre está asociada a un registro de memoria auténtico”.

En cualquier caso, el estudio presentado en Denver ha reactivado el eterno debate sobre las abducciones, acerca de su realidad y, seguramente, también sobre la conveniencia de divulgar los numerosos casos que anualmente se registran pues parece existir una estrecha relación entre la divulgación de estos casos y el número de abducidos ¿es que la parálisis del sueño se contagia?

Este reportaje fue publicado en la revista ENIGMAS Nº244

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