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Después de mí...

Lunes 23 de Mayo, 2016

…el Diluvio”, cuentan las crónicas que aseguró, en un arrebato de soberbia, el rey más soez, ególatra y criminal de cuantos se han colocado la corona británica: Enrique VIII, dando a entender que después de él, no había nada más importante.

Equivocado estaba. Más importante –si hablamos de Diluvio– es observar que alrededor de 400 civilizaciones de nuestro pasado, y el pasado es muy amplio, hablan en sus tradiciones orales, en su arte rupestre, o en tablillas como las halladas en Asiria y atribuidas al período de gobernanza de Asurbanipal –éste sí un gran rey–, se hace referencia a un evento de proporciones cataclísmicas que asoló todo el orbe terrestre al mismo tiempo. Le podemos llamar Diluvio si aceptamos que el agua vino del cielo… Pero no hay que olvidar que recientes estudios científicos han barajado diferentes hipótesis para articular una explicación que dé respuestas a un evento planetario simultáneo. Por un lado, la caída de un cometa de hielo que explotó en la atmósfera, creando una nube de micrometeoritos que cubrieron los cielos, dando paso a un sobrecalentamiento de la Tierra que, a su vez, hizo que esos micrometeoritos se deshiciesen dando paso a una lluvia que cayó al mismo tiempo en todo el mundo. Y por otro, que en realidad todo deviniese de una gran inundación: las aguas subieron en apenas unos días varios metros, anegando las tierras que se hallaban en las costas –la Atlántida, por ejemplo–, quien sabe si a raíz del desprendimiento de una descomunal masa de hielo que se quebró de la capa Laurentide, que durante siglos cubrió Canadá y parte de los Estados Unidos, y que ya a la deriva se fue derritiendo. No lo digo yo; lo defienden científicos como el profesor británico Chris Turney en la revista Quaternary Science Reviews.

Argumentos como éstos los encontrarán en nuestro tema de portada, sin olvidar las creencias metafísicas, las religiosas, las que nos llevan a un castigo divino siempre encarnado por esos dioses que primero nos crean y después nos destruyen.

¿Qué sentido tiene? No hay que buscarlo. Sí hay que atender a que la historia nos habla machaconamente de este suceso, ocurrido entre el cinco y el ocho mil antes de Cristo, y que pudo tener pequeñas réplicas. Lo que sí replicaron como cotorras los cronistas de todos los tiempos es que en ese tiempo anterior –valga la redundancia– algo ocurrió, lo queramos vestir de divina mala leche o de suceso natural. Pero sí, algo ocurrió que acabó de un plumazo con la soberbia de los hombres, esa misma que tanto nos han criticado los dioses en los textos sagrados. Algo que, ahora del lado de la ciencia, podría volver a ocurrir. Porque mimbres para este cesto ya nos están empezando a sobrar…

Lorenzo Fernández Bueno
Director de Enigmas.

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