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Terror en el agua

Lunes 16 de Enero, 2017
Una muchacha asustada tiembla delante de un pozo, un lago, una bañera… a su espalda un ser ominoso empieza a encarnarse. Camina trémulo en su dirección. El ser tiene forma de chica joven, pelo largo y negro, lacio, que cubre su pálido rostro. Nadie duda de que su naturaleza es maligna… y no hay quien pueda detenerla.
Por: Marc-Pierre Dylan

La anterior escena ha devenido casi en icónica en películas, literatura e incluso videojuegos japoneses durante los últimos tiempos. Y es que la relación entre el agua y los elementos sobrenaturales es una constante dentro del nuevo terror japonés. Pero, ¿tiene dicha relación alguna base cultural o ha sido creada por la nueva ola de artistas dedicados a lo sobrenatural?

EL ORIGEN: UN PASEO POR EL SINTOÍSMO
Empecemos por lo evidente. Japón es un archipiélago de más de 6.500 islas, aunque las cuatro realmente importantes son Hokkaido, Honshu, Shikoku y Kyushu. Dado su carácter volcánico, estas extensiones de tierra emergida están atravesadas por multitud de ríos caudalosos y de cursos muy rápidos, y en ocasiones aparecen cubiertas por un gran número de lagos. En otras palabras, el agua está presente en la vida nipona desde el principio de los tiempos, y por ello no resulta extraño que su influencia haya penetrado fuertemente en las tradiciones.

Sin embargo, la clave para explicar dicha identidad entre lo sobrenatural y el elemento acuático seguramente sea el sintoísmo. Éste es el conjunto de creencias que rigieron originariamente en Japón hasta el desembarco del budismo en las islas, en pleno siglo VI. Hoy en día ambas religiones aparecen perfectamente sincretizadas.

La base del sintoísmo está en la adoración de los kami, espíritus de la naturaleza que pueden representar a realidades geográficas o a divinidades de carácter abstracto.

Como buena religión politeísta, en el sintoísmo no existe un dios que destaque por encima de los demás a modo de demiurgo, aunque sí que existen seres mayores y menores. La importancia del agua parte, por lo tanto, de la propia concepción sintoísta del mundo, donde lagos, mares y ríos pueden ser personificaciones de la divinidad. Pero además el agua es utilizada como símbolo de purificación en un ritual denominado temizu que se debe llevar a cabo antes de entrar en cualquier jinja o templo sintoísta. Consiste en lavarse con agua ayudándose de un cazo de madera, primero la mano izquierda, luego la derecha y después la boca, antes de dejar el cazo en posición vertical para que el agua que aún alberga resbale lentamente por el mango, purificándolo. Dicho ritual se lleva a cabo en las fuentes que siempre existen en las entradas de los jinja, y que se conocen como temizuya. El ritual es una evolución del antiguo misogi, que incluía la inmersión completa del cuerpo en algún río cercano al santuario.

La referencia al río no es baladí, pues el sintoísmo considera sagrada y purificadora el agua corriente, mientras que el agua remansada es sinónimo de muerte y putrefacción, siendo el lugar ideal para la existencia de la amenaza sobrenatural. Si Mircea Eliade decía que en todas las religiones la función del agua es “(…) abolir las formas, lavar los pecados, purificando y regenerando al mismo tiempo, precediendo a la creación y reabsorbiéndola”, para los japoneses dichas facultades solamente podrán manifestarse en cursos de agua corriente. De ahí que, por ejemplo, los sintoístas consideren sagradas las cascadas, algo fácilmente reconocible en el arte tradicional nipón, muy especialmente en su pintura.

Otro ejemplo de esta unión entre agua corriente y purificación es la festividad de Toro Nagashi, en la que se arrojan faroles encendidos a un río para que su luz guíe a los espíritus hasta el más allá. En la actualidad esta tradición ha evolucionado y el Toro Nagashi se utiliza sobre todo para recordar a quienes perecieron por las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

EL AGUA COMO INDICIO DE LO SOBRENATURAL
El agua aparece siempre en Japón como indicio de la presencia de lo sobrenatural, tanto con efectos positivos, como vimos líneas arriba, como negativos. A este respecto no hay que olvidar que el inframundo japonés, el lugar al que van a parar los muertos, es conocido como Yomi, que significa literalmente Manantial Amarillo. Es decir, un lugar infecto de descomposición, no especialmente cruel, pero sí alejado de cualquier cualidad de pureza.

