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Claves de la felicidad

Miércoles 28 de Junio, 2017

Cuantas veces nos hemos sentido mal por nuestro comportamiento hacia los demás. Cuantas, al analizar nuestras palabras o hechos del día, nos sentimos a disgusto con nosotros mismos. La mayor parte de las veces resolvemos un firme propósito de enmienda que al poco tiempo muere a pesar de nuestra buena voluntad y eso nos lleva a pensar que somos así, que es nuestro carácter.

Conviene saber que todas las experiencias vividas desde la niñez a la época adulta han ido conformando nuestra personalidad. Afortunadamente podemos disfrutar de algunas facetas que nos proporcionan bienestar en la relación con los demás. Nos sentimos satisfechos de cómo somos. Pero en muchos casos, al mismo tiempo, ocurre que sin ningún ánimo o intencionalidad de perjudicar a terceros observamos que así es. Si queremos cambiar esta situación y sentir la satisfacción de estar a la altura del concepto que tenemos de nosotros mismos, aceptemos un punto de partida que es cierto.

Somos aquello que elegimos pensar. Puede que no nos demos cuenta, pero la mayor parte de decisiones que tomamos en la vida son producto de todo aquello que se ha ido volcando en nuestra mente desde la más tierna infancia.

Impresiones, comentarios, sensaciones, experiencias de toda índole han configurado un tipo de respuesta concreta ante distintos estímulos. Creemos que nuestra mente consciente, evaluativa, es libre para tomar decisiones y quizás no lo es tanto. La mente es, en cierto modo, un gran sistema organizador de datos con capacidad para generar significados de todo aquello que experimenta, construyendo reglas y conceptos que integrará en el proceso continuo de evaluación, interpretación y valoración aplicativa para cualquier experiencia posterior.

De ese cúmulo de asociaciones desde la niñez se nutren las reacciones que tenemos cuando algo nos sucede. Si tuvimos la desgracia de que nos picara una abeja cuando éramos pequeños, eso queda grabado en la mente. Cada vez que vemos una abeja salimos corriendo. Pensamos que ese proceder no es adecuado pero es muy difícil, aparentemente, cambiarlo puesto que se ha convertido en algo automático. Si quieres, puedes cambiarlo.

Si una circunstancia acaecida en la niñez puede determinar una reacción que no nos favorece, podemos crear una nueva reacción ante el mismo estímulo. Si cuando volvamos a ver una abeja la ignoramos, no la molestamos y nos mantenemos en nuestra posición sin huir corriendo y no pasa nada, nos sentiremos bien. La mente subconsciente puede ser programada para cambiar hábitos que consideramos nocivos. Las emociones suelen aparecer de forma espontánea y por un corto periodo de tiempo. Tanto una buena noticia como una mala nos producirán un pico emocional instantáneo; uno agradable y de cierta euforia y el otro de disgusto o abatimiento. Los sentimientos son más “estables” y de actividad más prolongada, pero al igual que las emociones son respuestas físicas y emotivas a una programación que ya nos hicimos, seguramente incompleta e inadecuada lo que nos llevó a generar pensamientos perjudiciales que siguieron alimentando las emociones y sentimientos que acaban en los hábitos de conducta que nos causan problemas El pensamiento crea la realidad; nosotros elegimos qué pensar y qué emociones y sentimientos quedan asociados a esos pensamientos. La conducta no deja de ser el resultado de la opinión que internamente tenemos de las cosas. Piensa bien, siente bien, actúa bien y serás feliz.

Texto publicado en el nº 244 de la revista ENIGMAS por la Profesora Rossana

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