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Libros y crímenes: 4 casos de escritores asesinos

Lunes 04 de Diciembre, 2017
El crimen está de moda y en toda plataforma de entretenimiento se intenta crear el crimen perfecto o dar con el asesino más esquivo, pero… ¿y si tras éste se esconde el autor de la trama? Por Óscar Herradón.

Siempre se ha considerado a los escritores –los buenos, claro– artistas, escribas que plasman en el papel los deleites y sinsabores del alma humana. Pero hay quien llevó su tarea creativa demasiado lejos y no le valió únicamente con canalizar sus emociones a través de la escritura… Así, acabó convirtiéndose, además de en artista, en asesino, pudiendo haber engrosado aquella provocadora y magnífica obra de Thomas de Quincey Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Desde grandes genios de la pluma hasta escritorcillos de medio pelo, de filósofos a periodistas, más de uno ha sido protagonista de su propia novela… negra y violenta.

1.     El escritor-asesino Liu Yongbiao

El pasado mes de agosto los medios de comunicación de medio mundo se hicieron eco de una noticia que parecía el guión de una retorcida película: el escritor chino Liu Yongbiao era detenido en su casa de Nanling a causa de un crimen que cometió 22 años atrás… y que confesó veladamente en una de sus novelas. Increíble, pero cierto.

Yongbiao había confesado de forma velada el asesinato en el prólogo de su novela El Secreto Culpable, publicada en 2010, donde dijo que quería escribir una obra que tratase “de una hermosa escritora que mató a mucha gente y cuyos casos aún no habían sido resueltos”. El caso es que en 1995, el propio escritor y un cómplice, un tal Wang, mientras robaban en un hostal de la ciudad de Huzhou fueron descubiertos por un huésped, al que asesinaron.

Para no dejar testigos, también mataron a golpes a la pareja que regentaba el local y a su nieto de trece años. Aunque las sospechas recayeron entonces en dos hombres de la provincia de Anhui, la policía analizó toallas, miles de huellas dactilares y realizó el retrato robot de ambos, el caso se cerró ante la falta de pistas fiables.

Sin embargo, cuando la policía reabrió el caso, gracias a nuevos avances tecnológicos y las pruebas de ADN, todo condujo hasta Yongbiao. Unos agentes se presentaron en su casa para pedirle una muestra de sangre y les dijo “Los estaba esperando todo este tiempo”. Tras su detención, el célebre asesino escribió una carta a su mujer que fue difundida por las autoridades chinas: 

“Llevo veinte años esperando este día. Al fin puedo librarme de este tormento que he soportado tanto tiempo”. 

Al parecer, también ha confesado su intención de escribir una nueva novela en prisión a la espera de su condena.

 

2.     El asesino polaco

En el 2000, la policía polaca descubría el cadáver de Dariusz Janiszewski flotando a orillas del río Oder: el cuerpo presentaba las manos atadas a la espalda por una soga que a su vez había servido para estrangularlo. El caso fue cerrado tres años después sin que las autoridades hallaran pista alguna del asesino. Hasta que uno de los agentes que investigó el caso, el detective Jacek Wroblewski, leyó con sumo interés una novela titulada Amok –algo así como “furia homicida ciega”–, escrita por el polaco Krystian Bala en 2003.

En la misma, se describía con todo detalle un crimen idéntico a aquél, con datos que la policía jamás hizo públicos: el propio autor había sido el asesino. En 2007 fue declarado culpable y al año siguiente se ratificó su sentencia de 25 años de prisión. Al parecer, llevaba tiempo preparando entre rejas su segunda novela, cuyo título preliminar era The Lyrik, una secuela de la anterior, pero al parecer la policía encontró en su ordenador evidencias de que estaba planeando al mismo tiempo otro asesinato que tuviera similitudes con el que estaba escribiendo.

3.     El sádico que jamás se rehabilitó

Uno de los casos más escandalosos en este sentido, el de unir escritura y crimen más allá del papel, lo protagonizó en los años 70 Johann Jack Unterweger: autor de 12 asesinatos de varias prostitutas en diferentes países, en 1974 había sido condenado por primera vez tras estrangular a una joven de 18 años con su propio sujetador. Todo un depredador.

En prisión comenzó a dar rienda suelta a otra de sus pasiones, además de la homicida, la de escribir: dio forma a cuentos, poemas, obras de teatro y a su propia autobiografía, que se convirtió en best-seller y llegó a ser llevada al cine.

Debido a su éxito y a su creatividad, un grupo de intelectuales, entre ellos la premio Nobel de Literatura Elfriede Jelinek, publicó un manifiesto en el que reclamaba la libertad de Unterweger, al que se consideraba rehabilitado gracias a su labor literaria. La presión surtió efecto y el 23 de mayo de 1990, tras pasar 15 años en prisión, era finalmente indultado. Entonces concedió numerosas entrevistas, visitando platós de televisión y convirtiéndose en una persona muy mediática, símbolo de que los criminales podían rehabilitarse.

Pero en su caso, nada estaba más lejos de la realidad: en 1993 una revista estadounidense pagó su viaje a Los Ángeles para que escribiera un artículo sobre otro asesino de prostitutas que estaba actuando allí. Mientras se dedicaba a escribir, también sacó tiempo para arrebatarle la vida a tres mujeres y siguió asesinando a varias más hasta que volvió a ser detenido. Condenado a cadena perpetua el 29 de junio de 1994, por la perpetración de nueve asesinatos, se suicidaba esa misma noche en su celda ahorcándose con su cinturón y sus cordones.

4.     La famosa joven perturbada

El caso más célebre es el de la escritora de novelas negras ambientadas en la época victoriana Anne Perry, con 47 obras en su haber y más de 25 millones de libros vendidos. Ahí es nada.  Pues bien, cuando era apenas una adolescente llamada Juliet Marion Hulme, junto a su amiga Pauline Parker, decidieron acabar con la vida de Honora Rieper, madre de Pauline, ya que ésta y otros familiares pretendían separarlas por la relación obsesiva –y supuestamente sentimental– que mantenían las muchachas.

El 22 de junio de 1954, Juliet y Pauline aprovecharon un paseo con Honora por los alrededores de Christchurch, Nueva Zelanda, para golpearla en la cabeza con un ladrillo metido en un calcetín. Hasta en 45 ocasiones

Las jóvenes mostraban una gran imaginación y eran apasionadas de la literatura: escribían novelillas, poesías y llevaban puntualmente un diario con descripciones detalladas de todo lo que pensaban… y también del crimen –que serviría como prueba en el juicio que se celebró contra ellas–. Ambas cumplieron condena en distintas instituciones, siendo sometidas a intensivos tratamientos psiquiátricos. Cuatro años más tarde, Juliet mudó su nombre por el de Anne Perry y cumplió su sueño de alcanzar la fama literaria. La historia se hizo célebre en 1994, cuando Peter Jackson, años antes de sus éxitos sobre la Tierra Media, la contó en Criaturas Celestiales, corroborando una vez más esa tan manida sentencia de que, en ocasiones, la realidad supera con creces a la ficción.

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