Uno de los elementos clave de los fantasmas en Japón es su existencia física y real, es decir, su entidad corpórea, que les permite dejar algún rastro tangible a su paso.

Principalmente, pensamos ahora en largos cabellos, espacio muy explotado en el moderno cine de terror nipón, y que aparece con relativa frecuencia en la mitología relacionada con el agua.

Es decir, los fantasmas, sobre todo los llamados yurei, dejan pelo suelto –negro o blanco, siempre lacio, dependiendo del ser al que se haga referencia– a su paso. Y esto ocurre en espacios de agua remansados. Porque si vimos más arriba que el agua corriente es sinónimo de pureza, de vida, de “divinidad positiva”, el agua remansada es exactamente lo contrario. Las antiguas tradiciones japonesas narran un descenso a los infiernos de carácter casi órfico efectuado por Izanagi en busca de su amada. Lo primero que hará al volver, en  solitario, del averno, será purificar su cuerpo en un río, a raíz de lo cual dará a luz a tres de las divinidades mayores del panteón sintoísta, Amateratsu, Tsukuyomi y Susanoo. Por tanto, la dicotomía entre agua corriente-pureza y agua estancada-decrepitud es algo que tendremos que tener en cuenta a la hora de hablar de la mitología japonesa en este sentido.

Igual que tendremos que atender a la  diferencia entre agua dulce –asociada a la divinidad, a la posibilidad de redención y purificación– y agua salada –que no sirve para las abluciones y en ocasiones encierra seres monstruosos– tan típica de los pueblos pesqueros rodeados de mares poco amigables.

EXTRAÑOS SERES ACUÁTICOS
Son multitud los seres sobrenaturales del Japón que aparecen vinculados al elemento acuático. A ello hay que unir que, en ocasiones, fantasmas que podríamos considerar “genéricos”, como los yurei, también se asocian con espacios de agua. Sin embargo, seguramente los más conocidos de todos sean los llamados kappa o kawataro, víctimas de una más que curiosa evolución desde seres aterradores hasta iconos de la cultura pop. Los kappas son seres acuáticos que viven en ríos y lagunas. Tienen forma humanoide y piel verdosa, cabeza de tortuga con pico de pato, manos y pies con membranas como los de las ranas y un caparazón que cargan a su espalda. Pero lo más destacable de su apariencia física es la cavidad que tienen en su cabeza, en plena coronilla, y que a modo de recipiente contiene el agua que les proporciona poderes sobrenaturales.

Precisamente, ese es su punto débil, ya que si se consigue que el kappa vierta el agua, perderá todos sus poderes. Como buen representante de la cultura nipona, la forma más sencilla –casi risible– de hacerlo, es saludándole con una inclinación del cuerpo, a lo que él, amablemente, responderá de igual forma, perdiendo sus cualidades… Lo cual no es, ni mucho menos, mala idea, porque detrás de esa apariencia un tanto bizarra se escondía un ser cruel y agresivo, que intentaba ahogar a quienes se acercasen al agua para devorar su carne e intestinos y finalmente privarle de la shiriko-dama, una bola ubicada cerca del ano que contiene la energía vital del ser humano. Una coincidencia espacial no casual con la situación del chakra muladhara de las creencias yóguicas, donde reside el kundalini o aliento primigenio del sujeto.

Otro de los seres de la mitología tradicional japonesa que tiene relación con el agua es el funay rei. Estos fantasmas representan a los espíritus de los marineros que han perecido ahogados en el mar.

Como todos los fantasmas japoneses tienen una realidad física, corpórea, que les hace más peligrosos para los vivos. Cuando un funay rei se aparece caminando sobre las aguas se acerca hasta alguna barca y pide a quienes van en ella un cucharón –nueva relación con el sintoísmo y el ritual explicado, así como la dicotomía entre agua dulce y salada como portadora de vida y muerte–. Si éstos se lo dan, empezará a llenar de agua de mar la embarcación hasta hundirla, un trabajo lento pero de letales consecuencias. El kawauso es una entidad humanoide recubierta de pelo que habita en lagunas y ríos de los alrededores de Ishikawa. Este ser se alimenta de peces que roba de las redes de los pescadores, quienes tradicionalmente lo culpan de las malas rachas en las capturas. Si de esa forma no consigue suficiente alimento, no dudará en metamorfosearse en niño o anciano y pedir limosna para poder comer.

