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El fracaso de los necios

Miércoles 27 de Septiembre, 2017

Meses atrás escribí el texto que precede, como homenaje a un soñador que se enfrentó al poder establecido, para defender su investigación. Lo traigo a colación porque el tema de nuestra portada seguro que le habría divertido mucho. Al fin y al cabo gira en torno a la figura que él tanto investigó, sin arrimarse al Sol que más calienta; por eso murió en soledad, pero seguro que feliz por haber llegado donde nunca antes nadie lo hizo… Aquel texto decía así: “Hay gente buena y menos buena; también gente mala. Hay gente que apoya y gente que critica; también gente envidiosa. Hay gente con espíritu y gente pragmática; también gente sin alma. Los hay que montan y otros que desmontan; también los que directamente destruyen. Y hay gente buena, con espíritu, que construye y sueña. A esta categoría tan poco habitual pertenece mi querido amigo José Antonio Hurtado. Hace años el corazón le pidió que frenara.

Y él, que jamás se ha podido estar quieto, decidió que dejaba a un lado la ingeniería de sus amores, para, en un ejercicio aparentemente más tranquilo, dedicarse a su otra gran pasión: la historia. Y dentro de esa cosa gigantesca que es la historia, a un personaje tan descomunal e importante como desconocido: el enigmático Cristóbal Colón. Y aquella búsqueda de respuestas que determinara quién era, de dónde venía y cómo supo que al otro lado del Atlántico se encontraba una nueva tierra, le ha llevado 25 años. Ha sido su pasión y su obsesión a partes iguales; ha sido su batalla, trufada de momentos victoriosos y otros terriblemente amargos.

Después de casi dos décadas, como si el destino nos pusiera de nuevo en el camino de la vida, nos volvimos a encontrar. ‘Ya soy historiador’, me dijo. ‘Joder Juan, Ingeniero Aeronáutico, Historiador… ¿hasta dónde vas a llegar?’, le dije. Pero la realidad era otra, o al menos era más amplia. Tras años defendiendo la idea de que Colón era descendiente de cartógrafos judíos, de que la clave de su historia así como su verdadero nombre se encontraban en ese criptograma que es su firma, de que Colón sabía adónde iba porque sabía que otros antes ya habían llegado, se encontró con el desprecio más absoluto por parte de un sector de la Universidad. Por eso estudió Historia, para que nadie lo acusara de intrusismo; por eso presentó dos veces su tesis y por dos veces se la tiraron, porque en ese tribunal había un ‘experto en asuntos colombinos’ y consideraba que la historia de Hurtado, brillante, pero por encima de todo posible, no se merecía el doctorado”.

Los miserables son así, tercos, envidiosos y por desgracia muy abundantes. Pero no pudieron contigo, porque cada vez que se habla de Colón, tu recuerdo está presente. Ese es el éxito de los soñadores; ese es el fracaso de los necios… 

Lorenzo Fernández Bueno
Director ENIGMAS

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