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¿Qué hay detrás de las pirámides de la Antártida?

Viernes 08 de Septiembre, 2017
Los primeros informes sobre la existencia de pirámides en el continente helado aparecieron en Internet en 2013. Unas cuantas fotos –llamativas, eso sí- publicadas en sitios web de corte conspiracionista mostraban extrañas estructuras que servían de argumento para probar que la Antártida no siempre habría sido un territorio inerte sino que habría albergado una antigua civilización.
Josep Guijarro

No han faltado teorías conspirativas que sugieren que se trata de supuestas bases extraterrestres o, incluso, de los restos de la legendaria Atlántida. La Antártida o Terra Australis fue la última región del planeta en ser descubierta. Fue avistada por primera vez por el explorador ruso Fabian Gottlieb von Bellingshausen a bordo de la corbeta Vostok en 1820 pero, el continente, permaneció abandonado casi todo el siglo XIX debido a su hostilidad, pocos recursos y su aislamiento. Tanto es así que el  primer desembarco fue dirigido por un grupo noruego se demoró 75 años, concretamente en 1895.

Pero, con la llegada de los satélites y, específicamente, de la tecnología de Google Earth fueron muchos los que se animaron a explorar –a distancia y con la calefacción puesta, claro- «la Tierra Desconocida del Sur». Es así como, en 2013 empezaron a circular por la red extrañas formaciones piramidales como la localizada en las coordenadas 79°58’39.25″S de latitud y 81°57’32.21″W de longitud. No, no se trata de un retoque fotográfico. No es cosa de Photoshop. Es real.

Se difundió a través de la red que el descubrimiento era obra de varios investigadores de ocho universidades de Estados Unidos y Europa —cuyas identidades, por cierto, no se revelaban— y se explicaba que planeaban enviar una expedición para realizar un estudio detallado de los objetos.

Admitir que no se trataba de una formación natural suponía –de facto- pensar que la Antártida no siempre fue un desierto con máximas de 60º bajo cero y precipitaciones anuales de sólo 200 mm en la zona costera y aún menores hielo adentro. Si eran construcciones manufacturadas la zona debió tener un clima más benigno que permitió el desarrollo de una antigua civilización de lo contrario… ¿Eran las pirámides obra de extraterrestres?

Algunos comentarios en la red son reveladores, como el que asegura que tiene el tamaño de la pirámide de Keops y la misma inclinación. ¡Todo un misterio! Hasta que, en 2016 un trabajo periodístico arrojó luz sobre el asunto de las pirámides antárticas.

Yulia Tróitskaya, una periodista de Rusia Today investigó quién estaba detrás de las sugestivas imágenes. Advirtió que el logotipo que aparecía en un vídeo de YouTube correspondía al Alien Disclosure Group (ADG), un colectivo del Reino Unido especializado en la revelación de documentos secretos sobre ovnis y tecnología extraterrestre. Tras no pocas gestiones supo que el autor del documento era Stephen Hannard, uno de los miembros de la comunidad que, según la periodista, ha sido criticado en repetidas ocasiones por proporcionar pruebas falsas sobre la existencia de ovnis.

La pirámide más llamativa era, en realidad, de uno de los picos de los Montes Ellsworth, una formación que se extiende a lo largo de 400 Kilómetros bajo el hielo según explicó Mitch Darcy, investigador del German Research Centre for Geosciences de Potsdam.  Al parecer, Hannard tomó las fotografías de un blog de alpinistas en 2010 y las difundió a través de sus canales junto a otras dos vistas de una montaña del macizo Vinson, el más alto de la Antártida que cualquier persona puede comprobar con la ayuda de Google Maps.

No son las únicas «pirámides» del Polo Sur. En 1910 los integrantes de una expedición británica usaron ese término para referirse a accidente geológico conocido como nunatak. Con dicho nombre se designa a las formaciones rocosas en forma de pico que sobresalen entre la nieve.

En opinión del geólogo Yuri Kozlov y del geomorfólogo Konstantín Loviaguin la inusual forma piramidal de la montaña es resultado de una combinación de la erosión y la forma natural del objeto. Loviaguin subraya que no se trata de un fenómeno único, ya que se debe a la composición mineralógica de las rocas y se puede encontrar en diferentes lugares de la Tierra, como en Italia o en los Cárpatos.

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