También con relación al agua surge la aterradora historia del kyokotsu – traducido significa literalmente “huesos rotos”–. Este ser, que tiene la tipología básica de los yurei –vestido con túnica blanca funeraria, pelo largo y lacio, pálido–, salta como un resorte de los cubos de agua que los humanos sacan de algunos pozos. Su presencia siempre está unida a un antiguo cadáver que se arrojó al pozo, usualmente para encubrir un crimen. Hablamos, pues, de un fantasma que busca venganza, y que no dudará en desatar su ira sobre cualquiera que le moleste. Dentro de los pozos, un elemento clave en la mitología japonesa, también podemos encontrarnos a los shiryo, espíritus de aquellos que morían al caer a un pozo por accidente o suicidio. Con ese acto impuro el lugar quedaba encantado, y se convertían en frecuentes manifestaciones corpóreas de fantasmas y yanari, aquellos ruidos que se asocian a lo sobrenatural, y que tan comunes son en las casas antiguas. Hay que señalar que muchas de las leyendas más brutales que combinan lo sobrenatural y el agua proceden de un período concreto de la historia japonesa, durante la Edad Moderna, con el país devastado en diferentes guerras de clanes y un altísimo grado de violencia sobrevolando la sociedad. Así, asesinatos, traiciones, agresiones y asaltos no eran en modo alguno realidades extrañas para los japoneses, lo que justifica la aparición de historias de carácter trágico y muy sangrientas que no hacen sino intentar crear una cosmogonía plausible a partir de la realidad existente en la sociedad de la época.

EVOLUCIÓN EN LOS MITOS
Si hemos visto que la simbiosis entre el agua y lo sobrenatural viene de antiguo, y que muchas de las leyendas que la explotan se han acabado convirtiendo en cuentos tradicionales de Japón, lo cierto es que en la actualidad la máxima expresión de la misma es el llamado terror cinematográfico japonés, que desde hace algo más de una década ha dado el salto a las salas de todo el mundo para convertirse en un fenómeno cultural. De esta forma, entre los caracteres básicos que dibujan este subgénero –un universo gobernado por reglas más allá de la comprensión humana, una sociedad moderna desligada de sus creencias sobrenaturales que no ofrece protección frente a espíritus y fantasmas, o una perseverancia típicamente oriental frente a la destrucción inminente–, se puede citar la presencia del agua como elemento fundamental, llegando a asociarse a ciertos tipos de fantasmas, sobre todos los yurei. Películas como Ringu o Dark Water –basadas en exitosas novelas de Koji Suzuki– repiten esa vinculación entre el agua y lo sobrenatural, además de incidir en la importancia de los pozos como elementos simbólicos que unen esos dos mundos. Pero no son los únicos ejemplos. Así, en el mundo de la literatura el agua es un “personaje” muy importante en las novelas más fantásticas de un autor de éxito en todo el mundo como es Haruki Murakami. Tan estrecha es esta relación que en su fabulosa Crónica del Pájaro que da cuerda al Mundo, un pozo actúa como portal entre dos lugares diferentes, dos planos distintos de la realidad típicamente murakamianos. Imagen que se repite en el manga InuYasha o, con tratamiento más humorístico, en Ranma ½, donde las lagunas tienen poderes especiales que transmiten a quienes se bañan en ellas.

Por último, el pujante videojuego de terror japonés también ha vinculado en muchas ocasiones al agua con la aparición de lo sobrenatural. Dejando al margen la simpática relación entre un juego aparentemente infantil como Super Mario Bros y los espíritus malignos japoneses, podemos ver ese vínculo con toda su crudeza en títulos como la saga Forbidden Siren, Project Zero o algunos de la exitosa franquicia Alone in the Dark. Ahora ya sabemos que la importancia del agua en la cultura nipona y en sus distintas formas de expresión no es nueva ni mucho menos gratuita, sino que se remonta a mitos milenarios.

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