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Revolución vaticana

Lunes 22 de Julio, 2013
Desde que ha llegado Francisco –como parece ser que le gusta que le llamen– algo ha cambiado en el estado Vaticano. Ha entrado con fuerza, con ganas de cambiar algunas de esas cosas que nunca –o casi nunca– se tocan. Al cierre de esta edición los medios de comunicación ofrecían la noticia de que el pontífice ha nombrado una comisión de cinco hombres de su confianza para que escarben en una de las instituciones que más porquería atesora por centímetro cuadrado: el Instituto para las Obras de la Religión (IOR), donde los expertos vaticanólogos advertían que hasta el jefe de la cosa nostra tenía su propia cuenta. Es el banco vaticano, un pequeño edificio ubicado en un torreón, con doce ventanillas y seis cajeros automáticos –todos ellos dentro de la Santa Sede–, con tanta corrupción, tramas ocultas y enlaces con el crimen organizado –a decir de esos mismos expertos–, que Francisco, consciente de todo ello, no ha podido más. Pues bien, ante la injerencia del pontífice en asuntos más mundanos que divinos y que siempre han caminado al margen de los designios vaticanos, hay quien se ha apresurado a decir que ya en su momento Juan Pablo I quiso limpiar la podredumbre del IOR, y al cabo de 33 días puede que “otro alguien” decidiera que había llegado el momento de que mirase directamente a los ojos de Dios. Sea como fuere lo cierto es que el Papa –al menos esa es la sensación que da– ha emprendido su mandato aplicando una política de transparencia inimaginable en una institución tan opaca como es la Iglesia Católica de Roma. Tanto como para, llegado el caso, sorprender hasta a los propios miembros de la curia realizando en plena plaza de San Pedro, durante una de esas audicencias masivas, lo que a decir de quienes de estos menesteres saben más que nosotros –entre ellos el exorcista más importante de la última centuria, el padre Gabriele Amorth– es un rezo encaminado a expulsar los demonios que supuestamente poseían el espíritu de un joven que se apostaba en su silla de ruedas, esperando a que el papa le impusiese las manos. Y así fue, por espacio de unos minutos, con un Santo Padre concentrado en su profundo rezo mientras su manos se situaban sobre la cabeza del muchacho, y éste, al sentir imaginamos que el “calambrazo” divino empezaba a convulsionar de manera más que evidente… y más que sospechosa. Y fueron los “compañeros” del programa Vade Retro quienes pusieron el grito en el cielo destacando lo que parecía el último exorcismo de un Papa, porque poco después, ante la respuesta de la psiquiatría que afirmaba que la reacción del joven era la propia de un enfermo con parálisis cerebral, supimos que aquel hombre vivía tranquilo hasta que un día, aseguró, el mal le hizo una visita y decidió quedarse junto a él.

Así las cosas, lo que es evidente es que no es la primera vez que un pontífice asume la identidad de un exorcista para enfrentarse al enemigo; antes que Francisco tanto Benedicto XVI como Juan Pablo II ya llevaron a cabo los propios, destacando que el mal está en cualquier rincón plausible de ser pervertido. Y hay quien dice que por eso se pasea por los largos pasillos de la sede vaticana. Quizás por ello el papa jesuita ha decidido iniciar la purga…

Lorenzo Fernández Bueno
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