Se encuentra usted aquí

“Venían de Atzlán”

Miércoles 23 de Agosto, 2017
Hace unas semanas que he regresado de América y, sinceramente, cada vez que viajo al continente hermano vuelvo fascinado. Lorenzo Fernández Bueno.

Entre otros muchos sitios, he tenido la oportunidad de acercarme a un lugar que ya en su momento me recomendó nuestro compañero Josep Guijarro: la pirámide de Cholula. O más bien las pirámides, porque debajo de esta montaña artificial que todavía hoy aparece cubierta por la vegetación y coronada por la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios hay, ni más ni menos, que siete pirámides superpuestas cuya base, con más de 450 metros de lado, hacen de este conjunto el mayor del mundo.
 

Como curiosidad es interesante destacar que Cortés pensó que aquel cerro plano era el mejor lugar para ubicar la iglesia, ya que dominaba desde las alturas todo el valle, sin saber que estaba haciendo un ejercicio tan habitual a lo largo de los siglos como es construir sagrado sobre sagrado; imponer nuestros dioses a los de otros. Sea como fuere, según me contaba el historiador José Xiuilt en el lugar, la construcción fue consagrada a Chiconaquiahuitl, un dios extraño y desconocido también llamado “el de las nueve lluvias”.
 

El recinto es extraordinario; parece que todavía huele al copal utilizado en sus días grandes para llevar a cabo sacrificios metafóricos… y otros no tanto. Por las entrañas de la misma una red de galerías con más de ocho kilómetros de extensión nos invitan a penetrar de golpe en el inframundo.
 

A un lado y al otro se abren entradas selladas por rejas de hierro, que permiten observar que dichas galerías se extienden hacia el corazón de la montaña, allí donde vemos la forma escalonada de la pirámide enterrada. Dioses, tumbas, sabios… y mitos. Porque en un lugar tan legendario únicamente se pueden tener conversaciones míticas. Y esa es la que me regaló el citado Xiuilt al hablarme de los orígenes de estos pueblos. “Los dioses del pasado venían de una tierra lejana. La llamaban Atzlán. Kukulkán, por ejemplo, fue un dios que vino y enseñó a nuestros antiguos a dominar la astronomía y la agricultura. Era blanco, vestía de blanco y tenía largas barbas blancas…”. La apariencia poco tiene que ver con esas deidades del pasado, la verdad.


Pero en este caso lo que nos interesa es el lugar de procedencia, porque  como van a ver en páginas interiores, no sólo hay argumentos para pensar que fue real, sino que los propios arqueólogos están trabajando para encontrar vestigios de su existencia. Fascinante, ¿verdad?

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario