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Felipe II, el rey que nació dos veces

Viernes 28 de Abril, 2017
La historia asegura que Felipe II nació el 21 de mayo de 1527 en Valladolid. Por ello resulta extraordinario que en el libro de bautismos del pueblo salmantino de Villoruela se consigne el nacimiento del hijo de Carlos I.
TEXTO Mariano F. Urresti

Hace unos años visité la iglesia local de Villoruela, dedicada a San Pedro, en busca de una explicación al enigma que plantea su Libro de Bautismos, en concreto el que comienza en 1509 y finaliza en el año 1605, en cuyo folio 38 se puede leer lo siguiente: “In nomine Domini: Manifiesto sea a todos los que la presente vieren y leyeren como en el año de mil e quinientos e veinte e siete años, a veinte e dos días del mes de mayo, nasció el hijo del emperador don Carlos, muy serenísimo rey y emperador, e da la serenísima Reina y Emperatriz, nuestros señores, e llamóse el príncipe de Castilla don Felipe. E por ser verdad yo el bachiller Tomás lo firmé de mi nombre”.

Según descubrí, los frailes dominicos que regentaban la iglesia tenían su hogar en el vecino pueblo de Babilafuente. Allí localicé la casa parroquial y encontré respuesta a mis súplicas de información gracias a los religiosos, quienes pusieron en mi mano copia del documento mencionado y un artículo firmado por uno de ellos, Bernardo Cuesta, en una revista local. Excede el propósito de este artículo explicar las razones de los que creen que Felipe II nació en ese pueblo, y quienes consideran esa afirmación un despropósito. Baste decir que quienes defienden lo primero aseguran que la Emperatriz se sintió indispuesta durante el viaje que conducía a la pareja real desde Granada hasta Valladolid, y que en Villoruela la sorprendió el parto.

En 1530, Villoruela contaba con ciento ochenta vecinos, siendo por ello población notable. Quienes niegan la veracidad de tan curiosa anotación en el Libro de Bautismos local, exhiben cartas firmadas por Carlos V en las que se asegura que el parto tuvo lugar en Valladolid, como sucede en la que el Emperador comunica la feliz noticia del nacimiento de su primogénito a Lope de Soria, embajador de Génova, firmada el 22 de mayo; o en la que envió a la ciudad de Úbeda un día antes. Ahora bien, ¿cómo pudo escribir la buena nueva Carlos V a la ciudad de Úbeda el día 21 de mayo si en el documento de Villoruela se dice que el príncipe nació el día 22? Obviamente, eso sería imposible si fuera cierto el documento de Villoruela, dicen quienes niegan esa posibilidad. Algunos proponen que quizá el escribano del pueblo salmantino dio cuenta del nacimiento, pero no de que sucediera exactamente en ese pueblo.

La versión oficial del caso asegura que la comitiva real llegó a Valladolid y se hospedó en el Palacio de Pimentel. La emperatriz Isabel de Portugal sintió los dolores del parto poco después de la media noche, y no abandonó aquel calvario hasta trece horas después.

Cuentan las crónicas contemporáneas que la comadrona pidió a la emperatriz que gritara para hacer más llevaderos los insoportables dolores, pero Isabel respondió en su idioma natal: “non me faleis tal, porque eu morrerey, mas non gritarey”.

Finalmente, a las cuatro de la tarde, doña Isabel vio salir de entre sus piernas a un niño de piel muy blanca, ojos azules y futuro cabello rubio y rizado. El niño que temía venir a este valle de lágrimas no había tenido más remedio que nacer. Al fin, el césar podía escribir al mundo la buena nueva: “(Doña Isabel) parió hoy martes, veynte y uno del presente un hijo…”.

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