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3 lugares a evitar cuando cae la noche

Jueves 11 de Mayo, 2017
En la Península Ibérica existen lugares de lo más siniestros. Juan Ignacio Cuesta los repasa en una obra premiada que estudia intensamente muchos de estos enigmáticos lugares donde pasar una noche puede dar auténtico pavor.
Lugares a evitar cuando cae la noche

La península ibérica es una región con núcleos urbanos rodeados de extensísimas zonas oscuras. Hay de todo: bosques sagrados, santuarios extraños, despoblamientos sospechosos, elementos mórbidos como las frecuentes fosas de necrópolis rupestres, etc. Son lugares a los que no conviene ir de noche, a riesgo de tener un mal encuentro…

Juan Ignacio Cuesta los recopila con excelencia en su galardonada obra con el Premio Enigmas, Lugares a evitar cuando cae la noche. En ella nos invita a recorrer la Península en busca de estos lugares mágico-sagrados, analizando su historia y la de los testimonios que en ellos han vivido algún extraño fenómeno. El autor nos traslada a la ambivalencia de algunos lugares, contándonos por que nos inquietan aún sin saber nada de ellos. A continuación algunos ejemplos de estos siniestros lugares:

La cruz del niño Pedrín

Esta truculenta historia tiene como escenario los pinares que tapizan las faldas del pico Abantos, en el pueblo donde el autor pasó su niñez, San Lorenzo de El Escorial. Sucedió a finales del siglo XIX, y fue un hecho que, a pesar del tiempo transcurrido, ha dado lugar a una leyenda inquietante.

El lugar es un paraje presidido por una cruz solitaria, situado por encima de las aguas de la presa del Romeral, una de las que se hicieron en el siglo XVIII para suministrar agua al monasterio que mandó construir Felipe II. La inscripción de la cruz reza lo siguiente:

El 10 de febrero de 1893 fue hallado en este sitio el cadáver del desgraciado niño Pedrín Bravo y Bravo, víctima de brutal salvajismo.

Son muchas las hipótesis que se han barajado sobre la extraña muerte de Pedrín, pero la realidad es que nunca se ha llegado a conocer la verdad. En un principio, la versión oficial determinó que se trataba de un caso de secuestro por parte de un pederasta que habría asesinado al niño tras haber abusado de él durante un mes.

Luego vinieron especulaciones, como la que afirmaba que el niño había ido a escuchar los oficios al monasterio, y que era allí donde había sido secuestrado y retenido por los monjes. Incluso se llegó a decir que había sido raptado por un gigantesco y extraño ser que, cuando llegaron los que lo buscaban, se escapó huyendo hacia la cima de la montaña.

Aquellos hechos terminaron por convertirse en la leyenda del fantasma de un niño que ronda en los alrededores de la cruz en ciertas noches y, que, cuando se aparece, quienes lo ven mueren de miedo. Así que, por si acaso, no es bueno ir por allí cuando no conviene.

 

El santuario telúrico de Conquezuela

Este es uno de los santuarios prehistóricos más extraños y misteriosos de la geografía hispana. Está fuera de las principales rutas y no recibe demasiadas visitas. Situado entre Conquezuela y Miño de Medinaceli, y bañado por el río Bordecorex, podría pasar desapercibido si no sabemos dónde está. Estamos ante un santuario genuino, un capricho de la naturaleza donde se produjo en tiempos remotos una importante hierofanía, palabra que según su creador sería “sentir la presencia de lo sagrado”.

Al fondo de una grieta de unos dieciocho o más metros de alto por unos dos de ancho, hay una pileta mágica que recoge gota a gota el agua que desciende por el musgo brillante y que debió de servir para realizar ceremonias lustrales en honor a las deidades de la laguna que tenían enfrente.

Al pie de la rampa de subida, hay una especie de grada de seis escalones. En lo alto tiene lo que sería un asiento y una serie de canales descendentes que conducen hasta una especie de hueco por el que se vertería en las aguas la sangre de unas supuestas ofrendas, no sabemos si de animal o de persona. O sea, estaríamos ante un altar ceremonial.

La Iglesia decidió que había que cristianizar el fenómeno, así que se inventó una aparición mariana en esta cueva, la de la Virgen de la Santa Cruz. Así que no hubo pudor alguno en levantar en su puerta una ermita e instaurar una fiesta anual en el lugar.

Petroglifos de el Teleno

Los “tambores” del Marte berciano

El Teleno es el monte más sagrado de la sierra que lleva su nombre. En sus faldas se reparten una gran cantidad de petroglifos y cazoletas repartidas por sus laderas en diversos lugares, siempre orientados a las cumbres. La función de todos ellos era indudablemente mágico-religiosa, relacionada a buen seguro con la presencia de las corrientes telúricas latentes que atraviesan la Somoza.

En la zona podemos encontrar antiquísimos y muy toscos recintos sagrados, donde tendrían lugar ceremonias importantes, como el llamado “de la Peñaferrada”, difícil de encontrar entre los pueblos de Villalibre, Lucillo y Luyego. Este presenta un aspecto un tanto extraño, porque recuerda a una pista de aterrizaje en la que se ven diversos mojones.

Resulta curioso que, junto a uno de estos santuarios, haya gentes que afirman escuchar como una extraña vibración de origen desconocido, que no se puede achacar a maquinaria, movimientos tectónicos de baja intensidad, el viento u otras razones justificables a simple vista. Aunque es posible que esto suceda como respuesta de la tierra a las fuertes oscilaciones térmicas que se dan en la región, sin descartar las hipótesis más imaginativas que atribuían el fenómeno a las presencias extrañas que tradicionalmente se han manifestado en lugares vedados a la mayoría como este, tenidas por entidades monstruosas sobrenaturales.

 

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